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Opinión
Los motores de Vollmer para desviar el Titanic educativo mendocino
El gobierno provincial presenta un plan de 50 iniciativas que buscan otorgarle mayor calidad a la educación. Un impulso a un ministerio que funciona como un pesado trasatlántico, muchas veces a la deriva.
En Twitter: @GabrielConteMDZ
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La directora general de Escuelas, María Inés Abrile de Vollmer, se apresta a dar una vuelta de página en su gestión al frente de Educación con la presentación de un plan de 50 puntos que apuntarán a la "calidad", tras unos primeros meses dedicados por completo a ordenar el caos interno del área a su cargo.
Vollmer llega al gobierno provincial desde una extensa experiencia en la gestión pública nacional, tanto en Desarrollo Social como en materia educativa, bagaje que, sin dudas, todos valoramos a la hora en que un flamante Francisco Pérez, en una reunión realizada en el Dique Cipolletti, la presentó como su apuesta para el área escolar.
Su experiencia en el tema traía un condimento extra: su conocimiento de los secretos del financiamiento educativo. De nada iba a servir que llegara con ideas sumamente innovadoras si no se encontraba con qué financiar su efectiva implementación.
Pero es indudable que no llegó a un buen sillón desde donde guiar el camino de su equipo hacia delante, por el buen camino. Sus dos antecesores en el área, Iris Lima, "la Tía Tita" y Carlos López Puelles, ahora intendente de Luján, dedicaron mucho tiempo a:
1- La primera, a nada.
2- El segundo, a sumar puestos de trabajo.
De tal manera, los recursos del área se vieron seriamente afectados por un cúmulo de situaciones que tenían un vínculo muy vago con el tema educativo. Así, se pasó de un presupuesto de más de 2 mil millones de pesos al doble, pero con el monstruoso condicionante de que el 98 por ciento de esa masa de dinero está destinada a cubrir salarios.
Fue durante mucho tiempo una duda la permanencia de María Inés Abrile de Vollmer al frente de Educación.
En primer lugar, cuando se la vio poco y nada en un lugar al que el propio Gobernador le había prometido un gran protagonismo. Ahora sabemos que ese tiempo debió ocuparlo en corregir los pasos sobre los que se venía caminando, porque mayor cantidad de empleados en Educación no significaron, desde ningún punto de vista, mayor y mejor educación.
Una mala y una buena: el gobierno de Celso Jaque le aportó al Estado más de 13 mil empleados estatales nuevos. Muchos de ellos ingresaron vía DGE en donde, a la sazón, se hizo alarde de una disponibilidad de recursos sin plan, sin un "para qué". Y la buena: la relación estrecha de aquel gobierno con la Ansés y su titular, Diego Bossio, permitió una amplia cobertura del plan "Conectar igualdad". Es decir, mucha tecnología en las escuelas, con la tarea pendiente de evitar que las netbooks oficiales reprodujeran la imagen de las viejas pizarras y sirvieran mucho más allá.
Cuando Vollmer retomó el camino iniciado con José Octavio "Pilo" Bordón, en cuyo espejo más de una vez el propio Paco Pérez ha intentado mirarse de reojo, se encontró con más problemas que soluciones. Pudo haberse ido espantada del cargo y, de hecho, por su cabeza se cruzó la idea más de una vez, en medio de negociaciones paritarias que le amputaron gran parte de los recursos. Pero decidió afrontar el desafío de reconstruir un área que, sea cual fuere el color político de quien está en la conducción, es de importancia vital para el desarrollo de Mendoza.
Así, cuando recorrió maratónicamente las escuelas de la provincia relevando el pensamiento de sus directivos, principalmente, no pudo dar una vuelta olímpica tras años de trabajo en la Nación y a modo de "retorno triunfal" a la provincia. Se transformó en una procesión tortuosa pero necesaria, cargada de reclamos, de malas noticias y que le sirvió para recargar la mochila de necesidades, escuela por escuela.
Presenta ahora 50 puntos que pretenden agregarle calidad a la educación. Todo indica que no se tratará de un plan "aplanador" en sí mismo, sino de un conjunto de iniciativas que, como pequeños motores, intentarán darle fuerza al sistema para cambiar de a poco, desde abajo, con el diagnóstico de las directoras y los recursos que se le han podido arrancar a la desidia organizativa, junto con los que llegan de la Nación y de aportes internacionales.
Serán motores para a un Titanic para que evite estrellarse contra el iceberg, intentando torcer su destino. Mucho esfuerzo para una nave que ya no reconoce a un solo comandante y que, en muchos casos, navega por inercia.
1- La primera, a nada.
2- El segundo, a sumar puestos de trabajo.
De tal manera, los recursos del área se vieron seriamente afectados por un cúmulo de situaciones que tenían un vínculo muy vago con el tema educativo. Así, se pasó de un presupuesto de más de 2 mil millones de pesos al doble, pero con el monstruoso condicionante de que el 98 por ciento de esa masa de dinero está destinada a cubrir salarios.
Fue durante mucho tiempo una duda la permanencia de María Inés Abrile de Vollmer al frente de Educación.
En primer lugar, cuando se la vio poco y nada en un lugar al que el propio Gobernador le había prometido un gran protagonismo. Ahora sabemos que ese tiempo debió ocuparlo en corregir los pasos sobre los que se venía caminando, porque mayor cantidad de empleados en Educación no significaron, desde ningún punto de vista, mayor y mejor educación.
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Una mala y una buena: el gobierno de Celso Jaque le aportó al Estado más de 13 mil empleados estatales nuevos. Muchos de ellos ingresaron vía DGE en donde, a la sazón, se hizo alarde de una disponibilidad de recursos sin plan, sin un "para qué". Y la buena: la relación estrecha de aquel gobierno con la Ansés y su titular, Diego Bossio, permitió una amplia cobertura del plan "Conectar igualdad". Es decir, mucha tecnología en las escuelas, con la tarea pendiente de evitar que las netbooks oficiales reprodujeran la imagen de las viejas pizarras y sirvieran mucho más allá.
Cuando Vollmer retomó el camino iniciado con José Octavio "Pilo" Bordón, en cuyo espejo más de una vez el propio Paco Pérez ha intentado mirarse de reojo, se encontró con más problemas que soluciones. Pudo haberse ido espantada del cargo y, de hecho, por su cabeza se cruzó la idea más de una vez, en medio de negociaciones paritarias que le amputaron gran parte de los recursos. Pero decidió afrontar el desafío de reconstruir un área que, sea cual fuere el color político de quien está en la conducción, es de importancia vital para el desarrollo de Mendoza.
Así, cuando recorrió maratónicamente las escuelas de la provincia relevando el pensamiento de sus directivos, principalmente, no pudo dar una vuelta olímpica tras años de trabajo en la Nación y a modo de "retorno triunfal" a la provincia. Se transformó en una procesión tortuosa pero necesaria, cargada de reclamos, de malas noticias y que le sirvió para recargar la mochila de necesidades, escuela por escuela.
Presenta ahora 50 puntos que pretenden agregarle calidad a la educación. Todo indica que no se tratará de un plan "aplanador" en sí mismo, sino de un conjunto de iniciativas que, como pequeños motores, intentarán darle fuerza al sistema para cambiar de a poco, desde abajo, con el diagnóstico de las directoras y los recursos que se le han podido arrancar a la desidia organizativa, junto con los que llegan de la Nación y de aportes internacionales.
Serán motores para a un Titanic para que evite estrellarse contra el iceberg, intentando torcer su destino. Mucho esfuerzo para una nave que ya no reconoce a un solo comandante y que, en muchos casos, navega por inercia.