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Opinión

Fin de fiesta: Pérez terminó de cosechar y le toca empezar a producir

Llega el aludido "después de la Vendimia" de los funcionarios: la hora de ver al gobierno desarrollando todos los proyectos prometidos pero, además, todos aquellos que le corresponde encarar aunque no hayan sido parte de su plataforma. Mendoza está con freno de mano y recién ahora se verá el liderazgo del gobernador. Una prueba definitoria.

En Twitter: @GabrielConteMDZ

“Después de la Vendimia”.

Esas deben ser las tres palabras más usadas por ministros y funcionarios del gobierno provincial a la hora de responder, evasivamente, las consultas en torno a la fecha de inicio real y contundente de la gestión.

Francisco Pérez, popularizado desde el marketing por el apelativo de “Paco”, inició su trabajo como gobernador con mejor estrella que su antecesor, Celso Jaque. Aquel, su padre político, sufrió en carne propia la ausencia en el poder durante largos ocho años, la carencia de equipos preparados para gobernar y una picardía de campaña: una promesa de imposible cumplimiento que caló muy hondo en la sociedad.

Su imagen fue la peor que haya tenido un gobernador en el inicio de su gestión desde la recuperación de la democracia, pero -no sin esfuerzo y daños colaterales- logró gestionar con algún reconocimiento en sus dos años finales, generando una serie de acciones basadas en el boom de la obra pública que se produjo en el país. Sin embargo, el mal arranque lo dejó golpeado. Podemos simplificar así su situación: mala imagen, mejor gestión.

A Pérez el teorema se le plantea al revés: canta a los cuatro vientos que tiene una aceptación pública superior, inclusive, a la que tiene Cristina Fernández de Kirchner en Mendoza (para más información, ver la columna de Jorge Fernández Rojas), pero… todavía no empieza a gobernar en serio. Disfruta, en cierto modo, más de los últimos estertores de la impronta electoral que de la inercia. En medio de su entusiasmo evidente llegó el fin de la fiesta. Ahora hay que trabajar. El cotillón quedará como un recuerdo, al costado de la escena política en la que Pérez deberá caminar -cada vez más- acompañado por un quipo que, también, se verá obligado a dejar de lado la timidez, el pánico, la sumisión o lo que sea que los mantiene al margen, casi a la espera de la bendición del mandatario antes de encarar alguna cuestión estratégica para la provincia.

El gobernador se basó en la obra pública para fundar su gestión. Así lo prometió en la campaña proselitista y, a juzgar por el resultado, dio en la tecla: Mendoza le reclama a su dirigencia avanzar en obras fundamentales. Prometió, al asumir, seguir por ese camino y, simbólicamente, podemos interpretar, aceptó ampliarlo y pavimentarlo. Mendoza sería –según sus pronósticos- una máquina de construir y producir en marcha.

Con las obras soñadas por Pérez (cuyo sueño, obviamente, compartimos todos, aunque queremos verlo cumplido al despertar), podrían superarse deficiencias en materia energética, motorizar el intercambio comercial bioceánico, generar fuentes de empleo y poner nuevamente a la provincia en la lista de estados argentinos en actividad.

Hoy, Mendoza permanece apagada: falta ingenio y vocación de poder; brilla por su ausencia la planificación y no se actúa con la mirada puesta en el futuro, sino tratando de solucionar el difícil día a día. Es tanto el atraso que cualquier avance es tan sólo una puesta al día, al nivel de otros estados.

Mientras esto nos ocurre, en medio de una indolencia que no es reciente, provincias como Santiago del Estero, con superávit fiscal, está impermeabilizando el río Salado en una megaobra para la cual consiguieron crédito en Brasil. En San Juan, la realidad indica que ya han logrado construir dos nuevos embalses y es muy probable que, en el momento menos pensado, comiencen a horadar la piedra para concretar el paso de Agua Negra.

En Mendoza, la agenda de temas pendientes incluye, además de lo social, lo educativo y la inmanejable política sanitaria:

- La reconstrucción de nuestra conexión con Chile que ya, prácticamente, no existe: no se ha ampliado siquiera la ruta por que lo que podemos imaginar lo que puede llegar a ocurrir con el proyecto del Corredor Bioceánico Aconcagua, para el cual se requiere un financiamiento de 4 mil millones de dólares como base. ¿Una quimera o un proyecto que podremos ver en marcha?

- La presa Los Blancos, cuya licitación se encuentra trabada debido a diferencias entre las empresas que se asociaron para participar de la licitación y la carencia de financiamiento, con riesgo real de convertirse en un blef si el gobernador no asume el liderazgo que se requiere para la continuidad de estos proyectos.

- La reconstitución de una política petrolera que implica desandar los pasos ya dados cuando Pérez era ministro de Infraestructura de Jaque en favor de un sistema de concesiones más parecido a un negocio inmobiliario que a un a industria con todas las de la ley. Tuvo que llamar la atención la Presidenta (y cambiar su relación de “capitalismo de amigos” por uno de “ex amigos”) para que Mendoza, formalmente, cambiara de opinión, borrando con el codo lo hecho en los últimos años.

- En este mismo orden podría encuadrarse el planteo de una política minera para la provincia. Es la Presidenta la que le pide al gobierno de Mendoza por televisión, cada vez que puede, que le pierda el miedo al tema y que, por lo menos, lo debata. Es una de las encrucijadas en las que se encuentra la provincia y de las que no puede salir, en función de la falta de determinación política.

Gran parte de la buena estrella que ha tenido Pérez hasta ahora se ha justificado en ser parte de la galaxia K. Pero, cómo él mismo lo dijo, “la suerte es aleatoria y el éxito se construye”.

Bueno: eso.

Sabiendo que la suerte ya ha sido una buena compañía, con el final de la Vendimia llega la hora de empezar a construir en serio. Y, por lo visto, no resultará sencillo.