Sazan Albania: Flamencos, Nacionalismo y Proyectos Inmobiliarios sin Licencia Social
Las protestas crecen por el impacto ambiental, cambios legales y denuncias de corrupción en un megaproyecto turístico en Sazan.
En 2024, el gobierno del actual ministro Edi Rama, introdujo una modificación normativa, que modificó el estatus de protección de Karaburun-Sazan.
Archivo.El proyecto de resort de la familia Trump en la Isla Sazan Albania genera el rechazo y la movilización de la sociedad albanesa por los impactos ambientales, sociales y la afectación de la soberanía del país.
Un proyecto ambicioso en un área sensible
En las últimas semanas, Albania un pequeño país de Europa ubicado en la península de los Balcanes, comenzó a ser noticia tanto en la prensa internacional como en las redes sociales, a raíz de las protestas en contra de un proyecto de desarrollo inmobiliario que Ivanka Trump y su marido Jared Kushner planean realizar en la isla de Sazan, ubicada dentro de un área de protección ambiental. Por su importancia estratégica, la isla de Sazan funcionó durante siglos como base militar y naval. Con el final de la guerra fría y la caída del régimen comunista albanés, la isla dejó de tener importancia militar, convirtiéndose en un área de reserva natural de biodiversidad. En 2010, el gobierno de Albania, entendiendo su importancia para la conservación de la naturaleza la incluyó dentro del Parque Nacional Marino Karaburun-Sazan.
En 2024, el gobierno del actual ministro Edi Rama, introdujo una modificación normativa, que modificó el estatus de protección de Karaburun-Sazan, reduciendo su grado de protección. En ese mismo año, se produjo una propuesta para ejecutar un proyecto en la isla en cuestión. El proyecto implica una amplia transformación de la isla, que hoy se encuentra mayormente deshabitada, para instalar un resort turístico de lujo y exclusivo, compuesto de varios hoteles y villas para lograr una capacidad instalada de recibir hasta diez mil (10.000) turistas. El primer ministro albanés, Edi Rama, viene haciendo una fuerte defensa del proyecto justificando la necesidad del mismo, en que permitirá desarrollar el sur de Albania y hacer entrar a Albania a la liga de los destinos turísticos exclusivos, a la vez que generará ingresos al país por 4000 millones de euros y la creación de puestos de trabajo en la construcción y posteriormente en la operación de estos complejos.
Modificaciones de leyes a medida y falta de permisos
El proyecto ha generado una fuerte reacción de la sociedad albanesa por diversas razones. Si bien existían ciertas tensiones políticas y sociales en el país, el proyecto de la isla Sazan ha contribuido a que la llama de las protestas se encienda aún más. Según las ONGs PPNEA – BirdLife Albania, la isla es un santuario donde viven 200 especies de aves, incluidas 70 que se encuentran en peligro de extinción, entre ellos los flamencos y pelícanos de Dalmacia. A su vez, es un corredor de aves migratorias, en su tránsito entre Europa y África. Además, en sus aguas habitan especies marinas amenazadas, como la foca monje y la tortuga caguama. La afectación a la biodiversidad es clara. No obstante, lo grave del caso, es que la importancia del área para la conservación había sido reconocida por el propio gobierno albanés, y sin ningún otro motivo claro que no sea económico se ha modificado la categoría de protección del área.
En el derecho ambiental internacional, uno de los principios que se postulan es el principio de no regresión. De acuerdo a este principio, una vez que una norma establece un estándar de protección ambiental, una norma posterior no debe reducir o modificar de forma que se afecte negativamente el nivel de protección. Sí se puede aumentar, pero no disminuir. Debe darse una justificación técnica, que demuestre que la norma anterior estaba mal diseñada o creada bajo estándares o supuestos técnicos erróneos, para que justifique una modificación que afecte el nivel de protección ambiental. La Corte Suprema albanesa, tomó intervención oportunamente en una demanda donde se pretendía impugnar la validez de la modificación. La Corte falló por la legalidad de la modificación, planteando que no había un daño concreto, y que en todo caso cuando existiera un proyecto se podría volver a plantear si afecta o no el grado de protección del área. Las protestas comenzaron nuevamente la semana pasada, porque se detectaron movimientos de tierras en el área donde se pretende realizar el proyecto, sin que exista, al parecer, una evaluación ambiental ni un permiso aprobado por el gobierno albanés.
Flamencos rosas, nacionalismo y corrupción
Las manifestaciones que se han producido en Tirana, la capital del país, han tenido como símbolo flamencos rosas, y se ha sumado al reclamo por la protección de la biodiversidad, otro factor: el nacionalismo y el orgullo del pueblo albanés, que según expresan los manifestantes se ve afectado por este proyecto. “Albania is not for sale” (Albania no está a la venta), es uno de los carteles que se puede ver en las manifestaciones, lo cual pone de relieve que no es solamente el componente ambiental lo que moviliza a los manifestantes, sino la creencia de que el proyecto es negativo para el país. La modificación de la norma, que ha beneficiado directamente a este proyecto impulsado y financiado por capitales extranjeros, también ha generado sospechas sobre actos de corrupción, lo cual ha llevado a la oficina anticorrupción del país a abrir una investigación al respecto.
Otro de los temores que se visualizan en las manifestaciones en redes sociales es que la población albanesa no tenga un beneficio directo por estos proyectos, y que solamente contribuya a apartar a operadores de turismo local de dicho segmento de negocios. Una de las consecuencias no deseadas para el gobierno albanés es que la Unión Europea, está viendo con atención lo que está sucediendo con dicha área natural, atento a que es una de las pocas áreas naturales que existen en Europa que no han sufrido grandes modificaciones por parte del ser humano, y el área está destinada a formar parte de la Red Natura 2000 – una red destinada a proteger la biodiversidad dentro de la Union Europea-. La Unión Europea podría condicionar la entrada de Albania al bloque a que cumpla con determinadas salvaguardas ambientales, incluido revisar el proyecto.
El antecedente serbio
El interés de Jared Kushner por la zona de los Balcanes y la falta de percepción sobre la importancia de la licencia social no es nuevo. En 2022 impulsó la creación de un proyecto de hotel asociado a la marca Trump, en lo que había sido un cuartel militar del ejército serbio y que había sido destruido por la OTAN en 1999 en su campaña de bombardeos contra el país en el contexto del conflicto de Kosovo. El proyecto generó repudios de la sociedad serbia, incluidos los veteranos de guerra, lo cual se tradujo en manifestaciones, y terminó con el procesamiento de varios funcionarios serbios por corrupción, y con el proyecto cancelado.
Sin licencia social no se puede avanzar
Lo que está sucediendo hoy en Albania demuestra que la opinión de la sociedad importa y que la afectación del patrimonio ambiental y cultural de los pueblos puede despertar pasiones dormidas y/o agravar conflictos existentes. Hoy es prácticamente imposible realizar una gran obra sin que la población de un país o una región no se dé cuenta, y que la información recorra el mundo en pocos segundos. Con lo cual, tener en cuenta los deseos de la población y ganar la confianza y el apoyo de la población para los proyectos que puedan afectar fibras sensibles de la sociedad es fundamental para lograr el éxito del proyecto.
Por otro lado, también este caso lleva a preguntarse, hasta dónde se debe desarrollar un área natural. Que un área natural sea bella no implica necesariamente que la única forma de explotar su valor para un país sea construir una ciudad dentro de ella, destruyendo justamente lo que la hace única. El turismo debe ser sostenible, y existen diversas formas de generar actividades económicas en áreas protegidas, generando altos ingresos económicos, y sin necesidad de impactarlas totalmente y cambiar su esencia.
* Alejandro Fernandez Bilat. Abogado Especialista en Derecho Ambiental. MBA en RSE & ONG. Profesional Certificado en Sustentabilidad (GRI) y Compliance Empresarial.



