Opinión
La semana del fin del pudor
Hasta hace algún tiempo, muchos pensábamos que podíamos estar de acuerdo con muchas cosas del Gobierno y con otras no. Pero la situación ha cambiado: no se puede estar en desacuerdo con nada. No hay debate sino enfrentamiento. No se puede elegir un menú de cosas que se puedan considerar positivas y criticar aquellas que consideramos que no son correctas, beneficiosas para el país o, directamente, corruptas: serás tratado como un vendepatria y considerado un paria social.
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Luego, gracias al llamado de padres y docentes a la Redacción, supimos que este colectivo partidario que elige hacer política en las escuelas y con fondos del Estado, en lugar de conquistar el favor de los jóvenes en las calles y con sus propios recursos, habían ingresado a la Escuela Hogar Eva Perón, lugar en el que las maestras prefirieron sacar a los alumnos de su alcance.
Las reacciones mendocinas tuvieron un matiz: el vicegobernador Carlos Ciurca desautorizó la presencia de núcleos partidarios en las escuelas y la Directora General de Escuelas, María Inés Abrille de Vollmer prefirió ignorar la situación, seguramente, para hablar luego, con una evaluación más ajustada de los hechos.
Convocando a Paulo Freire, aquel que nos trajo la "pedagogía del oprimido", el periodista (y maestro de escuela) Alejandro Frias analizó lo sucedido como una práctica más cercana a "la vieja política" que a la renovación que se pregona desde sus filas. "Él hablaba -escribió Frias sobre Freire y La Cámpora- de la pedagogía del oprimido, una idea a la que cualquiera que se precie de progresista debería adherir como base primera para realizar su trabajo, si es que en verdad pretende que su labor sea liberadora".
| El director de Deportes de Mendoza entrega materiales en acto partidario.
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Veníamos de la condena por cadena nacional por parte de la Presidenta al periodista Marcelo Bonelli, a quie acusó de haber recibido espúreamente fondos de Repsol, hecho que puede ser positivo si permite que todos se saquen la careta, pero desmesurado desde el punto de vista de la dimensión.
Y avanzamos con un hecho y una consecuencia que terminaron por demostrar que ésta, ha sido la semana en que el oficialismo se le terminó al pudor, no esconde más sus propósitos más íntimos y ni siquiera se ocupa de explicar en modo "progre" su accionar: la presencia del vicepresidente Amado Boudou en la sesión en la que se trató la nacionalización de la empresa que imprime los billetes, la ex Ciccone.
Como dijo en su columna de MDZ Radio Diego Sehinkman, poner a Boudou a presidir la sesión para nacionalizar Ciccone fue "como invitar a Drácula a que presida el congreso de hematólogos". La Cámpora en las escuelas y la reacción redoblante del Gobierno.
Boudou está siendo investigado judicialmente, entre otras cosas, por su participación en el manejo de esa empresa y una señal de seriedad hubiese sido abstenerse de estar presente en la sesión. No lo hizo. Estuvo y sonrió durante casi todo el tiempo en que duró el debate en el que recibió duras acusaciones, ya que el Estado avanza en la expropiación de una empresa de la que se desconoce quiénes son sus verdaderos dueños. Un misterio que no aporta en nada a la transparencia.
Pero todo no concluyó allí. El senador Miguel Pichetto, quien desde Menem hasta ahora oficia de vocero de las intenciones más ocultas de los gobiernos para los que ha operado sin despeinarse, se amargó por la falta de inmunidad que tienen los funcionarios argentinos durante el ejercicio del poder. "Esto en Francia no pasaría", dijo en la sesión en la que, finalmente, se dio la media sanción a la nacionalización de la ex Ciccone en medio de la más grande sonrisa que pudo expresar el vicepresidente y sus aliados.
Se terminó el pudor. Y de algún modo resultará revelador poder ver a los gobernantes caminar desnudos, sin caretas ni disfraces.