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Opinión

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La policía

Institución de control de las poblaciones que protege a las clases dominantes y castiga a las clases desposeídas de propiedad privada.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

La policía es un organismo público estatal creado para ejercer la violencia represiva legítima en una sociedad. En tanto fuerza coercitiva, funciona para castigar a los cuerpos, limitar las acciones consideradas delictuales y reprimir con las armas. En las escuelas e institutos de formación se les enseña a sus miembros -e inculca- una doctrina, una ideología de la seguridad que implica básicamente la protección de los bienes y la propiedad privada de la población.

Institución de control y administración bio-política de las poblaciones que protege a las clases dominantes y castiga a las clases desposeídas de propiedad privada. En definitiva, la policía siempre está al servicio (objetivamente) de los que acumulan riqueza y enfrentada a los asalariados, desocupados y marginados de la estructura social.

El origen social del policía, preponderantemente, proviene de los estratos populares o clases medias empobrecidas y/o precarizadas. Sin embargo, he aquí la función y la eficacia ideológica de la formación, no defiende los intereses de la clase social de la cual proviene. Por el contrario, garantiza el “orden” pero un orden burgués jerárquico que vulgarmente denominamos “status quo social”, donde hay  quienes se enriquecen a costa del trabajo de la mayoría.

Es a la mayoría a la que hay que meterle miedo con la presencia y represión de la policía porque justamente son los sectores populares quienes realizan las transformaciones sociales con sus luchas en pos de mejorar sus condiciones de existencia material, las cuales no se obtienen por “consenso social”.

El policía odia al joven pobre de barrio. Lo detiene por portación de rostro y forma de vestirse. En el tránsito para a los autos destartalados. En la noche se siente con el poder de abusar de sus funciones bajo la figura de “búsqueda de antecedentes”. Podría decirse que busca anular distintos “estilos de vida” que no coinciden con la moral burguesa impuesta como ideal social a la que la mayoría no puede acceder. De ahí la necesidad de amortiguar “esa” contradicción insuperable.