Qué es el centrão, la red que decide el poder en Brasil y no responde a ninguna ideología
No es un partido ni un bloque ideológico: es una red de gobernadores e intendentes que negocia estado por estado y puede apoyar a los dos candidatos a la vez.
Lula da Silva busca su cuarto mandato en Brasil.
EFEBrasil entra en la última semana de una campaña que llega empatada. El domingo, los brasileños eligen entre Luiz Inácio Lula da Silva, que a los 80 años busca su cuarto mandato, y Flávio Bolsonaro, senador por Río de Janeiro e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Ambos candidatos llegan con una diferencia de 2 puntos según las encuestas.
Ese mismo día, 4 de octubre, se renuevan dos senadores por estado y la totalidad de la Cámara de Diputados, y todo indica que el Congreso quedará más corrido hacia la derecha, gane quien gane.
Para entender ese escenario, MDZ conversó con Ariel Fernández Roldán, licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de San Martín, editor de contenidos de COPO.EX, un espacio radicado en esa universidad dedicado a las dinámicas geopolíticas.
Qué se vota el domingo
Los brasileños eligen presidente y vice, dos senadores por estado, toda la Cámara de Diputados, gobernadores y asambleas estaduales. Si ningún candidato presidencial supera el 50% de los votos válidos, hay segunda vuelta. El voto es obligatorio entre los 18 y los 70 años, y optativo para los mayores de 70 y para los jóvenes de 16 y 17.
"Margen para gobernar, pero no para transformar"
—Se renuevan dos tercios del Senado y se anticipa una cámara más conservadora gane quien gane. ¿Qué margen le deja eso a Lula?
—Lula tendría margen para gobernar, pero probablemente menos margen para transformar. Si efectivamente se conforma un Senado más corrido hacia la derecha, eso no significaría automáticamente un Senado enteramente bolsonarista ni una cámara dedicada a bloquear cada iniciativa del Ejecutivo.
El universo conservador brasileño incluye al bolsonarismo más ideológico, pero también a dirigentes del agronegocio, gobernadores desarrollistas, liberales económicos, representantes evangélicos y partidos del centrão cuyo comportamiento depende mucho de los intereses de cada estado. Por eso, un senador conservador puede oponerse a Lula en asuntos culturales, fiscales o de seguridad y, al mismo tiempo, acompañar créditos del Banco do Brasil, inversiones de Petrobras, obras del Programa de Aceleración del Crecimiento o financiamiento del BNDES para su estado. En Brasil, la identidad ideológica importa, pero convive permanentemente con el federalismo y con la negociación territorial.
El margen de Lula sería mayor en política exterior, diplomacia presidencial, orientación administrativa, empresas públicas y ejecución de políticas que ya cuentan con presupuesto e institucionalidad. Sería menor para reformas constitucionales, cambios tributarios, ampliaciones presupuestarias, nombramientos sensibles y agendas sociales controvertidas. El Senado, además de revisar leyes, aprueba autoridades del Supremo Tribunal Federal, la Procuraduría General y el Banco Central.
—¿Con qué herramientas negociaría?
—Debería profundizar el método que ya utiliza: negociar enmiendas parlamentarias, obras estaduales, presidencias de comisiones, cargos institucionales y continuidad de instrumentos productivos. Hay un dato que muchas veces se pasa por alto y que cambia toda la ecuación: el Congreso brasileño aumentó su control sobre el presupuesto y el presidente ya no distribuye unilateralmente esos recursos. Debe negociar ritmos, prioridades y coordinación con los estados.
—¿Y Flávio Bolsonaro podría coordinar mejor una cámara de esas características?
—Tendría, en principio, mayor afinidad ideológica con una parte importante de ese Senado en cuestiones de seguridad, valores conservadores, reducción regulatoria y política tributaria. Pero afinidad no equivale automáticamente a conducción. Su principal desafío es convertir una fuerza heredada —el apellido, el respaldo de Jair Bolsonaro, el PL, las iglesias y la red digital— en una autoridad propia. Hasta ahora no pudo integrar orgánicamente a buena parte del centrão, y su fórmula enteramente formada por el PL refuerza la identidad partidaria pero reduce la señal de apertura hacia otras derechas.
Además, un eventual gobierno suyo debería distribuir ministerios, obras, enmiendas y posiciones legislativas sin entregar toda la coordinación al centrão ni entrar en conflicto con el núcleo familiar bolsonarista. Ese equilibrio podría ser tan complejo como el que enfrentaría Lula.
Flávio podría tener una ventaja inicial de compatibilidad ideológica, pero Lula conserva una ventaja de experiencia en la construcción de coaliciones. El caso argentino sirve como advertencia metodológica: la aritmética inicial del Congreso no determina por sí sola la gobernabilidad. Un gobierno minoritario puede construir mayorías circunstanciales, dividir a la oposición y aprobar reformas importantes si controla la iniciativa política y encuentra los incentivos adecuados.
La presencia de Geraldo Alckmin, su vicepresidente, debe interpretarse en ese sentido. No constituye simplemente un "giro a la derecha" de Lula, sino una decisión pragmática para ampliar la base electoral, reducir resistencias empresariales y construir un puente hacia sectores moderados. Esa ampliación condiciona y modera al gobierno, pero también puede ser uno de sus principales instrumentos para convivir con un Senado más conservador.
El centrão: una red antes que un bloque
—Parte del centrão declaró neutralidad e hizo alianzas estaduales. ¿Es debilidad de Flávio o conducta esperable?
—Es ambas cosas, aunque estructuralmente es una conducta esperable y políticamente revela un límite de Flávio. El centrão no funciona como un partido ideológico nacional. Funciona como una red de gobernadores, intendentes, candidatos legislativos, dirigentes estaduales y operadores parlamentarios. Por eso puede acompañar a Lula en un estado, a Flávio en otro y a un candidato propio en un tercero. El centro brasileño opera como una red territorial antes que como un bloque ideológico homogéneo.
La neutralidad de União Brasil y Progressistas fue formalmente adoptada para que sus candidatos pudieran apoyar en cada estado a la fórmula presidencial que mejor se adaptara a las alianzas locales. Las conducciones partidarias explicaron que su prioridad era fortalecer las bancadas legislativas, las candidaturas a gobernador y las listas estaduales. Eso es racional, porque en 2026 no sólo se disputa la Presidencia: se eligen dos senadores por estado y toda la Cámara de Diputados. Para muchos partidos, aumentar su bancada y controlar gobiernos estaduales puede ser más valioso que quedar subordinados desde el comienzo a un candidato presidencial.
Sin embargo, el grado de neutralidad también muestra una debilidad concreta de Flávio. No consiguió transformar el peso electoral del apellido Bolsonaro en una coalición nacional suficientemente amplia. Las crisis internas de su candidatura, la dificultad para definir una vicepresidencia externa al PL y la negativa de União-PP, Republicanos y Podemos redujeron su capacidad de presentarse como conductor indiscutido de toda la derecha.
—¿Cómo se van a comportar el domingo?
—En primera vuelta predominarán las alianzas estaduales y la dispersión. En una eventual segunda vuelta aparecerá una inclinación mayoritaria del centro-derecha hacia Flávio, pero no un encolumnamiento total ni automático. Una parte importante de esos dirigentes lo preferirá por oposición al PT, afinidad conservadora o proximidad con Tarcísio de Freitas, el gobernador de São Paulo. Pero habrá gobernadores, senadores y estructuras locales que mantendrán vínculos con Lula por intereses productivos, obras, acuerdos estaduales o conveniencia legislativa. El apoyo de un gobernador tampoco garantiza que la totalidad de sus votantes se transfiera al candidato que él señale.
El propio Tarcísio explicó públicamente que la neutralidad del centrão busca preservar votos y alianzas en el Norte y el Nordeste, donde Lula es más competitivo, mientras que en el Sudeste existe mayor espacio para Flávio. Al mismo tiempo, el PL llega con apoyos explícitos limitados en buena parte del Nordeste, lo que muestra que la estrategia territorial todavía presenta debilidades.
—¿Lula puede ganar en primera vuelta?
—Por ahora no parece el escenario de base, pero sí constituye su objetivo estratégico: acercarse al centro antes de que el centro tenga la oportunidad de reagruparse detrás de Flávio. Por eso multiplica gestos hacia electores que no son parte del núcleo duro del PT. No busca solamente sumar votos individuales, busca volver más costoso para los dirigentes del centro presentarse como una oposición frontal a su gobierno.
