Martín Schapiro: "En Venezuela no se cambia un régimen llevándose a un tipo"
Tras la captura de Nicolás Maduro por EE.UU, se abrió un escenario incierto en Venezuela. El analista Martín Schapiro habló con MDZ sobre algunos interrogantes.
Durante más de una década, Venezuela aceleró su deriva autoritaria y se convirtió en un régimen que capturó la arquitectura del Estado y vació su funcionamiento democrático. La intervención militar de Estados Unidos del 3 de enero de 2026 irrumpió en ese escenario como un corte abrupto. No solo por la captura de Nicolás Maduro, sino porque rompió un tabú regional.
La operación, breve y quirúrgica, dejó a todas las partes ante un dilema incómodo. Para el chavismo, porque expuso la fragilidad de un sistema que aún conserva el control del territorio, pero que ahora tiene que ceder ante el enemigo del régimen.
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Para Estados Unidos, porque reactivó una pregunta que dejó heridas profundas tras Irak y Afganistán: qué hacer después de intervenir y cómo evitar que la solución militar abra un problema político mayor.
Y para la región, porque Venezuela dejó de ser un conflicto encapsulado para convertirse en el laboratorio de un una nueva doctrina de seguridad nacional.
En diálogo con MDZ, el abogado y especialista en relaciones internacionales Martín Schapiro, analizó la encrucijada del régimen venezolano.
La entrevista completa a Martín Schapiro
El quiebre institucional: cuándo deja de ser una democracia
—Pasó mucha agua bajo el puente y pareciera ser que todo se circunscribió a la intervención ¿Cuándo datarías vos el quiebre institucional de Venezuela?
Venezuela es un país que ha tenido muchas instancias en las cuales la actuación institucional, la actuación estatal, no se ha ajustado a lo que uno espera de un Estado democrático de derecho plenamente funcional, y eso no ocurre solo con el chavismo.
El surgimiento del chavismo está vinculado al Caracazo, que es un conflicto con cientos de fallecidos. De ahí en adelante hay bastantes instancias. Ahora, si vos me preguntás cuándo considero que Venezuela dejó de ser un país democrático, no es la primera represión. Para mí ocurre después de la elección de asambleístas en 2015, una elección que gana la oposición, cuando el chavismo anula tres diputados de la región amazónica, perdoname si de memoria equivoco la provincia, para que la oposición no tuviera la representación suficiente para hacer modificaciones constitucionales.
Eso ya es un primer quiebre. Son tres diputados, pero tenían esa significación. Junto con eso, el chavismo hace algo mucho más complejo, que es privar de potestades a la Asamblea Nacional para dárselas a una convocatoria constituyente. Además, es una constituyente que se convoca con carácter originario, entre comillas, es decir, como una refundación del Estado, y por lo tanto no limitada por la Constitución venezolana.
Y que se convoca, además, no respetando el principio de un hombre, un voto. Se iba a hacer con la mitad de los representantes electos por voto popular y la otra mitad por instancias de representación de sociedad organizada: colectivos indígenas, colectivos de mujeres, sindicatos, etcétera. Obviamente, era una manera de controlar el padrón y asegurarse una mayoría en esa instancia constituyente, que tenía como función una refundación estatal.
Es muy curioso que esa constituyente delibera durante años, mientras dura el mandato de la Asamblea Nacional electa con mayoría opositora, y después no redacta ninguna Constitución. Es decir, funciona como un ente legislativo paralelo y ni siquiera respeta la excusa bajo la cual fue creada. El punto central era la interrupción de uno de los poderes del Estado controlado por la oposición. Cuando la oposición ya no puede acceder a ese poder que había ganado de manera legítima, aun cuando tuviera que convivir con Maduro, en ese contexto no se puede hablar de un Estado democrático.
Después está el segundo quiebre, que es el de no contar los votos. Eso es lo que pasó en la elección de 2024, de julio. Vamos a decirles los indicios, pero creo que nos quedamos un poco cortos frente a lo que sabemos de esa elección. El oficialismo no ha demostrado de ninguna manera que ganó, como afirma. A punto tal que hoy uno busca qué dijo el CNE que pasó en la elección y solamente tiene un número total de votos, pero no puede responder, por ejemplo, quién ganó en Lara o en Zulia. No ya en cada escuela, sino en cada estado.
La oposición, en cambio, presentó las actas a cerca del 80% de las mesas. Es realmente mucho. Además, es algo de lo que el propio chavismo se jactó durante años: que tenían un sistema difícil de fraguar. Cuando Maduro le gana por muy poca diferencia a Capriles en su primera elección, publican las actas. En este caso, la oposición mostró esas actas y eran coincidentes con las verificaciones que se hicieron.
No lo puedo asegurar categóricamente, por una cuestión profesional, pero hay muy pocas dudas de que la oposición ganó las elecciones, y las ganó con contundencia, incluso con millones de venezolanos que tuvieron que irse al exilio económico.
Con lo cual, creo que son dos puntos: primero, el desconocimiento de una elección aun cuando los votos habían sido contados adecuadamente; y después, cuando se desconoce directamente el resultado por la vía de un fraude que no tiene ni siquiera un viso de sofisticación.
El chavismo y la transición realmente existente
—¿Por qué entonces Donald Trump y la administración republicana inician un proceso de transición o de estabilidad con el chavismo y no con un intento de reconstruir un aparato opositor?
Creo que hay dos motivos grandes. El primero es que no hay en Venezuela un armado opositor en condiciones de tomar el control del Estado. No están los funcionarios, no hay una burocracia opositora capaz de hacerse cargo del país después de más de 25 años de chavismo. Junto con eso, hay una reticencia de los Estados Unidos a intervenir con sus propias fuerzas.
Cuando Estados Unidos interviene en Irak, que por cierto salió muy mal, o en Afganistán, el proceso de desbaazista en Irak se hace con decenas de miles de soldados estadounidenses en el territorio garantizando eso, que por supuesto terminan siendo vulnerables al ataque de fuerzas irregulares. Y después se terminan organizando con fuerzas que estaban alineadas con Irán porque uno tiene que ir a buscar una burocracia.
Entonces, la ausencia de una burocracia opositora en condiciones de hacerse cargo del país, y la reticencia estadounidense a involucrarse en una invasión terrestre de escala que es lo que requiere. Hacer un cambio de régimen requiere eso. Llevarse a un tipo, por más espectacular que haya sido eso, no deja de ser llevarse a un tipo. No se cambia un régimen llevándose a un tipo.
Además, Estados Unidos encuentra en el gobierno venezolano actual, encabezado por Delcy Rodríguez, una disposición a negociar una agenda que le sea de utilidad a los Estados Unidos.
No sé si Trump tiene el control absoluto de Venezuela, como afirma. Hay una disonancia muy grande entre lo que dice Trump y lo que dicen las autoridades venezolanas. Sin duda, muchas de las cuestiones anunciadas por Estados Unidos probablemente se lleven adelante.
Ha habido reuniones confidenciales entre organismos de inteligencia y legisladores estadounidenses, y las versiones son coincidentes, no parece haber dudas de que el gobierno venezolano está dispuesto, por ejemplo, a firmar acuerdos petroleros en los cuales Estados Unidos controle los ingresos y los canalice. Cosas típicas de regímenes coloniales, no de Estados soberanos.
Ahora, cuál es la relación entre el gobierno este de la plana mayor del chavismo y el gobierno de los Estados Unidos, si es de subordinación absoluta o hay algún plan de supervivencia no lo tenemos del todo claro. En todo caso, hay una marca de Delcy Rodríguez que habló de “cuestiones tácticas” que podrán parecer incomprensibles hoy, pero que se explicarán más adelante. Eso da la señal de que buena parte de lo que dice la administración estadounidense probablemente se haga en sus términos.
En todo caso, la prioridad de la burocracia chavista es permanecer en el poder y guardarse para un momento de correlación de fuerzas mejor. Si Estados Unidos no podía ocupar Venezuela porque eso hubiera requerido sangre estadounidense y presupuesto, muy probablemente también el gobierno venezolano haya llegado a la conclusión, y creo que habían llegado a esa conclusión con Maduro incluso, y que Maduro estaba dispuesto a todo esto y que era solo políticamente difícil de presentárselo a sus partidarios, de que esa negociación fuera con Maduro, de que Venezuela no estaba en condiciones de sostener un conflicto asimétrico con los Estados Unidos.
Delcy Rodríguez y la gestión del orden
—¿Qué activos ves en Delcy Rodríguez para encabezar este proceso?
El primero es estar en la línea sucesoria. Hay algo ahí que es importante en ese sentido, que es montar una sensación de normalidad hacia adentro. Si no está la persona que se supone que tiene que estar, se abre una disputa interna que genera inestabilidad. Estados Unidos tiene un objetivo claro que es evitar un escenario de conflicto interno en Venezuela.
Delcy, en ese sentido, tiene una pátina de normalidad que no necesariamente está garantizada, pero que intentar imponer otra figura desde dentro del chavismo habría atomizado a las distintas facciones formales e informales del gobierno.
Lo segundo que me parece sumamente importante, Delcy fue parte del grupo que reconfiguró la economía venezolana después del pico de la crisis de 2016, 2017 y 2018.
Después de la pandemia hubo cierto crecimiento económico y, sobre todo, una estabilización de una inflación millonaria, incalculable, tiene que ver con algunas reformas económicas pro mercado con altos niveles de corrupción, pero que incluyeron la explotación de recursos naturales, como el oro venezolano, con Emiratos Árabes y Turquía bajo lógica de mercado, privatización de tierras y una dolarización que sería la envidia de Javier Milei.
Todo eso se hizo bajo la supervisión y conducción del sector político que representan Delcy Rodríguez y su hermano, siempre, por supuesto, garantizando negocios para las fuerzas de seguridad. Hay una red de patronazgo muy grande para que funcione el gobierno venezolano y para que haya sido todo lo compacto que fue durante estos años.
Cuba: entre la dependencia energética y el fantasma de Caracas
—¿En qué lugar queda Cuba en todo este proceso?
Hay una relación diplomática, política, que es sumamente estrecha evidentemente desde el golpe de estado contra Chávez, fallido, y que Chávez se apoyó en los servicios de inteligencia cubanos, que han sido bastante eficientes en el mantenimiento del poder en Cuba con niveles de complot estadounidense muy grandes y, particularmente, después de la pérdida del apoyo soviético por la caída del muro.
Siempre hubo una relación bastante simbiótica en ese sentido con el gobierno cubano como uno más dentro de los factores de poder dentro del gobierno venezolano. Pero para Cuba hay una cuestión que es clave más allá de la cercanía política, que es la relación económica. Cuba no es el principal destino de las exportaciones petroleras de Venezuela, pero sin lugar a dudas, Venezuela es el principal garante de lo que tiene de seguridad energética una Cuba que está en su peor situación económica desde la caída de la Unión Soviética, lo que ellos llamaron el “período especial”.
Hubo una reconfiguración, una recuperación durante poco más de una década, pero desde la pandemia en adelante que la situación cubana es muy precaria en términos económicos con movimientos migratorios masivos en escala que no se veían en décadas, y un cambio en las fuentes de energía, una pérdida del petróleo venezolano que recibe de manera razonablemente subsidiada significaría un problema adicional en una economía severamente constreñida.
Entonces, creo que Cuba es uno de los actores que miran con mayor preocupación este proceso, y junto con eso, por supuesto, está la posibilidad de que haya alguna forma de intervención directa norteamericana que hoy está, por lo menos en los papeles, en los marcos de posibilidades en lugares como Groenlandia, con lo cual, imaginemos cuál puede ser el grado de preocupación de las autoridades cubanas en una situación económica que es la peor en años, con un gobierno que no encabezaron los que hicieron la revolución. Es mala la situación cubana.
Estados Unidos y la disputa por la sucesión de Trump
—Este año hay elecciones de medio término en Estados Unidos y se empieza a pensar en la sucesión de Trump ¿Qué sectores ves hoy disputándose el post-trumpismo?
Mirando la política exterior, uno podría decir que hay dos miradas que no son totalmente coincidentes. Una es la del secretario de Estado, (Marco) Rubio, y la del vicepresidente J.D. Vance, que tiene una mirada más aislacionista, más escéptica sobre el marco histórico de alianzas de los Estados Unidos.
Diría que Rubio, sin abandonar ninguna de las excentricidades del trumpismo, porque creo que algo que pide Trump, siempre, es lealtad absoluta, y en este gobierno ha tenido mucho más margen para rodearse de sus leales, para formarse con cuadros alineados de lo que llaman la ideología MAGA, representa una mirada más cercana al establishment. Es un halcón en términos latinoamericanos, alineado con la Doctrina Monroe, con énfasis en el continente, y con una posición más intervencionista y más comprometida con las alianzas históricas estadounidense.
Creo que dentro del Partido Republicano J.D.Vance tiene una mirada más escéptica respecto de ese entramado histórico de alianzas. Es una posición más aislacionista, más centrada en los propios Estados Unidos, más nacionalista y, si se quiere, más xenófoba, aunque esos términos siempre hay que tomarlos con cuidado.
Después está la posición de los demócratas, que han cuestionado severamente el uso de acciones de fuerza unilateral y no autorizadas por el Congreso. Con lo cual, si hubiera un cambio de signo político, este tipo de política exterior enfrentaría mayores dificultades. El Congreso podría intentar poner límites y algo de eso podría llegar a la Corte Suprema, que si bien es conservadora, no necesariamente es predecible en cuestiones vinculadas a las potestades presidenciales.



