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Opinión

Justicia, democracia y educación

La sensación de impunidad es requisito previo y necesario de la sensación de inseguridad.

Uno de los problemas que veo a diario es que la Justicia (con infinidad de jueces y fiscales probos que trabajan a destajo) se ve empañada (y ensuciada a veces) por la administración de Justicia, compuesta por una pléyade de burócratas, con mentalidad enanos fascistas o  de reyezuelos de su metro cuadrado de escritorio. Así, un proceso cualquiera se demora infinitamente y el Juez carga con la culpa (y verdaderamente la tiene). Porque los más brillantes juristas son generalmente pésimos administradores. 

Naufraga la Justicia en el revuelo de remisiones de expedientes, de peleas de competencia en las que intervienen funcionarios de tercera o cuarta línea con escasos conocimientos (y por eso perpetuos en su cargo, porque nadie los quiere ascender y permitir que magnifiquen sus errores). Y de empleadillos que justifican su no hacer nada rechazando varias veces un oficio de prueba o un requerimiento por la mala ubicación de la coma... unos pocos dentro de los abnegados empleados judiciales pero muy eficaces a la hora de retrasar y entorpecer un trámite... y vuelve a naufragar la Justicia.

La cantidad de personal abocada a estos inútiles escarceos bien podría reforzar muy eficazmente a las fiscalías y a los Juzgados de Familia. Y ni hablar de la cantidad de toneladas de papel desperdiciadas, de energía y de horas hombre/mujer.

Hace 30 años, la Corte creó un solo modelo de trámite judicial válido para todos los Tribunales mediante formularios. Unificar racionalmente para dar eficacia.

Solo basta recorrer cada Cámara del Trabajo, cada Juzgado Civil y cada Juzgado de Paz y pedirles una forma de hacer un mandamiento. Todos serán distintos. Y si 90 días después se repite la operación, varios habrán cambiado de forma de hacer las cosas. La explicación es que "es criterio del Juzgado", sin que se pueda hablar con "Dn. Juan Juzgado" para que diga en qué parte de la ley está y por qué raro soplo de viento cambia.

Y el pueblo brama de furia. Y el abogado no le puede explicar esto a nadie. Y el Juez no puede justificar esto ante nadie, porque tal vez él -que cree que administrar es hacer Justicia- no lo entiende.

Por otro lado, en épocas de voluntarismo, la gente cree que demandando ante el Poder Judicial, con su capa celeste y blanca volando del cielo bajará un Juez con su espada flamígera y calcinará el mal. Solo porque se enteró por los diarios, en una noticia pésimamente explicada, que un Magistrado detuvo una obra horrorosa haciendo lugar a un ámparo.

Soy un crítico feroz de la Justicia de Mendoza, porque no quiero verla descender nunca. Últimamente me ha sorprendido ver Tribunales compuestos por gente muy joven (desde la Juez a la Jefa de Mesa de Entradas) y con un nivel de excelencia muy alto. O sea que sí se puede y sí hay recurso humano muy capaz, solo que hay que impedir que los sepulte el trabajo

Las soluciones están al alcance de la inteligencia y, por eso, tan lejos...

Por ejemplo:

Resultaría risible pretender que el cirujano se desempeñe también como jardinero, violinista, mecánico de autos, mucama y zapatero, con igual eficacia en todas estas tareas.

Eso es lo que pedimos a los fiscales, que atienden una mujer violada cuando hace cinco minutos estaban dictando una resolución sobre una estafa; y luego deberán ocuparse de un homicidio pasional, siempre que no deban interrumpir todo para abocarse al habeas corpus de unos imputados detenidos por un robo calificado. Al pestañear, sobre su escritorio aterriza un conflicto de competencia... y luego se despierta en terapia intensiva del hospital con un médico diciéndole que no se preocupe, que todo está bien.

Eso le pasa a los que quieren cumplir con su tarea. Sí hay otros que se van a jugar al paddle mientras están de turno.

¿Por qué resulta difícil distinguir a los unos de los otros? Por lo menos es así para la gente y los periodistas que no investigan de verdad y no preguntan a muchos para consolidar una versión que se aproxime a la verdad.

Por la estadística y por el sistema.

Un Fiscal que resuelve 50 causas es más eficaz que uno que resuelve 5. Parece verdad, pero no es la verdad, porque el primero eleva a juicio 50 lesiones leves culposas y el otro cinco hurtos que frenan la carrera delictiva de cinco criminales. Viva la estadística.

Solo por sentido común, cada fiscal debe especializarse en un capítulo del Código Penal. La experiencia indica que los criminales se especializan también. Si el fiscal tiene competencia en delitos económicos, estudia estas figuras y persigue estos crímenes, no hay conflicto de competencia territorial y hay conocimiento de los sujetos ("los sospechosos de siempre") y sus modalidades. Lo mismo ocurre con los robos, y así caerían rápidamente las bandas. De poco servirá dotar a la Justicia de Policía Judicial si sigue sin especializarse.

Solo por sentido común.

Y a modo de anécdota, hace unos años le dije a un amigo Juez que si se detenía a NN bajaba la criminalidad en Mendoza en un 80%. Se enojó mucho con mi broma, pero esta simpleza revela que la especialización elimina la oficina NN, que es un depósito de causas que nunca se resolverán.

Si a esta simpleza se la acompaña de un buen sistema informático que correlaciones hechos, lugares, modalidades y personas...

¡Ah! Me olvidaba: al respecto pueden asesorarnos en esto las bandas, que tienen claro cuales son las jurisdicciones y cómo ir moviéndose de una en otra para "enfriar" lo sustraído o que no se correlacionen la secuencia de hechos.  

No se trata de tolerancia cero o de garantismo 100. Se trata de sentido común y organización para facilitar el 95% de la Administración de Justicia. Y de estupidez cero para el otro 5%.

Porque cuando la víctima es uno, queremos tolerancia cero, y cuando el detenido es uno, queremos garantismo cien. Y no equivocarse, que las detenciones erradas basta buscarlas en los diarios, y la Justicia de Mendoza ha brillado por su capacidad en esclarecerlas lo más pronto posible.

No se trata de que nuestros Magistrados no estudien las causas. Estudian y resuelven bien, errando como cualquier ser humano. Se trata de que su trabajo se vuelva realizable, controlable, eficiente, eficaz y efectivo. Ni siquiera se trata de un gran despliegue de medios materiales. No se trata de multiplicar los errores creando 50 fiscalías que reiteren la falta de especialización y el exceso de burocracia. 

Y luego... que todos vayan presos. 

Solo que los grandes genios que nos precedieron crearon megacárceles donde un ladronzuelo (por reiterados robos de gomas de auxilio) recala en la penitenciaría con asesinos, violadores, violentos de toda laya... ¿Resocialización? ¿Qué es eso? Y el que me diga que en estas megacárceles están los internos en pabellones separados lo invito a pasarse una semana adentro en el pabellón de su elección.

Por eso, al Juez le tiembla el pulso al tener que enviar a la penitenciaría al ladronzuelo que solo tiene la primaria y que saldrá en dos años graduado con un master. Así que si el procedimiento se lo permite, lo suelta, y el delincuente se pasea feliz delante de la víctima y el policía. Todos (y especialmente el ladronzuelo) asumen la sensación de impunidad, por lo que el delincuente vuelve a delinquir y el ciudadano se cansa y la próxima piensa seriamente en pegarle un tiro... o se lo pega.

Porque la sensación de impunidad es requisito previo y necesario de la sensación de inseguridad, que se concreta en el enraizamiento social de la verdadera inseguridad  

Y la cólera del pueblo llega hasta el cielo. Y a esta altura ya sabemos el nombre del NN. Se llama El Gran Bonete.

Yo me pregunto: ¿a nadie se le ocurrió establecer las cárceles de máxima, media y mínima seguridad? Sí, claro que sí, no han sido tan tontos nuestros predecesores. Solo que los peores delincuentes son los que mejor conducta tienen, por lo que más temprano que tarde terminan llegando a las cárceles de mínima seguridad y a los beneficios. Y, por supuesto, se fugan.

Y por qué entonces no hacer un cambio sutil. La mejor conducta será premiada con mejores condiciones dentro de la cárcel de máxima seguridad para aquel que fue destinado a esa cárcel, por su prontuario, por el tipo de delito, etc. Y mejorará mucho en su estatus, siempre dentro de esta unidad. Y las fugas "raras" se acabarán, o casi.

La cárcel de mínima seguridad, a la que se ingresa conforme el tipo de delito (y no la cantidad de tiempo que lleva portándose bien en una penitenciaría mezclada), facilita la reeducación y la reinserción. El ciudadano lo ve preso, el delincuente no se siente impune y se le corta al principio la "carrera criminal", se lo puede reeducar porque habría maestras y profesores dispuestos a enseñar en estos centros. Y si se fuga, un preventor corpulento con Lassie lo trae de vuelta, mientras lo va retando por tonto.

Nadie dice algo que debía ser obvio en democracia: se combate el delito, no al delincuente. Y no se trata de idealismo, se trata de soluciones concretas, posibles, baratas e inmediatas.

Por último, no sé con qué grado de acierto, me parece que una escuela vale 25 patrullas con equipamiento completo. Solo que la escuela dura 25 años y se puede reciclar por 50 más y las patrullas duran promedio de dos años y son chatarra. Es obvio que es "mal negocio" hacer escuelas, si se me permite la ironía.

Y mejor es hacer muros de barrios privados, que parecen esas peceras en los criaderos de truchas. Porque mientras que las presas creen estar protegidas, los depredadores saben que se les ha facilitado la caza y que no los detendrá la cohesión social que, a duras penas, todavía sobrevive en los barrios.

Hoy seguimos luchando por la educación laica, gratuita y obligatoria. Hoy seguimos revisando la historia cuando Sarmiento y sus contemporáneos usaron su tiempo en hacer historia -mal o bien, no importa.  Hoy somos menos que enanos a hombros de gigantes, porque no queremos o no sabemos ser otra cosa.

Sarmiento sostenía que la distancia que hay entre las chozas de los pobres y los palacios se llena con educación o con sangre. A pesar de lo claro del mensaje, seguimos atados al Sarmiento que pide que se riegue con sangre de gaucho la tierra. El mismo Sarmiento, que pedía que se educara al soberano, nos aborrecería.