Opinión
De locos abstractos: el museo volador de Niterói
Niterói es una ciudad del Estado de Río de Janeiro. Cerca de 660 mil habitantes pueblan el islote al que se puede acceder por un enorme puente que cruza el mar, además de la opción por ferry, un viajecito que demora unos 30 minutos, agradable, superpoblado. Allí se encuentra uno de los museos más extraños del Brasil.
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La construcción del museo fue encargada en 1991 al destacado arquitecto Oscar Niemeyer, concluida en 1996. Niemeyer fue además quien entre 1956-1960 diseñara y edificara la capital política del país: Brasilia. A sus 101 años, confeso comunista y ateo, el renombrado arquitecto tiene una fundación www.niemeyer.org.br/home.html a través de la cual se promueve la relación de investigación y producción entre arquitectura y artes plásticas.
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La particularidad del MAC (museo de arte contemporáneo) de Niterói es que su construcción es una obra de arte en sí misma: una especie de plato volador se posa sobre una de las puntas del islote de cara al mar, imponente, por donde se lo mire.
Tras el ingreso por unas escaleras serpenteantes se accede a un hall central redondo, el principal del museo. La circularidad permite, a través de un ventanal en derredor, la vista de la ciudad de Río de janeiro, las barcazas, veleros y yates. La estructura posa sobre una fuente de agua desde donde pareciera emerger el plato volador blanco, simulando estar suspendido en el aire.
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Las obras expuestas atraen al visitante por su excentricidad. Pertenecen a artistas de distintos periodos del arte contemporáneo brasileño, representativo de experiencias abstractas y de tradiciones plásticas que van de la transición modernista en la pintura del Brasil, al pop-art, experimentalismo, arte participativo y lúdico, entre otras. Por estos días el museo expone las colecciones de Joao Sattamini y más de 200 obras adquiridas por el mismo de distintos plásticos.
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