Más allá del Golfo: cómo la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos sacude al mundo
El conflicto impacta en los precios del petróleo, la guerra en Ucrania y el equilibrio entre potencias como Rusia y China.
Rusia y China, expectantes por cómo será el desenlace de Irán.
XLa guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán no puede leerse solamente en términos regionales. Aunque los bombardeos, los misiles y los movimientos militares se concentran en Medio Oriente, sus efectos se sienten mucho más allá.
El conflicto impacta, además, en cuatro dimensiones sensibles del sistema internacional: la seguridad energética, la competencia entre potencias, el equilibrio de la guerra en Ucrania y la estabilidad de las cadenas comerciales globales.
El petróleo ocupa el centro de esa ecuación. La posibilidad de interrupciones en el estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo— volvió a encender las alarmas de los mercados. Cada vez que esa ruta aparece amenazada, sube no solo la tensión diplomática, sino también el precio del crudo.
Al agregarse la incertidumbre variable, el mercado reacciona anticipando una eventual escasez o mayores costos de transporte. Y cuando el petróleo sube, las consecuencias se expanden rápidamente hacia la inflación, el comercio y las cuentas fiscales de países importadores y exportadores.
El oso Putin
En ese escenario, Rusia aparece como uno de los actores que podrían beneficiarse de manera indirecta. Un precio internacional del crudo más alto mejora los ingresos de cualquier exportador energético, y Moscú sigue siendo uno de los grandes jugadores de ese mercado.
La suba del petróleo y del gas podría darle al Kremlin más margen financiero en un momento en que continúa sosteniendo la guerra en Ucrania y enfrentando sanciones occidentales.
Desde esa perspectiva, una crisis prolongada en Medio Oriente puede aliviar parcialmente la presión sobre la economía rusa y darle a Putin un contexto internacional menos desfavorable que el que tendría con precios energéticos deprimidos.
No se trata solo de ingresos. También hay un factor geopolítico. Si Estados Unidos y Europa deben concentrar parte de su atención política, militar y diplomática en Medio Oriente, Ucrania corre el riesgo de perder centralidad.
Mirando desde la gran muralla
A diferencia de Rusia, Pekín no necesita que el petróleo suba, su prioridad es la estabilidad. Como gran importador de energía y socio comercial global, China tiene mucho que perder si el Golfo se convierte en una zona de conflicto prolongado.
En 2025, compró una porción decisiva del petróleo iraní, incluso bajo sanciones estadounidenses, lo que confirma hasta qué punto Irán es importante para su seguridad energética.
Pero al mismo tiempo, China posee intereses en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y otros productores del Golfo. Por eso su posición descansa en la defensa de la soberanía iraní y la presión por un alto el fuego que evite una ruptura mayor en el flujo de energía y comercio.
Ese equilibrio muestra el lugar particular que ocupa Pekín. China es un socio clave para Irán, pero no un aliado dispuesto a quedar atrapado en una confrontación regional ajena. Su estrategia global sigue basada en minimizar sobresaltos que afecten su abastecimiento, sus exportaciones y sus proyectos de inversión.
El impacto global del conflicto también se mide en rutas marítimas. La guerra no solo amenaza el estrecho de Ormuz, sino también otros corredores sensibles como Bab el-Mandeb o el Mar Rojo, ya tensionados en los últimos años por ataques de milicias aliadas de Irán.
Si a eso se le suma el encarecimiento de seguros y el desvío de buques, el problema también pasa a ser logístico. El comercio global depende de que esos corredores funcionen previsibilidad. Al fallar, suben los costos, se alargan los tiempos de entrega y aparecen nuevas presiones sobre precios internacionales.
El cada vez más viejo continente
Europa también mira el conflicto con inquietud y preocupación. Aunque su dependencia directa del crudo iraní es limitada, una escalada en el Golfo afecta la formación de precios globales y puede repercutir sobre combustibles, transporte e inflación.
Francia y el Reino Unido reforzaron su presencia militar tras la escalada del conflicto. El gobierno de Emmanuel Macron autorizó de manera temporal el uso de bases militares francesas en la región para el despliegue de aeronaves estadounidenses, según informó el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas francesas este jueves.
En paralelo, Reino Unido anunció el despliegue de nuevos recursos militares en el Mediterráneo oriental. Desde el 3 de marzo, Londres ordenó el envío del destructor HMS Dragon, un buque Tipo 45 especializado en defensa antiaérea, junto con dos helicópteros Wildcat equipados con misiles Martlet.
El 2 de marzo, Macron planteó la necesidad de avanzar hacia una nueva arquitectura europea de disuasión nuclear.
Reino Unido, Alemania, Polonia, Países Bajos, Bélgica, Grecia, Suecia y Dinamarca aceptaron participar en las discusiones para reforzar el sistema de defensa del continente
En ese marco, la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán funciona como un multiplicador de inestabilidad. Le da a Rusia una posible ventaja relativa, obliga a China a administrar con cautela sus intereses energéticos y comerciales, sacude los mercados de petróleo y amenaza rutas vitales para el comercio mundial.