Opinión
Alineamientos ideológicos en la Argentina preelectoral
Hacia un nuevo modelo de acumulación capitalista con fuerte participación estatal.
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Nuestra primera hipótesis es la siguiente:
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La ideología dominante que se empieza a configurar en el seno de este bloque de alianzas, se define, como un neodesarrollismo industrialista que apunta a reactivar el mercado nacional, con ciertos sectores de la economía protegidos, y una ampliación del consumo, fundamentalmente en las capas medias. En definitiva, un capitalismo con una importante participación estatal, sostenido por una relación devaluatoria del peso nacional frente al dólar.
El primer grupo importante de este bloque está Integrado por los sectores industriales nacionales fuertes alineados en la Unión Industrial Argentina que, lentamente, apuestan al mercado nacional, producto del proceso sustitutivo de importaciones que se dio en la Argentina, vía devaluación, a partir del año 2002.
Los industriales de la UIA (Unión Industrial Argentina) hoy están presididos por un empresario de la metalmecánica, Juan Carlos Lascurain, por ahora dialoguista con la estrategia industrialista de Kirchner, que logró imponerse por consenso en las elecciones gremiales de tal asociación, a un sector más opositor al gobierno nacional.
Nucleados en (APYME), las pequeñas y medianas empresas se integran a este bloque y bregan por una profundización del proceso redistributivo de los ingresos y una política de créditos a largo plazo para su reactivación.
Se suman también a esta alianza social, los sectores obreros y sus representaciones orgánicas sindicales, quienes nuevamente van cobrando protagonismo en la discusión nacional. Una inclusión política del movimiento obrero, que ahora comienza a manifestarse en la integración de listas de candidaturas políticas, como lo hiciera entre los años 50-70, claro que en una menor proporción que en aquellos tiempos del peronismo próspero. Cabe aclarar que el sector sindical estatal, agrupados en la CTA, se suman críticamente a la pelea por su reconocimiento gremial y la distribución del la riqueza.
También participa de este bloque, una importante porción variopinta de pequeña burguesía o clase media, ligada a los sectores educativos e intelectuales, además de comerciantes y cuentapropias, que han notado una reactivación de su sector, ya sea por vía del aumento presupuestario-salarial en la educación, o por el fomento del consumo que beneficia al comercio.
La representación política de este amplio bloque, no está exenta de contradicciones. Sin embargo, el mismo, se ha ido alineado, con mayor o menor grado de críticas, en lo que hoy, en términos políticos, llamamos Kirchnerismo, o, -como dice el teórico Ernesto Laclau para caracterizar la coyuntura argentina- en el posperonismo: un espacio político que no apela a la mística tradicional del movimiento peronista, pero que tampoco reniega de ella explícitamente. Que pondera más la figura de evita que la de Perón, y que proviene, entre sus conductores, de la llamada “juventud maravillosa de los setenta”, más que de la urdimbre política del peronismo histórico.
Pero también, y aquí lo novedoso de este proceso, se suman a este espacio los posradicales, hoy denominados radicales k, quienes, sin apelar a ninguna mística yrigoyenista, se sienten interpelados por una conducción política que les da un espacio dentro del universo Kirchnerista, en formato de Concertación.
Algunos socialistas, convocados por el oficialismo, que han decidido embarrarse las botas en el poder real, también se han sumado a este proceso político, dejando así lo meramente testimonial y moral, lo cual abrió un proceso de ruptura en el centenario Partido Socialista Argentino.
Junto a estos sectores políticos y fracciones de clases, debemos agregar, a vastos sectores de los movimientos sociales y culturales de la argentina que, en los años noventa, encontraron un espacio de resistencia a través del movimiento piquetero.
Hoy, estos sectores, se han encolumnado en su mayoría a las políticas de construcción del gobierno nacional, producto de un diálogo articulatorio en torno a sus demandas. Militantes sociales y de derechos humanos, obreros y dirigentes estudiantiles, empresarios de la industria y pequeños productores agrarios, hoy se sienten interpelados por el discurso del kirchnerismo, que si bien es ambiguo todavía, indudablemente es el canalizador de este proceso social, político y económico en la Argentina.
Hoy, el acercamiento entre dichos sectores, se asemeja más a la conveniencia política por estar cerca del poder de turno, que a una voluntad estratégica. Por ello, interpretamos porqué las articulaciones que plantea el gobierno nacional pendulan entre el progresismo político y sectores habituados al clientelismo conservador o al oportunismo ventajista. Para ser más claros, se apela a las huestes del duhaldismo y a radicalismos pragmáticos del interior del país. Pero junto a esos convocados, se vinculan los movimientos de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo y la CGT de Moyano; la UIA y la Federación Agraria Argentina. Los movimientos territoriales y cooperativos. La CTA y determinados grupos piqueteros. Desde cada sector, se propone, lo que consideran una profundización de sus intereses representados por algunas políticas. Pero no hay proyecto colectivo todavía, fase superior, de todo proceso político que quiera encaminar un modelo de acumulación que dure más de una década y deje su impronta en la estructura social.
Es posible entonces, que nos encontremos, en el mediano plazo, con un modelo de acumulación que industrialice relativamente el país, a través del control de las exportaciones y que expanda el mercado interno. Pero no sabemos si este mercado interno en expansión, como se pregunta Samir Amín en la desconexión (1989), será el de las capas medias o el de las masas populares. Podemos ser dependientes, financiera y tecnológicamente, como lo somos hoy, e industrializarnos y expandir el mercado interno, pero sobre una alianza de clases no popular, más bien, de recomposición de los industriales fuertes y el consumo en las capas medias.
Las resistencias económicas y políticas al nuevo proceso social
El segundo bloque social y político, también reviste diversidad. Sin embargo, la misma, es de distinto tono que la que expresa el bloque nacional precedente. Se diferencia cuanto a sectores sociales que la componen, como a sus planteos políticos, que son muchos por cierto, atomizados por ahora, pero en vías de homogeneización en cuanto a una perspectiva ideológica general.
Es que luego de la crisis del modelo neoliberal, que estalla a fines de 2001, fueron los sectores ligados a este bloque los que más pagaron los costos ante la sociedad. El “que se vayan todos” se expresa hoy claramente, no tanto en el cambio de figuras políticas, como en el retroceso de esas políticas excluyentes que venían beneficiando desde 1976 a los sectores concentrados de la economía, especialmente al capital financiero, en detrimento de la industria nacional. Sus representantes políticos, son los que hoy se encuentran con mayor grado de debilidad para articular un discurso ideológico-político que sea atractivo para las masas sociales.
Nuestra segunda hipótesis es la siguiente:
“Socialmente habría una diferencia de clase fundamental que caracteriza a este bloque respecto del otro. Si bien los apoyos sociales provienen de las mismas fracciones de clase social que se alinean en el bloque nacional anterior, aquí, no participan los trabajadores y obreros, en tanto movimiento organizado con sus sindicatos, ni tampoco los movimientos sociales territoriales de base”.
Decididamente, este bloque, es antiperonismo sindical y antipiquetero. Es decir, que por su historia política y social, rechazan sistemáticamente al sindicalismo peronista en todas sus expresiones, proponiendo las más de las veces, un nuevo tipo de sindicalismo, no corporativo, con otro rol, “más democrático”, pero que fundamentalmente, no ligue la representación sindical a un partido político. También rechazan las formas de organización y protesta de los sectores que apuestan al corte de ruta. Sin embargo, sí apoyan y promueven paros en el campo o protestas sectoriales en base a sus intereses de clase.
Integran este bloque, empresarios nacionales, ligados a la cadena de la exportación de la soja, de la ganadería, de los cereales y láctea del campo. Sectores que, si bien se están beneficiando con el proceso sustitutivo de importaciones, no dejan de presionar para que el gobierno les baje las retenciones a la exportación. Son los hacendados y propietarios de tierras de la pampa húmeda que, como otrora en el tiempo, han multiplicado por miles sus ganancias, por las condiciones climáticas de la zona, el humus de sus tierras, la extensión de los cultivos, pero fundamentalmente por el régimen de propiedad latifundista de la tierra, que sigue vigente y la concentra en pocas manos; y que cuando la arriendan, lo hacen a través contratos que pretenden no ser regulados por el Estado y que, claro está, los beneficia ampliamente. Es la famosa “renta parasitaria” de las oligarquías en la Argentina que reniegan de la participación del Estado en la reinversión industrial.
La devaluación, no sólo implicó una mayor apropiación de la renta agraria por parte de los productores, sino una elevada ganancia patrimonial, pues el precio de la tierra se multiplicó hasta por cinco en algunas zonas.
Tal vez, el sector ganadero hoy, constituya la principal fracción de la clase dominante en el país, que se opone como clase, al gobierno de Kirchner, por su política de control de precios y retenciones a la exportación. Es un sector históricamente ligado a los intereses concentrados de la riqueza oligárquica que proveen las tierras de la pampa argentina.
Como estos sectores se nuclean en sus agremiaciones y asociaciones, fundamentalmente a través de la histórica SRA (Sociedad Rural Argentina), también consiguen los apoyos de sectores medios de la cadena productiva del campo que, determinados por esa relación de propiedad de la tierra, se ven condicionados por quienes la detentan, proponiendo, no otro régimen de tenencia y producción, sino por el contrario, bregando por la eliminación de las retenciones y regulaciones desde el Estado nacional. Aunque es importante mencionar la tarea de la FAA (Federación Agraria Argentina), que reúne a cientos de productores medianos y pequeños del país, quienes alientan la agricultura familiar y proponen una reforma agraria para el campo.
En otras palabras, se trata de un proceso en el cual la oligarquía pampeana, y algunos ca¬pitales extranjeros insertos en la producción petrolera, ejercen el predo¬minio estructural de la economía, pero que sin embargo, dadas las transformaciones ideológicas y políticas detonadas por la movilización social y las propias convicciones de la actual administración guberna¬mental, estas fracciones dominantes, deben hacer concesiones a los sectores populares.
Es relevante dejar claro entonces, que se trata de un proceso de transición, porque esas concesiones están centradas más en reivindicaciones de carácter político y sólo en menor medida eco¬nómicas. Forman parte de este bloque, además, porciones importantes de las clases medias conservadoras, prodigadoras del orden social y la defensa de la propiedad privada, que reclaman mano dura ante el delito, y que tienen sus referentes en Macri, Blumberg y Patti, o que, abandonadas por la tradición radical, preservan su moralismo institucional a través de Elisa Carrió y López Murphy, entre otros.
Estamos en presencia de un “campo oposicional” atomizado en lo político, descolocado ante el liderazgo de Kirchner, pero con vocación de poder. Tampoco es la derecha clásica, o la expresión del liberalismo político, quienes también están presentes aquí, sino más bien, una reelaboración de aquella que aparece como nueva derecha bajo el corsé democrático de los nuevos tiempos.
Pero si tenemos que ubicar a los actores principales de la difusión ideológica de los intereses de este bloque, no podemos ignorar a las empresas que concentran medios de comunicación. Prácticamente, es un bloque de poder en sí mismo, alineado claramente contra el proceso social y político, que, ante la amenaza que irradia el fenómeno chavista en venezuela, pone por anticipado el grito en el cielo para impedir se propaguen esas ideas en la Argentina. La posibilidad de sancionar una nueva ley de radiodifusión en la Argentina, que tenga como base una discusión participativa y popular, tiene a más de un multimedio preocupado por su futuro.
Y aquí también abrevan distintos grupos ligados a instituciones tradicionales, como la Iglesia y los partidos políticos clásicos que, claramente, se encuentran enfrentados al primer bloque.
Por caso, la Iglesia, comenzó una relación tensa con el gobierno de Kirchner, fundamentalmente por la política de derechos humanos que encaró desde el inicio, y las posiciones desde el Ministerio de salud de la Nación respecto del aborto, la ley de salud reproductiva y la lucha contra el sida, donde además del juicio a los militares de la dictadura, quedó demostrada la participación de la institución católica en aquel violento proceso. Los partidos políticos clásicos viven un proceso de erosión paulatina que se manifiesta en el vacío de la militancia que los nutría de discusión y movilización. Sin embargo, la estocada kirchnerista en términos de construcción política que se empeña en eludirlos, probablemente, devenga en una succión de miembros de los mismos en pos de la constitución de un nuevo y más formalizado espacio político. El PJ y la UCR principalmente, resisten hacia adentro, y quienes tienen el mando de los mismos, se han ubicado ideológicamente en las antípodas del modelo actual. Aunque como manotazos de un ahogado, el radicalismo ortodoxo ha apostado por la candidatura de Lavagna, quien ha declarado hace unos meses que se presenta como “el garante de la ortodoxia del actual modelo económico” y critica al gobierno por “su giro a la izquierda”. Es que las estructuras partidarias mencionadas fueron serviles a los intereses concentrados que dominaron la escena del modelo aperturista y financiero que fue hegemónico en la Argentina entre 1976 y 2001.
Frente a la crisis de representación política tradicional, vienen emergiendo una serie de identidades y movimientos, que reniegan a la adscripción partidaria, que apuestan a otras formas de hacer política, pero que no obstante, no constituyen todavía un movimiento organizado. En este bloque de resistencia al modelo vigente, se ubican también sectores de la llamada derecha liberal o neoconservadora, que han creado nuevas formas de interpelación política. Por caso, el macrismo con su partido (PRO), se perfila como el espacio de articulación a futuro de los sectores liberales y conservadores de la Argentina. Mientras que la Coalición Civica de Elisa Carrió, vive un proceso de refundación ante los vaivenes narcisistas de la mediática chaqueña.

