Un Sute que no da nada
Hay que recorrer las escuelas y dialogar con los compañeros para conocer cuál es la realidad del gremio de docentes y celadores, tras tres años de conducción de Javier Guevara y los delegados departamentales de la Lista Celeste. Apatía, desánimo, desinterés, incredulidad y otras respuestas del mismo tenor son las que se reciben en cada una de las instituciones escolares, cuando se anuncia la presencia de cualquier persona relacionada con la entidad sindical.
El 3 de julio hay elecciones en el SUTE, el gremio estatal más grande de la provincia de Mendoza. El más importante no sólo en número, sino también el primero en sentarse a paritarias en los últimos años como una manera de encaminar las negociaciones salariales para el resto de los trabajadores estatales de la provincia.
En mi carácter de candidato a secretario general del SUTE por la Agrupación Lila, estuve recorriendo las escuelas de la provincia, recogiendo las sugerencias de compañeros y escuchando los múltiples reclamos de todos los sectores que deberían ser representados por la entidad. Reclamos que se multiplican y análisis que se escuchan –a veces en voz muy baja por temor a las represalias- que demuestran, a las claras, que la conducción celeste, de no mediar ninguna estrategia sospechosa, tiene los días contados.
Cuando se repasan los padrones de las escuelas, se puede observar que más del 70% de los trabajadores de cada unidad escolar no pertenece al SUTE. Muchos desafiliados en el último tiempo y muchos más que repiten: “No pienso afiliarme mientras no vea dirigentes que realmente se comprometen con las bases y las representan coherentemente con los pedidos de quienes están en actividad”. “Que vuelvan a las escuelas…” es otra de las frases repetidas cuando se refieren a la actual conducción, que, en algunos casos, acumula varios años sin desarrollar la tarea docente o de celadores. “Parece que se olvidaron de los compañeros o de quienes los votaron…”; “Deberían estar las escuelas para que sepan cuál es la realidad que nos toca vivir”.
Tal descontento generalizado es desconocido en forma sistemática por los celestes, ya sea como una simulada negación o una total falta de autocrítica a la labor desempeñada durante los últimos tres años. Así crece la sensación de la inutilidad de la existencia de un sindicato y, peor aún, un sentimiento claro de descreimiento, no sólo en esta agrupación que hoy ostenta la conducción del SUTE, sino de toda la dirigencia gremial.
Recuperar la credibilidad en el colectivo laboral
“Yo me acuerdo de que vos tomabas la titularidad y al bajar del escenario te estaban esperando los del gremio para afiliarte…”. Este testimonio, recogido de una docente con muchos años de antigüedad –ya próxima a acogerse al beneficio jubilatorio-, pinta otras épocas más gloriosas del sindicato de los trabajadores de la educación. La conciencia de pertenecer a un colectivo laboral estaba muy lejos de cuestionar el monto de la cuota que se descuenta cada mes al afiliado. Valía la pena pertenecer, porque era una manera de entendernos los trabajadores que compartíamos no sólo la tarea, sino también el interés por hacer del trabajo en la escuela, un trabajo cada vez mejor remunerado y con mejores condiciones laborales.
El recorrido por las escuelas nos demostró que hoy existe una tarea más complicada que ganar el SUTE: recuperar la confianza y la credibilidad de los más de 60000 trabajadores de la educación es el verdadero desafío.
Nos sobran los motivos….
La alusión al tema de Joaquín Sabina tiene que ver con las múltiples explicaciones de los compañeros en cada escuela intentando justificar el descreimiento y la falta de confianza.
- La utilización de los planes de vivienda con fines electoralistas. ¿Cuándo lanzó el plan de viviendas el SUTE? En 2010 (año electoral), ¿cuántas viviendas prometió construir? 275. ¿Cuántos trabajadores inscribió con la promesa de la entrega de la vivienda y la sugerencia de que sería más factible si resultaban nuevamente electos? Más de 3.000.
- Vuelven a la carga en 2013 –¡oh, casualidad, también año electoral-, con una paritaria donde se les promete un cupo de 500 viviendas, como un “beneficio no salarial”.
- Y hablando de paritaria: luego de cinco días de paro se firma una paritaria a pocos centímetros de una frase que consagraba que “Se descontarán los días de paro…” y donde aparecía estampada la firma de secretario Guevara, entregando una de las banderas más apreciada por cualquier trabajador, como es el ejercicio del derecho de huelga y el no descuento de los días de paro.
- El 13 de junio se lleva a cabo una movilización por la equiparación de las asignaciones familiares que se pagan en la provincia. Tal vez lo recordaron tarde, pero hace mucho tiempo que las asignaciones familiares se pagan diferente con la Nación. “Más vale tarde que nunca”, diría algún inadvertido. Pero una movilización a 20 días de las elecciones… suena caprichoso, al menos.
- Después de cinco días de paro se obtiene un aumento del 25% (?), tal como se había aumentado el presupuesto destinado a la DGE en diciembre de 2012. Y, contradiciendo una paritaria anterior, no se paga retroactivo a enero y febrero. Deberíamos decir entonces que el aumento, anualizado, no llega al 20%.
- Si el salario inicial era de $3.040 en 2012 y pasó a $3.500 en 2013, no existe un aumento del 25%. En realidad, se trata del 15%, y puede ratificarlo cualquier alumno de sexto grado que haya trabajado porcentajes en la escuela primaria.
- Con los sucesivos “arreglos salariales” del Gobierno provincial y la conducción celeste, Mendoza cayó al puesto número 22 entre los salarios docentes de las provincias argentinas.
Se podrían seguir analizando temáticas y motivaciones de la desmovilización aludida, como las descriptas, y que son aportadas por los diferentes compañeros en las escuelas. Vaya una rápida enumeración a modo de ejemplo: jubilados 2006, jefes de preceptores, capacitación en servicio para celadores, jubilados de educación especial, flexibilización en la contratación de docentes por hora cátedra, no reconocimiento de las tareas extras que realizan celadores (mantenimiento, sanitarias, manipulación de alimentos), reglamentación de escuelas albergues, hora cátedra en educación especial, cláusula de garantía, etc., etc. Todas problemáticas manifestadas por los compañeros y que no han sido atendidas, motivando la desafiliación y el marcado escepticismo en las autoridades sindicales.
Sintetizando…
“Para qué voy a pagar el SUTE si no me da nada…”; “A mí no me representa…”; “Acá muchos se pasaron a ATE…”. Esta es la realidad con la que nos encontramos, los candidatos de la Agrupación Lila al recorrer las escuelas. Mientras más te alejás del Centro, crece además el miedo a las represalias de quienes ostentan las conducciones departamentales, especialmente porque “…acá, en el pueblo, todos se conocen…”
Algo nos imaginábamos. Hoy hemos podido palparlo directamente: de los más de 60.000 docentes y celadores, sólo quedan afiliados alrededor de 15.000. Y si le sumamos que vota el 55% aproximadamente, el 3 de julio deberemos esperar en las urnas no más de 9.000 personas. Número bastante exiguo para un gremio que se tilda de democrático en los discursos pero que hace tiempo perdió esa característica en el sentir de cada uno de los trabajadores de la educación.

