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Opinión

Cadena de irresponsabilidades


Los uniformados no pueden salir a protestar, aunque tengan razón en su reclamo y que éste no tenga nada que ver con el golpismo. Los funcionarios que conforman (nada menos que) el gabinete presidencial, a la vez, tampoco pueden jugar en falso en medio de un conflicto de máxima sensibilidad, que involucra a las fuerzas a las que la sociedad y los gobernantes les reclama día tras días mayor seguridad.

Así como es sostenible el argumento brindado por las organizaciones sociales en torno a que este tipo de manifestaciones surgidas en la Prefectura Naval y que alcanzó a la Gendarmería le dan una oportunidad “a sectores que buscan desestabilizar”, también es cierto que la situación surge de la impericia de los funcionarios que no solo no supieron manejar la situación, sino que mantienen una encarnizada lucha interna desde que Aníbal Fernández fuera removido de la conducción de las fuerzas de seguridad.

El estado de ebullición política que se vive en el Ministerio de Seguridad de la Nación le impedía, hasta ahora, encargarse de los asuntos que le incumben a lo largo del país y, motivados además por intereses políticos en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, decidieron concentrar su acción allí. Pero es en la Capital en donde les estalló el conflicto que, al menos, deja al descubierto que cuestiones que no tienen nada que ver con la gestión de uno de los asuntos a los que la sociedad reclama más respuestas, son las que distraen, hasta el extremo del ridículo, a las autoridades.