Por qué la derrota de Viktor Orbán en Hungría es un duro golpe para Putin y un alivio para Ucrania y el resto de Europa
Los líderes europeos, incluyendo Volodymyr Zelensky, comparten la alegría de los húngaros por la derrota del aliado de Vladimir Putin en la Unión Europea.
El emblemático Puente de las Cadenas de Budapest une ambos lados de la ciudad —la hermosa Buda con la vibrante Pest— a través del río Danubio. Por la noche, las luces que iluminan el puente brillan como pequeñas lunas en las aguas.
Normalmente, es el lugar favorito de los turistas, excepto el pasado domingo.
Tras un resultado electoral histórico que derrocó abruptamente al primer ministro Viktor Orbán después de 16 años en el gobierno, el puente se iluminó de verde, blanco y rojo, los colores de la bandera húngara.
Los partidarios del victorioso Péter Magyar y su partido Tisza dijeron sentir que estaban recuperando su país. Un sentimiento que Magyar les transmitió en su discurso de victoria.
"Lo logramos", dijo. "Derrocamos al régimen de Orbán; juntos liberamos Hungría. ¡Recuperamos nuestra patria! ¡Gracias! ¡Gracias a todos!"
Se respiraba un ambiente histórico. La participación electoral fue récord. A pesar del férreo control de Orbán sobre los medios estatales, los cambios que introdujo en el sistema electoral para favorecer a su partido y la enorme influencia que sus amigos y familiares ejercen en puestos de poder en la "democracia iliberal" en la que, según él, convirtió Hungría, el líder de Fidesz sufrió una aplastante derrota en las urnas.
Vi a multitudes de votantes primerizos bailando por las callejuelas de Budapest, embriagados por una mezcla de esperanza e incredulidad en la madrugada del lunes.
"Lloré cuando marqué la X en mi papeleta", me dijo Zofia. "Todavía no me lo creo. ¡Pero lo hicimos!".
Mientras Zofia hablaba, su grupo de amigos coreaba a viva voz: "¡Rusos, váyanse a casa!".
Para Orbán, lo sucedido es un giro irónico de la historia. El exlíder se hizo famoso en 1989, en la entonces Hungría comunista, al instar a los rusos a irse del país en un apasionado discurso pronunciado en los últimos días de la Unión Soviética.
Una proclama que se oyó por primera vez en Budapest durante el fallido levantamiento anticomunista húngaro de 1956.
Cambio de rumbo
Pero con el paso de los años, Orbán cambió de rumbo político. Se inclinó aún más hacia la derecha, adoptando una postura autoritaria, y durante esta campaña electoral, su antiguo discurso de los 90 fue utilizado en su contra por críticos indignados por su larga y estrecha relación con el presidente ruso Vladimir Putin.
La derrota de Orbán representa un duro golpe para Putin, quien se benefició de tener un aliado dentro de la Unión Europea. Orbán retrasó la aplicación de sanciones tras la invasión rusa de Ucrania y ha estado bloqueando un importante préstamo de la UE a Kiev, que Ucrania necesita para sobrevivir.
Pero la pérdida de Rusia es la ganancia de Ucrania. El presidente Volodymyr Zelensky felicitó rápidamente a Hungría el domingo por la noche, escribiendo en X que esperaba con interés un "trabajo constructivo" conjunto.
El mensaje no es precisamente efusivo, como se podría esperar. Pero Zelensky es muy consciente de que muchos húngaros desconfían de su país.
Orbán utilizó carteles de campaña y mítines para advertir a los votantes que solo él podía garantizar su seguridad e impedir que la guerra en Ucrania se extendiera más allá de la frontera, poniendo en peligro la vida de sus seres queridos.
Es probable que Magyar actúe con cautela una vez en el gobierno. Es improbable que revierta la decisión de Orbán de no enviar ayuda militar a Ucrania, por temor a enemistarse con los húngaros, aunque ha prometido a Bruselas que su país ya no obstaculizará el préstamo de US$105.000 millones a Kiev, bloqueado por Orbán.
Adiós al "obstructor"
Pocos líderes europeos lamentarán la marcha de Orbán. En Bruselas se le apodaba "el Obstructor", pero, en un sentido más amplio, se le consideraba la fisura en un frente unido europeo frente a las amenazas de Moscú, Pekín y, más recientemente, también de Estados Unidos.
El domingo por la noche, el primer ministro británico, Keir Starmer, describió este hecho como un momento histórico para la democracia europea. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que Hungría había elegido Europa.
En Washington, el presidente estadounidense Donald Trump habrá estado mucho menos eufórico.
Los votantes húngaros le han arrebatado a su aliado más cercano en Europa. Trump apoyó repetidamente a Orbán, incluso enviando a su vicepresidente a Budapest en plena guerra con Irán para asistir a un mitin a su favor.
¿Por qué? Ambos admiran al primer ministro húngaro saliente como una figura destacada de la derecha nacionalista cristiana y "antiglobalista". Steve Bannon, exjefe de estrategia de Trump y defensor de los movimientos nacionalistas populistas en Europa, describió a Orbán como un "héroe".
Si bien algunos analistas interpretan el ignominioso destino de Orbán como una señal de que el nacionalismo populista en Europa ha llegado a un punto muerto, yo soy más cautelosa a la hora de sacar esas conclusiones.
Familia y roles de género tradicionales
Es cierto que el partido Agrupación Nacional de Marine Le Pen no cumplió con las expectativas en las elecciones locales francesas del mes pasado y que la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, fue castigada recientemente por los votantes en un referéndum sobre reformas judiciales que se convirtió en un juicio a su gestión; sin embargo, todos estos ejemplos están marcados por particularidades nacionales.
Orbán llevaba tiempo alienando a sectores de la sociedad húngara: la izquierda, la comunidad LGBTQ+ y muchas mujeres que sentían que sus derechos se veían menoscabados por la agenda de Orbán, centrada en la familia y los roles de género tradicionales.
Pero el golpe de gracia para su carrera política llegó cuando incluso sus seguidores más tradicionales lo abandonaron en masa.

Un día antes de la votación, visitamos Felcsút, el pueblo natal de Orbán.
Proveniente de un entorno humilde, ahora ha invertido grandes sumas de dinero en la comunidad, construyendo su propio estadio y academia de fútbol.
Su yerno está vinculado a un lujoso campo de golf en la zona, mientras que su padre está reconstruyendo una finca privada cercana, cuyo coste se estima en unos US$30 millones.
Orbán siempre ha negado las acusaciones de corrupción y, cuando la economía húngara gozaba de mejor salud, muchos estaban dispuestos a hacer la vista gorda.
Sin embargo, en los últimos años, la inflación se ha disparado y el nivel de vida ha caído en picada, mientras que el círculo íntimo de Orbán parecía enriquecerse cada vez más.
¿Quién es Péter Magyar?
"Nos falló. Le falló a su país. Nos engañó", me dijo con cansancio Gyárfás Oláh, antiguo seguidor de Orbán y exalcalde local.
Entre los votantes de Magyar hay un número significativo de húngaros que votaron en contra de Orbán, en lugar de a favor de Magyar. Aún no tiene experiencia en el gobierno.
Entonces, ¿quién es? ¿Qué tipo de primer ministro será en su país o como interlocutor con los aliados de Hungría en el extranjero?
Es un hombre de 45 años, enérgico (durante la campaña participaba en cuatro a seis mítines diarios), inteligente y telegénico, que empezó su carrera política en el partido Fidesz de Orbán para formar el suyo propio más adelante.
Esto significa que, al igual que Orbán, es un nacionalista conservador y entre otras cosas, le encanta llevar la bandera húngara a todos los eventos políticos.
Podría decirse que los votantes húngaros necesitaban un candidato de centroderecha en torno al cual unirse antes de considerar darle la espalda a Orbán. Hungría es un país socialmente conservador. Cabe esperar, por ejemplo, que las actitudes antimigratorias de Orbán continúen bajo el nuevo gobierno.
Sin embargo, Magyar ha prometido reformas radicales para "revertir el régimen de Orbán", incluyendo el debilitamiento de los lazos con Rusia y el restablecimiento de las relaciones con Europa.
Por ahora, la mayoría de los húngaros afirma que sus prioridades son internas: mejorar la economía y los servicios públicos del país, reducir la inflación y el costo de vida. Hay mucho por hacer.
Con una sonrisa radiante el domingo por la noche, rodeado de seguidores eufóricos, Magyar les dijo a la multitud: "¡Esta noche celebramos! ¡Mañana, a trabajar!".
Magyar no asumirá oficialmente el cargo de primer ministro hasta que el presidente de Hungría le pida que forme gobierno. Se espera que esto ocurra dentro de aproximadamente un mes.

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FUENTE: BBC

