Dilma, la indignada
Dilma Roussef recogió el guante: al recibir a unos líderes de las protestas que movilizaron a cientos de miles de personas en todo Brasil les dio entidad y los sumó al diálogo democrático. Como consecuencia, se mostró ella misma como líder de su país: sentó en una mesa a “los indignados” y luego, tras escucharlos, hizo lo propio con quienes vendrían a ser “los indignados”, quedándose ella misma afuera de cualquiera de los calificativos.
No esperó el respaldo de los partidos, ni siquiera del propio: usó por segunda vez en una semana el sistema público de comunicación y anunció su propia agenda. Dilma se mostró fría, como se la conoce ya en su país, pero también indignada. En su caso, con varias cosas:
- con el traspié que abofeteó a Brasil ante los ojos del mundo y que, incluso, pudo ser interpretada por muchos como una “fiebre” que daba mala espina sobre la salud de los BRICs, los países emergentes;
- con la falta de reacción adecuada desde el poder político y su falta de timing;
- con la violencia que demuestra cuánta bronca hay y cuan incapacitada es su fuerza policial, los uniformados de un país que se pretende así mismo como una “potencia”.
Pero no por esto el tema puede darse por terminado, sobre todo, por un dato que resulta central:
a Dilma y a los brasileños en general el estallido los tomó por sorpresa.
Esto último es algo inadmisible en una “potencia”. Aunque siempre hay caldos de cultivo, hervía a la misma temperatura que siempre y nada indicaba que pudiera pasar.
Ningún analista ni gobernante es capaz de admitir en público que sabía lo que iba a pasar. Y eso ocurre por una razón práctica: no lo sabían.
Un elemento que sirve de análisis y que es desconocido para el gran público, es que la FIFA, organizadora del campeonato de Confederaciones que se desarrolla ahora y del Mundial de Fútbol del año que viene, venía organizando desde al menos octubre del año pasado un mega encuentro de especialistas de todo el mundo en temas vinculados a la violencia.
¿Por qué la FIFA? Porque buscaban “un Mundial en paz”. Pero llegaron tarde. O a tiempo, según como se lo mire. La cuestión es que, como una cruel paradoja del destino, tuvieron que suspender cinco días antes las invitaciones, los vuelos, las acreditaciones, los actos y la agenda completa, que incluía actividades de gente de todo el mundo.
No sabían lo que iba a pasar. O mejor dicho: suponían que podría suceder algo el año que viene, pro más vinculado a la criminalidad que a un malestar político y social.
Decimos que tal vez la decisión se tomó a tiempo porque hay todo un período por delante para abordar la problemática, conociendo ya sus causas aparentes y a sus supuestos líderes, a quienes, seguramente, deberán incluir en una nueva agenda, para cuando el encuentro se reprograme, posiblemente hacia fines de este año.
Descolocados
Las movilizaciones descolocaron tanto al PT, un partido eminentemente popular como los diversos sectores que componen la izquierda brasileña.
Un paneo por los análisis más autorizados así lo determinan. Van desde las teorías de “las fallas del modelo” hasta una que indica que Estados Unidos está imponiendo una “primavera latinoamericana”, para asestarle un golpe a Brasil y, con ello, a sus aliados y a su propio liderazgo emergente y creciente.
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Pretende dar una conclusión exitosa: “Las reacciones a lo que está ocurriendo son y serán diversas; ya hay alcaldías que han bajado los precios del transporte, recientes declaraciones de la Presidenta Dilma Rousseff evidencian que el problema le llega y le preocupa, pero el asunto de fondo es un desafío mucho más importante que todo eso, se trata del cambio de mentalidad política, de entender el nuevo mundo que bulle detrás del aparente equilibrio”.
Las teorías conspirativas, sin embargo, también abrevan en la izquierda. Adrián Salbuchi opinó, desde esa perspectiva con una pregunta:
“¿Se estará diseñando y poniendo a punto una 'Primavera Latinoamericana', acorde a la realidad social y al clima político de nuestra región, muy distintos por cierto al mundo árabe?”.
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Insospechada de “izquierdista”, la otra gran publicación semanal, IstoÉ, se apropió también de los símbolos de las marchas: “Hoy vos sos quien manda”, fue el principal título en su tapa en un momento clave para Brasil.
Mundial, ¿sí o no?
Hasta ahora, lo que el Gobierno brasileño busca es que el Mundial y su concreción queden relegados, en la discusión pública, a un lejano segundo plano.
Para ello, ¿qué hizo?: puso en agenda discutir cómo cumplir con todo lo que reclamaron las masas humanas enardecidas, exceptuando la realización en Brasil de la Copa del Mundo.
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Lo que le está diciendo Buarque a Dilma y sus conciudadanos no es que no se dieron cuenta de problema que se estaba gestando con la decisión de convertirse en escenario mundial gracias a la propaganda y los negocios dl fútbol, sino que lo que no hicieron con suficiente tiempo fue, en un juego de palabras, sacar bien las cuentas.







