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"Para mí, eran como mis hijos": el duelo de una profesora que perdió a más de 200 alumnos en el doble terremoto de Venezuela

Madeleine Cova es una profesora de secundaria que llora los estudiantes que perdió en los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el 24 de junio. “Me queda un vacío, es como si me faltara una parte de mi cuerpo”.

https://www.bbc.com/mundo/articles/cxr501n9z45qo
Cortesía de Madeleine Cova

"Muchas personas no entienden por qué me siento así, si mi familia está bien, si mis hijos están bien, si a mí no me pasó nada", cuenta la profesora Madeleine Cova.

"Pero siempre estoy triste".

Le han dicho que no llame depresión a lo que siente, sino estado de tristeza profundo. Ella dice que está de "duelo".

"Es que no entienden que estaba demasiado involucrada con mis niños".

Se refiere a sus estudiantes que murieron en el doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela el 24 de junio.

"Hay personas que no entienden mi sentir, que cuestionan por qué aún me siento tan mal. En mis estados de WhatsApp coloco a mis niños, siempre les dedico canciones".

Con los estudiantes a los que les dio clases, Cova estableció una relación muy estrecha.

"Me contaban sus problemas, sus metas, hablábamos muchísimo, salíamos a comer, yo iba a sus cumpleaños".

"Las mamás que perdieron a sus muchachos me llaman, me escriben, nos consolamos mutuamente. Yo les digo: 'No sé cómo haces para levantarte cada mañana. Si yo me siento mal, ¿cómo te sentirás tú que eres la madre?'. Es un dolor que no puedo describir porque es inmenso y me afecta muchísimo todavía".

"Me pasa que estoy en sitios a donde fui para recrearme y me siento culpable porque no quiero sentirme bien, no quiero olvidar lo mucho que significaron para mí y que ya no están".

"Para mí, eran como mis hijos".

En dos planteles

Cova nació en La Guaira, el estado más devastado por los terremotos que dejaron más de 6.500 muertos, según información gubernamental.

La tragedia también dejó miles de desaparecidos, de acuerdo con estimaciones de otras fuentes. Pero, de eso, no hay certeza.

Antes del sismo, la profesora Cova trabajaba en el colegio privado Alejandro Otero, en La Guaira, donde impartía Castellano y Literatura a los cursos que iban de primer a quinto año de secundaria.

Madeleine Cova, vestida con una camisa azul claro y un pantalón y zapatos negros, muestra un certificado de reconocimiento por el Día del maestro en un patio donde hay varios alumnos, con sus mochilas, en formación. Al fondo se ve enarbolada la bandera de Venezuela
Cortesía de Madeleine Cova
"Tuve el privilegio de amarlos y de decírselo", dice Cova de sus alumnos. (Foto previa a los terremotos)

También era coordinadora del segundo año (de secundaria) en el liceo público Juan José Mendoza, en donde sigue trabajando.

En julio, la docente publicó en TikTok un video que dedicó a sus pupilos.

"El terremoto me quitó una parte de mí: Mis 15 alumnos del privado y 100 del público", escribió.

"Ustedes no merecían irse", es una de las frases que se pueden leer mientras pasan fotos y videos de los adolescentes y de ella en el colegio.

"En ese homenaje están estudiantes que perdí y sus compañeros", me cuenta en una videollamada desde La Guaira.

"Cuando hice el video, tenía 115 estudiantes muertos. Ya esa realidad cambió. Hoy día, en el liceo público, tengo más de 230 niños fallecidos y más de 200 desaparecidos".

El doloroso inicio del año escolar

El 14 de septiembre, el gobierno dio por iniciado el nuevo año escolar en todo el país.

Ese día, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, recordó a los niños y adolescentes que murieron en el doblete sísmico.

Un salón de paredes blancas, con una pizarra blanca al frente. La mayoría de los pupitres de madera están vacíos. Al lado derecho, se ve una maestra parada que le muestra una hoja a dos niñas sentadas
Federico PARRA / AFP vía Getty Images
Esta foto fue tomada en una escuela de La Guaira el 15 de septiembre.

"Hemos tenido afectaciones que hemos venido recuperando, 11 escuelas se desplomaron, casi 1.017 tuvieron afectaciones, muchas de ellas ya han sido rehabilitadas y otras están ya en proceso de recuperación", señaló en una transmisión del canal estatal Venezolana de Televisión.

De acuerdo con la mandataria, más de 86.000 niños que fueron afectados por el doble terremoto, fueron reubicados en distintas escuelas para que asistan a las clases.

La profesora Cova cuenta que muchos de los estudiantes del liceo Juan José Mendoza vivían en algunas de las zonas de La Guaira más devastadas por los sismos.

Toma aérea de edificios colapsados, se ven algunas personas, algunas con cascos y chalecos verdes. También hay maquinaria pesada.
Federico Parra / AFP vía Getty Images
Caraballeda, en La Guaira, fue una de las zonas más devastadas por los terremotos del 24 de junio.

"Muchos niños murieron, muchos quedaron huérfanos, las cifras son horribles. De hecho, somos el centro educativo con más niños fallecidos confirmados, más de 230".

"Teníamos aproximadamente 22 secciones de lo que es la educación media general, que es la secundaria, sin incluir los años de primaria. De esas 22 secciones, solo hemos llenado cinco secciones, una por año, es decir, un primer año, un segundo año, un tercer año y así sucesivamente, antes había primer año A, primer año B, primer año C, D, E y hasta F".

"Tener una sola sección es devastador por el trasfondo: tantas perdidas más todos los alumnos que se han ido a otros estados de Venezuela, en busca de refugios temporales con sus familiares. Perdimos mucha población estudiantil".

"Los docentes estamos rotos, estamos inmensamente rotos".

"Como si me faltara una parte de mi cuerpo"

Pensar en los alumnos de ambos planteles que murieron es desolador.

"Me queda un vacío, es como si me faltara una parte de mi cuerpo".

En el colegio donde daba clases de Castellano y Literatura, dice que perdió a 16 de sus estudiantes.

Cuando piensa en ellos, siente que, "de alguna manera", pudo haber hecho algo para "no perderlos".

Dos carteles en una pared. Uno dice: Clases 2026 y tiene dos niños dibujados y otro que dice Feliz Regreso a clases y tiene una fotografía de varios colores.
Julio Urribarri/Anadolu vía Getty Images
Una pared en el Colegio Juan XXIII Catia La Mar, en La Guaira. La foto fue tomada el 14 de septiembre.

"Ese sentimiento de culpa terrible me persigue y me digo: ¿por qué ese día feriado opté por descansar y no por inventar algo con ellos?, ¿por qué no invité a los muchachos a la playa, a hacer un compartir?, ¡Dios mío ¿por qué no hice tal cosa o tal otra?! Y todo eso me hace sentir muy mal".

"Además, como me tuve que ir a Caracas a apoyar a mi sobrina que resultó herida, tengo sentimiento de culpa por no haber estado cuando los buscaban entre los edificios caídos. Eso me atormenta".

"Esos niños eran mi felicidad y no es que desplacen mi felicidad con mis hijos y con mi familia. Es un tipo de felicidad diferente y también hermoso".

Sonríe cuando me cuenta que ir al colegio era llegar a "mi lugar feliz".

"Mis mañanas eran una cosa de otro mundo. Llegaba antes de que tocaran el timbre y venían en grupo, me agarraban, 'Made, bendición', me decían algunos".

"Teníamos dos recreos de 20 minutos entre clases y se supone que uno va al baño, desayuna, pero yo no podía, me decían: 'Made, ven acá que te voy a contar un problema', '¿tú sabes qué me pasó?'. Era su amiga y ellos eran mis amigos".

Y es que recuerda que notaban si algún día estaba decaída.

"Quizás llegaba muy callada, ni siquiera era que tuviera mala cara, y me decían: '¿Qué te pasa Made?, ven acá, no te sientas así'".

De un jardín al salón

Cova dice que nació para ser profesora.

"Viví con mi familia en casa de mi abuela. En su patio había una pared enorme y un jardín con muchas flores", recuerda de su infancia.

"Yo les daba clases a esas flores. Ellas eran mis alumnos y en la pared rayaba las tareas. Siempre quise ser docente, desde niña".

Para Cova, es fundamental que cada miembro de su clase se sienta visto, escuchado, querido. "A nuestros adolescentes les hace falta eso".

Un salón de clases. Madeleine Cova, vestida con una camisa azul y un pantalón negro, está sentada en su escritorio, de perfil, con un cuaderno en la mano. En el escritorio está su cartera, al frente sus alumnos y en la pared están los retratos de próceres de Venezuela
Cortesía de Madeleine Cova
"Siempre quise ser docente, desde niña", dice Cova. (Foto previa a los terremotos)

Me cuenta que "los docentes acá, en Venezuela, son muy cercanos".

"Lo sé", le digo. Tengo recuerdos hermosos de mis maestros en escuelas de Caracas. De hecho, sigo en contacto con una de las más queridas, mi profesora de matemáticas de la secundaria llamada Claret. Ese vínculo no conoce el paso del tiempo.

La experiencia de Cova le ha demostrado que a veces los jóvenes se sinceran más con un docente con el que conectan, que se sienten más libres para expresar si algo les preocupa.

"Le decimos al alumno: 'Ven acá, ¿por qué te sientes así?, ¿qué pasó?, ¿por qué no estás escribiendo? Vamos a hablar".

"Uno se relaja en algunos temas, les aclara las dudas, los consuela, 'vamos a buscarle la vuelta a este problema, tranquilo' y te escuchan".

Destaca la riqueza de contenidos académicos accesibles en internet, pero "está en nosotros, aplicando la pedagogía del amor, hacer que ese conocimiento sea significativo, que lo disfruten, que les quede".

Y también que ese encuentro en la escuela sea valioso, que "le tomen cariño a la materia" y que se sientan motivados.

"Lo académico quizás se puede quedar corto, pero a mí me encanta que ellos sepan que no son un número, que no son un pupitre".

"Quizás un tema u otro lo van a olvidar, pero lo que nunca se les va a olvidar es cómo los tratamos".

Como una mariposa

Cova recuerda un grupo de cuarto año de secundaria que la "flechó" cuando ingresó al colegio privado en el que daba clases.

"Había chicos con capacidades diferentes, niños que no querían exponer y, después, les encantaba hacerlo. Y es que le dábamos la vuelta a todo".

"En uno de mis cumpleaños, me hicieron una sorpresa muy emotiva y nos pusimos a hablar".

Un salón de clases. Madeleine Cova, vestida con una camisa azul y un pantalón negro, está parada y posa con un ramo de flores amarillas. Atrás a un board y un televisor
Cortesía de Madeleine Cova
"Soy una profe con un corazón de luto", escribió Cova en un video que publicó en TikTok. (Foto previa a los terremotos)

Me cuenta que, entre sonrisas, les preguntó en tono de broma: "¿Y ustedes por qué me ven como una heroína, un superpersonaje, una diosa griega?".

Y uno de ellos tomó la palabra:

- Profe, porque tú eres como las mariposas

- ¿Y cómo es eso?

- Porque las mariposas no ven su propia belleza, quien contempla la belleza de sus alas son las personas que las ven.

Esa respuesta no solo la hizo llorar en ese momento, la marcó.

"Aprendimos a ser intensos todos, 'vengan, exprésense, ¿qué quieren decir?' Vivía enamorada de ese grupo".

"De esa sección, perdí a tres estudiantes".

Con lágrimas, me habla de una de ellas y de su talento para pintar.

"Hermosa, brillante, dulce, me hace una falta enorme".

O del alumno que era muy tímido y luego descubrió que hacía teatro fuera de la escuela.

"Lo puse de director de las obras finales del lapso y se encargó de organizar al grupo, ejerció un liderazgo maravilloso después de que ni hablaba en el salón".

"Y me dijo: 'Made, gracias'. Yo lo regañaba porque tenía el síndrome del impostor. Redactaba bellísimo, pero decía que en todo tenía un defecto. Yo le decía: 'No, tú eres bello, mira todo lo que haces, eres muy valioso'. Me hace mucha falta".

Los que se fueron de La Guaira

Cova perdió a su padre en el deslave que ocurrió en La Guaira en 1999.

"Me dolió muchísimo, perdí como 20 kilos por la depresión, fue mi primer duelo fuerte. Pero esto que he experimentado con todos mis niños ha sido otra cosa".

"Es como si todos fueran mi familia, mis sobrinos y me hacen faltan. Quiero saber que, aunque no están conmigo, están bien en otro lado".

"Perder a los que murieron y a los que se fueron del estado me ha afectado muchísimo".

"Sé que están bien y eso me calma un poco, pero quisiera estar con ellos. Los voy a atesorar por siempre, me van a hacer falta".

Un atardecer en el que se ve el cielo anaranjado. Una grúa gigante remueve escombros en medio de estructuras colapsadas
Juan BARRETO / AFP vía Getty Images

Por ahora, no tiene previsto volver al colegio privado en el que enseñaba Castellano.

"Tuve que retirarme de allí, el duelo no me permite regresar. Intenté entrar, pero me afectó demasiado, muchos recuerdos de mis 16 muchachos".

"Siento como que me quitaron una parte del cuerpo, como si me faltara un brazo, no sé definirlo, solo sé que es muy desolador vivir todavía acá".

Cuenta que tiene familiares que viven al otro lado del estado y que para llegar allá tiene que cruzar una de las áreas más devastadas por los terremotos.

"Voy en el carro y me siento muy triste cuando paso por ahí, es una lucha enorme".

Y es que ve los escombros en que se convirtieron las viviendas de algunos de sus estudiantes.

"Yo conocía a mis niños, sabía dónde vivían".

"Siempre he sido de La Guaira, no me imagino vivir en otro lado.Es algo que distingue al guaireño, le cuesta adaptarse a otros entornos, uno es mar, uno es estos atardeceres".

"Mi sobrina que, gracias a Dios ya está mejor, me propuso mudarme a Caracas".

"Pero, aquí, en La Guaira están mis afectos, mi madre, mi familia, aunque no lo descarto porque a veces el miedo me invade", dice desde su casa que "sufrió daños menores".

Sigue trabajando como docente del liceo público Juan José Mendoza que, me cuenta, no sufrió daños estructurales, pero al que han sometido a un proceso de acondicionamiento.

"Mientras tanto estamos atendiendo a los niños en otra institución cercana".

"Vamos a vivir por ellos y por nosotros"

Cova se unió al profesorado de otro colegio. "Murió una colega que daba mi asignatura y me llamaron".

"El recibimiento fue con un grupo de psicólogos muy bueno y van a empezar a atendernos porque es importante el bienestar del personal".

Cuatro niños, sentados en sillas de plástico rojas, en una mesa con una profesora dentro de una tienda. Se ve libros y otros utensilios escolares.
Federico Parra / AFP vía Getty Images
Tres días después del doblete sísmico, Unicef estimó que 680.000 niños y niñas necesitaban asistencia humanitaria.

"No lo quería admitir, pero lo necesito", dice. "Estaba negada, pero necesito que me orienten, estoy muy anclada al duelo".

"Algunos de mis estudiantes me escriben: 'Made, no, quédate tranquila, vamos a vivir por ellos y por nosotros'. Ellos mismos, los que se fueron de La Guaira porque perdieron sus cosas, me han levantado, me escriben, me aconsejan".

Cova hace un llamado para que se ayude a los docentes de La Guaira y de cualquier lugar que se sientan afectados por los terremotos.

"Cuando tú eres docente y tu fuente de trabajo la tienes allí, abrazándote, ¿cómo te arrancas el dolor?".

Me dice que recuerde que los profesores de secundaria cambian de grupo cada hora y media. "Ahora piensa en las maestras que están todo el día con sus niños y están sufriendo por los que perdieron".

"Estoy aquí para ustedes"

Yssa Hernández es docente y directora de una escuela que ofrece educación inicial, desde el nivel de maternal hasta tercer grado de preescolar, que pertenece a la Asociación Civil Juvenil Alborada.

"Perdimos a ocho alumnos", me cuenta, en una videollamada, desde ese plantel ubicado en Caraballeda, "a unos 300 metros de la zona cero".

"Y hay otros que no volverán porque se fueron del estado, la mayoría emigró".

Laura Brito, con una camisa azul oscuro y jeans, Oneida Castillo, con una camisa azul y jeans, e Yssa Hernández, con una camisa azul de rayas blancas y jeans, sentadas en un banco de madera. Atrás tienen una ventana con rejas beige
Cortesía de Yssa Hernández
Las docentes Laura Brito, Oneida Castillo e Yssa Hernández hicieron actividades de contención emocional con niños en su escuela en La Guaira.

Su objetivo es iniciar las clases en pocos días. En un año normal, indica, la matricula es de 110 niños. Este año, tiene inscritos 11.

"Estos dos meses han sido sumamente duros porque todos estamos deshechos".

En julio, con ayuda de docentes jubilados y organizaciones no gubernamentales y religiosas, les dieron atención recreativa y contención emocional a niños de entre 3 y 12 años.

"En una de las actividades, una niña nos dijo que quería ser un superhéroe para volar por encima de los edificios y salvar a la gente cuando ocurriera un terremoto", cuenta la docente Laura Brito.

Otra maestra, Oneida Castillo, recuerda cuando los niños se le acercaron. "Uno me dijo: 'Profe, mi papá perdió el brazo', otro me dijo: 'Se me murió mi primo y mi tío' y, así, empezaron a surgir muchas experiencias, pero todas sobre muertos. Fue muy, muy triste. Tenía el corazón roto. Sin saber qué decir, los abracé".

Hernández cuenta que Cecodap, una organización que promueve los derechos de los niños, está ofreciendo en su plantel apoyo psicológico para los niños y los padres.

"A los docentes nos va a tocar contener y guiar", indica la educadora. "Este año escolar tenemos que llevar un poquito de luz a cada hogar. Lo académico viene por añadidura, este año es reconstruir al ser humano".

Por eso, considera fundamental que su personal y los docentes de las zonas afectadas también cuenten con apoyo psicológico.

Castillo ya pensó en lo que les dirá a sus alumnos el primer día de clases:

"Estoy aquí para ustedes, para darles mucho amor, porque esta es su casa".

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FUENTE: BBC