Opinión
Todos truchos: la carta, el papa, CFK, el vocero, los periodistas y el mea culpa
El uso y abuso de la propaganda ayer jugó una mala pasada. Recalculando, el papa Francisco mandó un telegrama por las fechas patrias, la Nunciatura (la Embajada del Vaticano en Buenos Aires) decidió pasarlo a un papel más bonito y enviarlo a la Casa Rosada y ésta, le dio difusión hasta el hartazgo: red oficial de medios, pauta en todo el país a través de "Argentina es noticia", bombos y platillos por la agencia oficial Télam y mucho más.
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La agencia oficial de noticias católicas, Aica, pasado el mediodía difundió la carta papal, pero citó en el texto a "la Presidencia" y no a sus acostumbradas fuentes eclesiásticas.
De inmediato, los "vaticanólogos" argentinos –muchos de ellos desde la mismísima Ciudad del Vaticano- confiaron en la veracidad y firmaron sus respectivos artículos. Los "politólogos", de inmediato, la auscultaron palabra por palabra: qué quiso decir el pontífice con tal o cual referencia, como cuando en los años 70 analizaban en el resto del mundo qué quería decir Quino cuando dibujaba a una Mafalda que no quería tomar la sopa.
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La bomba llegó por la tarde y por la vía menos pensada: el bizarro Eduardo Feinmann sacó al aire por el canal cercano al Gobierno C5N a monseñor Guillermo Karcher, el segundo argentino (además de Jorge Bergoglio, está claro) que estuvo en el balcón de la Basílica de San Pedro el día en que el cardenal se transformó en papa Francisco. En un lenguaje llano y "en argentino" dijo que la carta era falsa, que era "un collage de mal gusto" y que había "mala leche" en su confección y difusión. Mucho. Demasiado.
La desazón fue total. Las preguntas surgieron a borbotones y muchas respuestas se apresuraron. A esa altura, ya había algo "berreta" dando vueltas. Una "truchada". Y una duda: de quién era la "mala leche" de la que había hablado por TV nada menos que el ceremoniero del papa Francisco, que venía de serlo de Benedicto XVI.
Desde MDZ llamamos a todas las fuentes posibles de la noticia. En la Nunciatura Apostólica, muy gentilmente, señalaron que no hablarían del asunto hasta hoy en la mañana. La insistencia no sirvió para nada.
Luego, a la agencia oficial de noticias católicas, Aica. Allí, un vocero dijo, primero, que "nosotros jamás publicamos informaciones con fuentes que no sean de la Iglesia". Pero en una segunda llamada, un vocero reconoció que habían quitado la noticia de su home porque la información era "trucha": "La carta es trucha" fue el término.
De inmediato, se buscó la confirmación oficial de la Conferencia Episcopal: silencio absoluto. Quien respondió desde Roma, una vez más, fue Karcher: "La carta es falsa o, como se dice en la Argentina, es `trucha`", volvió a señalar con el mismo término popular el alto funcionario del Vaticano a MDZ.
Mientras esto sucedía, el secretario de Culto de la Nación, Guillermo Olivier, junto al secretario de la Presidencia, Oscar Parrilli, mostraron la carta, el sobre y pidieron que fuera la Nunciatura quien explicara el desaguisado. Más dudas.
A estas alturas –y mientras probablemente el papa Francisco dormía- ya se trataba de un verdadero escándalo. Eran las 22 en Roma, pero el papa se levanta a las 4; seguramente dormía y nadie se animó a despertarlo por un escandalete doméstico.
Las especulaciones fueron diversas: parte del relato, sobreactuación militante, más "papistas que el papa" desde la propia Iglesia, queriendo dejar bien al pontífice atento a la proximidad de las fechas patrias. Todo, en todo caso, "trucho" y berreta, pero sin señales del origen de la "mala leche" de la que habló el "monseñor" que, desde 2006, es quien maneja la agenda de los papas y que está allí como hombre del ex (y muy cuestionado) secretario de Estado Tarcisio Bertone.
En la madrugada, a las 5 de la mañana de Argentina, el mismo monseñor Karcher que había desatado el escándalo al desmentir nada menos que a la Casa Rosada. Puso en su Facebook: "23.05.14: RECTIFICACIÓN: no ha sido una "carta" del Papa sino un telegrama, legítimo (y con algunos errores), basado en el modelo estándar que se envía a los Gobiernos con motivo de las respectivas fiestas patrias. Valga dicha aclaración y Dios bendiga a nuestra amada Argentina este 25 de mayo!".
Por radio Continental primero y luego buscado por todo el mundo, el alto funcionario del Vaticano puso reversa. El secretario de Culto, acto seguido, mostró los modales que no había tenido el jerarca de la Iglesia: "Preferimos dejar esto de lado; con Karcher nos conocemos bien", dijo esta mañana, tras las aclaraciones.
Ya con las cosas en claro (el día después todo es más sencillo) desde la Conferencia Episcopal decidieron que sí era hora de hablar. Y lo hizo el obispo de Gualeguaychú, Jorge Lozano. "No sé de dónde obtuvo Guillermo Karcher la información de que no era verdadera la carta y por qué él dudo o a quien le llegó a consultar. No pude hacer un seguimuiento de la duda de la carta".
"Habiéndola la visto y escuchado la carta –dijo, ahora- no me generó dudas de que fuera auténtica. Cuando vi los sellos y mostraron la corta me pareció que era razonable pensar que era autentica la carta. Pensé que habían chequeado con la nunciatura de Buenos Aires. Todavía no sé cuál fue el ruido que generó o dónde se generó la sospecha para tener un dato certero acerca de la cuestión".
No faltan, sin embargo, quienes depositen sobre la mesa de la discusión una duda: "Qué habrá negociado entre gallos y medianoche el Gobierno con el Vaticano". Es una forma de no recular del todo. Inclusive, hay dentro de la Iglesia quienes filtran a la prensa argentina esa duda e insisten en la falsedad de la misiva y en un renunciamiento del papa para no perjudicar a la Presidenta.
Saquemos las conclusiones que queramos. Inclusive, hagamos la propaganda que deseemos, como pasa todos los días en la Argentina desde el Gobierno, desde los medios y –por qué no decirlo- desde el Vaticano también. Pero lo sucedido debe servir para reflexionar sobre esta cuestión central: cuánto de verdad y cuánto de mentira hay en las informaciones que consumimos.
Hoy, todo indica que, como si se tratara de un juego de espejos, la "mala leche" y las "truchadas" provinieron desde muy lejos, desde el Vaticano en donde –como MDZ viene contando desde hace tiempo- también se viven luchas palaciegas y en donde queda más que claro que los argentinos están dejando una fuerte impronta. Karcher no es un "hombre de Bergoglio", precisamente. Cuando el papa se hizo cargo, el obispo encargado de decidir quién le besa el anillo ya estaba allí. Todo es duda, el día después y eso es muy bueno, sobre todo para los periodistas, malacostumbrados a envasar y distribuir certezas.

