En la vitivinicultura, los caprichos se pagan con crisis, desempleo y pobreza
La vitivinicultura Argentina ha pasado un largo proceso de aprendizaje colectivo, atravesado por fuertes crisis políticas y socioeconómicas para las provincias productoras que dependían de la actividad; pero más grave aún, por muchos sinsabores y sufrimiento para miles deproductores que quedaron en el camino o los miles de empleados del sector que tuvieron que migrar dejando todo o se quedaron, pero sin nada.
Desde las primeras plantaciones en la época colonial hasta nuestros días, los desequilibrios de mercado fueron gestando crisis cíclicas en las que fuertes oscilaciones de precios, ajustes de producción, disminución de la superficie cultivada y expulsión de familias enteras de la actividad eran el inevitable desenlace. Pero la peor crisis fue la estimulada por desaciertos de la política vitivinícola en un momento de buenos precios de mercado, cuando en la década de los ´70, bajo el amparo de las leyes 11.682/72, 20.628/70 y 18.905/70, se dieron distintas promociones fiscales para implantación de viñedo que auto-alimentaron la crisis. A partir del ´79 la producción de uvas (casi mayoritariamente de baja calidad enológica) llegó a 35 millones de quintales y el ajuste se produjo ferozmente,perdiéndose en los años sucesivos el 30% de la superficie cultivada. Luego de esto, el desafío por llegar a los equilibrios y a la diversificación de productos y mercados ha sido permanente para el sector y para la política.Imperó la construcción de consensos sobre objetivos fortalecidos que vencieron desencuentros y permitieron la planificación estratégica y la administración de políticas coyunturales exitosas como el Acuerdo Mendoza-San Juan o el Operativo de Compra de Uva para diversificar a mosto. El trabajo dio sus frutos, dando a luz una vitivinicultura renovada, vital y competitivamente agresiva en la conquista de nuevos mercados.
Hoy, a juzgar por los acontecimientos de esta semana, parece que el imperio del autoritarismo ignorante y caprichoso, violentando la ley y la experiencia histórica, se impone a funcionarios débiles que acatan órdenes sumisamente, traicionando la experiencia y los resultados de la construcción colectiva.
La utilización de híbridos productores directos como los que hoy se pretende admitir para la obtención de vinos fue prohibida en 1967 a través de la ley 17.499 que pretendía elevar la calidad de los caldos y proteger la salud del consumidor. Y el claro reconocimiento de “vino como al resultado de la fermentación de vitis vinífera” quedó expreso en la resolución 935 del 28 de Enero del 1980, la resolucion 71 del INV del año 1992 y en el reglamento vitivinícola del Mercosur.
Abrir la puerta al reconocimiento de vino como producto de híbridos de baja calidad enológica y de gran producción es volver a incurrir en viejos errores ya superados. ¿Cuál es el perjuicio? decía el productor que cuenta con la venia Presidencial y el irresponsable favor del presidente del INV. El perjuicio es que al violar la norma, admitimos que nuevas zonas puedan intentar producir y deteriorar todos los fundamentos de la vitivinicultura moderna arrastrándonos al fracaso. Brasil sustenta su mayor producción en este tipo de variedades; yo me pregunto si quebramos la regla del Mercosur, cuantos más podrán verse en la tentación de probar este tipo de produccionesponiendo en riesgo los equilibrios de producción y mercado.
No es tiempo de subestimar las malas decisiones políticas, ¡hay que disparar todas las alertas! La vitivinicultura unida debe salir a frenar estas medidas que nos conducen al peor de los mundos ya explorados: el del desprestigio, de los desequilibrios, de la baja calidad, de la pérdida de mercados, de precios bajos, con las consecuente crisis que terminan con exclusión y sufrimiento de personas de carne y hueso, que apuestan su vida a esta actividad en un mundo altamente competitivo y exigente y un mercado interno en retirada. ¡Señor Presidente del INV sería un gesto de integridad e inteligencia que retroceda!