Opinión
Los vaivenes de la sociedad peronista: del menemismo al kirchnerismo
Se trata de procesos
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La mayoría de los análisis políticos mediáticos, generalmente, ponen siempre la atención en los “personajes” de la política, en su sentido más individual. Se analizan virtudes y defectos, reacciones y conductas, hábitos y declaraciones. La política por el contrario, no se trata de personas, aunque son ellas quienes la desarrollan, pero nunca como “individuos” aislados, sino como portavoces, representantes condensadores de intereses de diferentes sectores de la sociedad.
Todo análisis sociopolítico no será correcto toda vez que al mismo no se lo conecte con el proceso económico-social del momento y con la superestructura política que se erige tras el mismo. Todo fenómeno político es posible sólo en un determinado contexto histórico y no en otro. Por ello, el menemismo, solo fue posible en la década de los 90 bajo determinadas condiciones de la economía mundial, bajo la cual, desde el dominio de los países centrales, se moldearon los perfiles y criterios de las economías periféricas. Son tendencias que no se dieron exclusivamente un país, sino más bien en una región. Menem en nuestros pagos, Fujimori en Perú, Fox en México, Collor de Melo en Brasil, entre otros presidentes latinoamericanos, aplicaron, más o menos las mismas recetas, en sintonía directa con los pedidos del Fondo Monetario Internacional en la década neoliberal.
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Las alianzas hacen al modelo
El menemismo construyó sus alianzas sociales con los sectores más altos de la sociedad y los más bajos, dejando a la clase media pauperizada que dio lugar a la aparición de la categoría sociológica de “nuevos pobres”, aquellos que poseían capitales culturales y educativos y una tradición de bienestar, pero que fueron fulminados por la convertibilidad.
En tanto el Kirchnerismo, por el contrario, apuntaló sus alianzas reconstruyendo a la clase media principalmente, y tibiamente con los sectores obreros y excluidos, los desempleados de la década del noventa. El enfrentamiento ahora se expresa con los sectores más altos de la sociedad, especialmente con los capitales financieros y con el campo. El proceso actual, a diferencia del anterior, solo es posible a partir del proceso devaluatorio. Mientras Menem se alió al capital trasnacional favoreciendo la importación y privatización, Kirchner apuesta al capital nacional favoreciendo la industrialización y al mercado interno. No podemos dejar de mencionar aquí su costado más flaco: el tema de los recursos naturales, petróleo gas y minería, que siguen en manos de compañías multinacionales.
Antropofagias políticas
El menemismo surgió como un populismo desde el interior engatusando al país con su estilo de caudillo federal, apoyándose en la resaca del peronismo posdictadura y deglutiéndose a la llamada renovación peronista de Cafiero, Manzano, entre otros. Así, formó un gobierno con fuerte liderazgo carismático, un populismo de derecha y neoliberal que fue efectivo para el proceso.
El kirchnerismo, también nació desde el interior, pero con un escasísimo margen de legitimación tras las elecciones del 2003. Con el apoyo de la estructura duhaldista en la provincia de Buenos Aires, logró imponerse con solo el 22% de los votos. De ahí en más construyó un gobierno de centroizquierda, apoyándose en la vieja tradición setentista, aliándose al movimiento piquetero y al sindicalismo disidente de los noventa, alejándose de la tradición peronista para captar a otros sectores más representativos de los sectores medios, por ejemplo los radicales K.
Menem, se deglutió a los socialdemócratas en la interna que lo postularía a presidente aquel 9 de julio del 89 contra Cafiero, y Kirchner se deglutió al duhaldismo que le permitió llegar al gobierno en el 2003, y ahora, con mayor legitimidad, con el triunfo de Cristina en el 2007.

