Opinión
La noche del Timao
Fue una noche de aquellas para la mitad más uno del Estado de San Pablo. A las siete de la tarde podía observarse en la ciudad como los autos arremetían contra los semáforos, la gente apuraba el paso, los bares preparaban los televisores; mientras, las camisetas decoraban el metro y las veredas. Todo San Pablo pendiente de la final de la Copa de Brasil. El escenario del partido fue en Porto Alegre, donde Corinthians visitó a Internacional, equipo en el que juega el argentino Andrés D´Alessandro.
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Del otro lado, la potencia del Timao que supo tener al ídolo Carlitos Tevez en sus filas y ahora al mítico Ronaldo, “el gordo”, quien parece tener el privilegio de sus kilos solo por portación de apellido. Ahora bien, como Ronaldo la mete, en el futbol eso es lo que cuenta y basta. Ronaldo es un ídolo popular, tal vez el máximo después de Pelé, salvando las grandes diferencias.
La noche caía sobre San Pablo y junto a mi compañero de ruta “Dimi Bass”, nos aprestamos a instalarnos a comer unos tallarines en un barsucho con tele. El restaurant era un loquero porque entre los presentes había hinchas del San Pablo y del Corinthians. Los litros de cerveza corrían por las venas de los comensales mientras con Dimi escuchábamos los tiroteos de palabras incomprendibles de mesa a mesa. Afuera, la ciudad era un cementerio. No había un alma.
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Los goles del Timao se hicieron sentir en los edificios y en las calles. Bocinazos, explosiones, y mucho bardo de artificio rodeaban la city. El Corinthians se consagraba por tercera vez campeón del Brasil, luego del dominio del San Pablo. Era la fiesta de los pobres que se tomaban la revancha simbólica en el fútbol, tierra de pasiones y posiciones sociales.
El segundo tiempo lo vimos en otro bar, más cool, colmado de estudiantes universitarios de clase media alta que vestían camisetas de Corinthians o Gremio. Caipiriñas mediante, la gente del bar fue preocupándose por el desarrollo del segundo tiempo. En el primero el timao ganaba dos cero y parecía todo cerrado Las 6 mil almas que viajaron a alentar al equipo de Ronaldo zambeaban en las gradas. Mas no pudo ser más emotivo el match cuando logra el internacional hacer dos goles y el partido se complicaba, aunque debían hacer dos goles más los del inter para forzar la igualdad del global.
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Sobre el final, las locuras de un D´Alessandro sacado por la impotencia, no hacían más que despertar carcajadas entre los presentes del bar por la diferencia de tamaño entre el argentino y el defensor brasileño que solo corría hacia atrás ante la embestida del 10. Parecía una de dibujitos animados. D´Alessandro expulsado y ya, todo fue fiesta y belleza. Corinthians finamente fue campeón.
La mañana siguiente me fui al Estadio Municipal Paulo Machado de Carvalho (más conocido como Estadio Pacaembú), el cual se ubica en el barrio de Pacaembú en São Paulo, que alquila el Corinthians las veces que juega de local, y pude observar el fantasma de Carlitos Tevez, entre las gradas, festejando un campeonato más de sus amigos brasileros. Luego bajé a la tienda y compré dos camisetas para mis chicos. Por la tarde un aguacero regaba las barriadas del Estado y algunos seguían festejando.
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