Alberto y los símbolos que lo acercan al ciudadano común

Alberto y los símbolos que lo acercan al ciudadano común

Más allá del discurso en el que dejó claro el viraje económico que le impondrá al país, Alberto Fernández recurrió a lo simbólico para marcar sus diferencias con Mauricio Macri. Del presidente de cuna de oro al ciudadano de a pie que da clases en la universidad y ve Los Simpsons.

Mariano Bustos

Mariano Bustos

Durante todo el gobierno anterior, a Mauricio Macri siempre se lo acusó de haber nacido en una cuna de oro y estar lejos de la realidad de la gente. Le cuestionaban no saber lo que significa para una familia tipo comprar una heladera, pagar en cuotas o afrontar el pago de abultadas facturas de gas y de luz. Para muchos las decisiones se tomaban en base a planillas de excel sin tener en cuenta el impacto que generaban en la ciudadanía. Desde el primer día, Alberto Fernández se preocupó por presentarse como todo lo contrario.

En campaña se mostró paseando a su perro Dylan y dando clases en la facultad de Derecho de la UBA. Ayer salió de su casa manejando su auto para ir al Congreso de la Nación donde minutos después juró como presidente de la República Argentina. Hasta el último instante se ocupó de mostrarse como el vecino de cada argentino que llega a la Casa Rosada para sacar al país de una situación económica delicada. Con lentes sencillos y sin parafernalia, dijo que "el país tiene voluntad de pagar pero carece de capacidad para hacerlo". Le echó la culpa a los acreedores por "tomar el riesgo de invertir en un modelo que ha fracasado en el mundo" y subrayó que el país no saldrá de la crisis "con recetas dictadas de afuera".

Hizo una radiografía de la pobreza, el desempleo y la indigencia y reiteró que no le darán tratamiento al Presupuesto que dejó preparado el expresidente Mauricio Macri porque "no refleja la realidad social ni los compromisos de deuda". Pero lo más importante de todo, anunció el fin de la especulación financiera y le dejó claro a los que más tienen que deberán entender que tendrán que ser más "solidarios" en estos primeros años de gestión. "Le pedimos a los que más tienen un mayor aporte solidario. El secreto es comenzar por los últimos para llegar a todos", manifestó el mandatario que en los próximos días anunciará aumentos en el impuesto de Bienes Personales, entre otros.

Pero fue en otros anuncios donde Alberto Fernández dejó ver su otra cara, el animal político que lejos está de ser un ciudadano común y corriente. Fernández conoce el mundo judicial como nadie y en más de una ocasión se lo ha apuntado como operador en la Justicia. Por ese motivo, encendió las alertas al anunciar que una de sus primeras medidas será impulsar una reforma integral del sistema federal de Justicia. Si bien es cierto que es un reclamo de la ciudadanía una mejora de ese poder del Estado, también podría esconder la intención de beneficiar a integrantes del Frente Todos que hoy están siendo enjuiciados.

Una sensación parecida dejó el anuncio de intervenir la Agencia Federal de Inteligencia. Desde hace décadas los servicios de inteligencia no han servido más que para hacer carpetazos a políticos y operaciones oscuras, por lo que nadie puede estar en contra del anuncio del presidente de sacar el secreto de los fondos reservados y reasignar ese dinero a la lucha contra el hambre. Pero así como en los últimos años se apuntó a la AFI por la filtración de audios de Oscar Parrilli y Cristina Kirchner, en el pasado el kirchnerismo también se valió de los servicios para operaciones políticas. De concretarse lo anunciado por Fernández, se pondría fin a una vieja problemática que ha ensuciado a la política, a la democracia y a la Justicia.

"Vengo a decir nunca más a una Justicia contaminada por servicios de inteligencia. Contaminada por operadores judiciales, procedimientos oscuros y linchamientos mediáticos. Nunca más a una justicia que decide y persigue según los vientos políticos del poder de turno. Ni una política que judicializa los disensos para eliminar al adversario de turno", expresó durante su discurso y habrá que esperar para saber si la reforma no esconde segundas intenciones.

Y por último, también se refirió específicamente al rol de los medios de comunicación y la pauta del Estado. Detrás de la iniciativa de dejar de lado la promoción de los actos de gobierno en los medios y en su lugar usar el dinero para avisos con fines pedagógicos se abre la posibilidad de ahogar económicamente a los medios opositores. "En tiempos de intoxicación con noticias falsas, necesitamos medios vibrantes y comprometidos con la información de calidad  (...) Queremos una prensa independiente del poder y de los recursos que la atan. Vamos a reorientar la pauta (...)No habrá pautas del Estado para financiar programas individuales de periodistas. Solo producciones periodísticas. Las cuentas claras conservan el respeto", aseveró Fernández y a priori sus palabras parecen acertadas. Sin embargo, el tiempo demostrará cómo se determinará qué información consideran de calidad y qué sucederá con quienes cuestionen al Gobierno.

Alberto Fernández toca la guitarra, interactúa con sus seguidores de Twitter y le puso a su perro Prócer en referencia a un capítulo de Los Simpsons. Pero está lejos de ser una persona común y corriente y mucho más ahora que, tras una estrategia electora impecable, se convirtió en el nuevo presidente.

 

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