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Phoenix cubrió 58 kilómetros de calles para bajar el calor: funcionó, pero apareció un problema inesperado para los peatones

Phoenix implementó un recubrimiento especial en 58 kilómetros de asfalto para combatir el calor extremo, logrando una reducción de hasta 7°C en la superficie, pero evidenció un efecto adverso para los peatones.

Phoenix comenzó en 2020 una prueba con pavimento reflectante sobre unos 58 kilómetros de calles para combatir el calor extremo.

Phoenix comenzó en 2020 una prueba con pavimento reflectante sobre unos 58 kilómetros de calles para combatir el calor extremo.

El calor extremo obliga a algunas ciudades a buscar soluciones cada vez menos convencionales. Phoenix, en Arizona ( Estados Unidos), decidió actuar directamente sobre uno de los grandes responsables de la llamada isla de calor urbana: el asfalto. En 2020, las autoridades cubrieron alrededor de 58 kilómetros de calles con un material especial diseñado para reflejar la radiación solar en lugar de acumularla.

La prueba alcanzó sectores de ocho barrios y parte de un estacionamiento público. Sobre el pavimento existente se aplicó CoolSeal, un recubrimiento de base acuosa y color gris claro que absorbe menos energía que el asfalto convencional. La Universidad Estatal de Arizona (ASU) siguió el proyecto durante un año para comprobar hasta qué punto podía ayudar a combatir las altas temperaturas.

El experimento de Phoenix consiguió enfriar el asfalto

Los primeros resultados fueron contundentes. Durante el mediodía y las horas de la tarde, las superficies tratadas registraron temperaturas entre 5,8 y 6,7 °C más bajas que el pavimento tradicional. Incluso las capas ubicadas debajo de la superficie resultaron más frescas.

El pavimento utilizado en Phoenix logró bajar casi 7 °C la temperatura de la superficie, pero aumentó la radiación que recibían los peatones.

El pavimento utilizado en Phoenix logró bajar casi 7 °C la temperatura de la superficie, pero aumentó la radiación que recibían los peatones.

El sistema funciona mediante un principio relativamente sencillo: una calle oscura absorbe buena parte de la radiación que recibe durante el día y posteriormente libera ese calor. El pavimento claro, en cambio, refleja una proporción mayor de la energía solar. Las mediciones también detectaron que durante la noche la temperatura del aire a unos 1,8 metros sobre el pavimento tratado era ligeramente inferior.

El éxito inicial hizo que Phoenix mantuviera el programa. La iniciativa dejó de ser únicamente una prueba piloto y pasó a formar parte del mantenimiento habitual de las calles. Según datos actuales de la ciudad, ya se aplicó pavimento frío sobre más de 140 millas de vías, unos 225 kilómetros.

¿Enfriar las calles perjudica a los peatones?

Sin embargo, los investigadores encontraron una paradoja. El calor que el pavimento dejaba de absorber no desaparecía: parte de la radiación era reflejada hacia arriba. Cuando los científicos midieron la experiencia térmica de una persona situada sobre esas calles, comprobaron que durante las horas más calurosas la temperatura radiante media era unos 3,1 °C mayor que sobre el asfalto tradicional.

Esto no significa que la temperatura corporal de una persona aumentara 3,1 °C, sino que recibía una carga de radiación mayor. El hallazgo mostró que enfriar el pavimento no necesariamente significa hacer más confortable una calle para quienes caminan por ella. La experiencia de Phoenix apunta así a una solución más amplia: combinar materiales reflectantes con árboles, estructuras de sombra y otras medidas capaces de proteger directamente a las personas del sol.