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"Lo que nuestras creencias sobre los senos revelan acerca de la vida, el amor, el sexo y la sociedad"

Tras someterse a una mastectomía, la socióloga Sarah Thornton se adentró en una investigación sobre los senos que duró cuatro años y que la llevó a hablar con cientos de mujeres.



Dos días antes de someterse a una doble mastectomía, Sarah Thornton fue a nadar. Mientras se cambiaba, vio sus senos y les agradeció por estar ahí, se disculpó por no haberlos "amado lo suficiente", y les pidió que la perdonaran "por dejarlos ir".

Habían pasado siete años "estresantes y agotadores" de chequeos médicos y biopsias.

Los doctores estaban preocupados por las "muchas células raras" que tenía, cuán atípicas y cambiantes eran, y cuán diferente era una mamografía de la anterior.

Con una historia familiar de cáncer de mama, Thornton decidió, en 2018, someterse a una cirugía preventiva y se sintió "increíblemente afortunada" por no haber desarrollado la enfermedad.

Después de la intervención y de la reconstrucción, sintió "un deseo abrumador por entender los múltiples significados y usos de los senos".

Incluso un día antes de operación, le cuenta a BBC Mundo, tuvo la sensación de que estaba perdiendo algo muy importante que no había comprendido.

Con sus implantes, se sumergió en una investigación de cuatro años que la llevó a conversar con más de 200 mujeres, "la mayoría de ellas, expertas, desde diferentes perspectivas, en los senos".

En sus historias, la académica canadiense buscaba profundizar en "esta parte de nuestro cuerpo que ha sido relativamente incomprendida, desestimada e hipersexualizada hasta el punto de que muchas mujeres se sienten un poco al margen de sus propios cuerpos".

La investigación la llevó a muchos lugares, entre ellos clubs de strippers, consultorios de cirujanos, bancos de leche, talleres de diseño de sujetadores.

Su propia visión

De su investigación nació el libro Tits Up: What Our Beliefs About Breasts Reveal About Life, Love, Sex and Society ("Tetas arriba: lo que nuestras creencias sobre los senos revelan acerca de la vida, el amor, el sexo y la sociedad").

La traducción literal de tits up sería "tetas arriba". En inglés británico, las dos palabras juntas forman una expresión que se usa para describir una situación desastrosa.

Pero la autora descubrió que tits up es también una expresión positiva que utilizan algunas mujeres en Estados Unidos para desearse buena suerte entre sí.

"Se trata de echar los hombros para atrás y desenvolverte con éxito. Se lo puedes decir, por ejemplo, a una CEO antes de que haga una presentación ante la junta de la compañía o los empleados".

La socióloga ha escrito libros sobre arte y ha sido investigadora y profesora en varias instituciones, entre ellas la Universidad de Sussex, en Inglaterra, y la Universidad de California, Berkeley.

Linda Davidson / The Washington Post vía Getty Images
Thornton escribió los libros "Siete días en el mundo del arte" y "33 artistas en 3 actos". Aquí fue fotografiada en la Galería Hirshorn, de Washington, junto a una obra del artista Ernesto Neto, en 2014.

Además de buscar las perspectivas sobre los senos de mujeres y expertos, estudios y literatura especializada, Thornton indagó sobre su propia visión.

"Sentí que había dos aspectos: uno era que mis pechos atraían la atención masculina de una manera que no siempre quería".

Y el otro tenía que ver con que, en el inglés informal, boobs es una de las palabras más populares (entre varias) para referirse a los senos. Es un término que, según el Diccionario de Cambridge, también puede significar "idiota" y "metedura de pata".

La combinación de "los pechos como estúpidos y los pechos como objetos de atención no deseada", llevaron Thornton a sentir una cierta desconexión de sus propios senos.

Cuando comenzó su investigación, cuenta que encontró que 40% de las mujeres en Occidente no se sentían satisfechas con sus senos.

"La cirugía plástica número uno practicada a mujeres en casi todas las culturas es la mamaria".

"¿Por qué estamos gastando tanto dinero en levantar, aumentar, encoger nuestros senos?".

Una señal equivocada

Es clave, considera la socióloga, que las mujeres se sientan menos juzgadas y presionadas sobre sus senos.

"Hay una asociación terrible que todavía persiste en muchos lugares: que las adolescentes con senos grandes están disponibles sexualmente. Si eres una adolescente con senos grandes, es más probable que sufras acoso".

"La vinculación de los pechos con una especie de señal de disponibilidad para los hombres es un problema inmenso para las jovencitas".

Thornton cuenta que sus senos empezaron a crecer a una edad temprana y, eso, la hizo verse mayor, algo para lo que no estaba preparada.

"Mi cerebro era el de una niña de 12 años, era muy inocente, pero había hombres que me veían como si tuviera 18 años".

"Y eso", dice con conocimiento de causa, "puede generar traumas".

Un refugio en los sacos de cuello alto

Cuando tenía 15 años, el chef del restaurante en el que trabajaba le puso las manos en sus senos.

"Un día triste", escribió en su libro. "Una humillante iniciación a la agresión sexual".

Un año después, en una pijamada en la casa de una amiga, otro hombre hizo lo mismo. Era la media noche y esas manos la despertaron: eran las del novio de la hermana mayor de su amiga.

Y aquí volvemos al principio de este artículo, a los dos días previos a la mastectomía, momentos que recuerda con "una nostalgia profunda", le dice a BBC Mundo.

Getty Images
En su libro, Thornton cuenta que a los 16 años sintió que debía "enterrar" sus senos debajo de sacos amplios y de cuello alto.

Aunque se ha "reconciliado con la pérdida", confiesa que no fue alguien que valorara sus senos", y evoca las experiencias negativas que tuvo de adolescente.

"Desde los 16 años, amé mis sacos de cuello de tortuga, mis camisas de cuello alto, no me sentía libre para disfrutar mi escote".

"Desde muy joven, sentí mucha vergüenza por mis senos. Sentía que, si no era cuidadosa, me podían poner en peligro".

Después llegarían los hijos y confiesa que la experiencia de amamantarlos no fue fácil, no la disfrutó tanto como hubiese deseado.

Sin embargo, el acto de amamantar lo califica de mágico por el vínculo extraordinario de amor y nutrición que se crea. Y eso es fundamental, enfatiza.

"Considero que, en general, en las Américas, los senos están muy sexualizados. Mucha gente cree erróneamente que las mujeres tienen pechos para atraer a los hombres y la realidad es que, biológicamente y según la evolución, la única razón es para alimentar a los bebés".

De reyes a Hollywood

De acuerdo con la autora, la sexualización de los senos en Occidente y la idea de que los senos "son para atraer a los hombres" es reciente.

En Europa, se remonta al Renacimiento, específicamente a la Francia del siglo XV, y se le vincula con el auge en el empleo de nodrizas -muchas de ellas campesinas- por parte de la aristocracia.

Sepia Times/Universal Images Group via Getty Images
"Una dama en su baño" es un cuadro, de 1571, del artista francés del Renacimiento François Clouet, quien fue el pintor de la corte de los reyes franceses Francisco I, Enrique II y Carlos IX.

"Los reyes franceses convirtieron en un fetiche los senos de sus amantes que nunca amamantaron porque tenían nodrizas que lo hicieron por ellas", indica la académica.

"Solo cuando el pecho no se usa para alimentar a un bebé es que puede convertirse en propiedad del esposo o del amante".

Y así, plantea Thornton, separado de su función principal, es que se le dio un rasgo erótico.

La asociación de los senos como un "fetiche", que se originó en Francia y se extendió por Europa, llegó a Estados Unidos y Hollywood la transformó en un negocio.

Después de la Segunda Guerra Mundial, señala la experta, los senos se convertirían en el "principal activo" de actrices legendarias como Jane Mansfield, Jane Russell, Sofía Loren.

Earl Leaf/Michael Ochs Archive/Getty Images
Sofía Loren y Jayne Mansfield en una velada organizada por los estudios Paramount para darle la bienvenida a Hollywood a la actriz italiana, en 1957.

"No es una casualidad que Marilyn Monroe fuese la portada del primer ejemplar de la revista Playboy en 1953", dice Thornton.

"A medida que ascendía como una actriz de Hollywood, sus senos se volvieron una especie de broma y un objeto sexual".

Screen Archives/Getty Images
Marilyn Monroe sentada en la cama de un tren en la película de 1959 "Some Like It Hot", que en español se conoce como "Una Eva y dos Adanes".

En el proceso de sexualización de los senos, dice la socióloga, se le empezó a dar cada vez más importancia a su tamaño hasta llegar, años después, a la moda de "bustos inflados".

Cree que en parte se debió a que inicios de los años 60, dos cirujanos estadounidenses desarrollaron el primer implante mamario de silicona.

"Se volvió algo común en Hollywood y, de ahí, su uso se extendió a otros lugares, entre mujeres adineradas y, después, entre mujeres de clases menos pudientes".

Entre derechos

Thornton destaca que el movimiento feminista ha sido clave en la creación de conciencia sobre el cuerpo femenino.

"Yo creo que la ola de feminismo que se dio en los años 70 y 80 se enfocó en la parte inferior de los cuerpos de las mujeres, en las vaginas y úteros".

"La criminalización de la violación fue un logro increíblemente importante del movimiento de mujeres en esos días", indica, así como la promoción de los derechos reproductivos.

Bob Parent/Getty Images
En agosto de 1970, se celebró, en Nueva York, una marcha que había convocado la Organización Nacional de Mujeres. Las participantes pedían igualdad en las condiciones laborales y cuidado infantil gratuito.

"Pero también creo en el derecho de las mujeres sobre sus partes superiores, de la cintura para arriba: creo en el derecho de una mujer a elegir estar topless en la playa, ponerse sujetador o no, amamantar o no, reducirse los senos, aumentárselos, levantárselos".

O simplemente no hacerles nada.

Tomar distancia

En una entrevista con el medio británico The Guardian, Thornton contó que, hasta que empezó a trabajar en el libro, no se había dado cuenta de que los pezones masculinos están "por todas partes", mientras que las mujeres tienden a sentirse incómodas si muestran los suyos.

"Y es en parte porque existe esta noción de que nuestros pechos son principalmente objetos sexuales, no nos pertenecen", señaló.

Esa idea, le explica a BBC Mundo, afecta a muchas mujeres.

"Las mujeres podemos sentirnos excluidas por la sexualización de nuestros senos y eso nos da la sensación de que no nos pertenecen, que su principal razón de ser no es la que nosotras les damos. Y eso se debe en parte a que se le da mucha importancia a su aspecto".

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En 1962, en Houston, Texas, se realizó la primera cirugía de aumento de busto utilizando implantes de silicona. La intervención se expandió y llegó a otros países (Foto genérica).

Para la investigadora, es fundamental que las mujeres se pregunten cómo se sienten con respecto a sus senos.

"Probablemente, cuando vemos nuestros cuerpos en el espejo nos estamos viendo con los ojos de los hombres, algo para lo que hemos sido entrenadas desde muy jóvenes".

Pero no es solo lo visual, dice Thornton, también está lo verbal.

Por ejemplo, un chico adolescente extrovertido, a quien se le pregunte por formas de llamar a los senos, puede ofrecer con "gran regocijo" varias palabras.

"Las mujeres no sienten ese regocijo y por eso creo que sentimos que nuestros senos no nos pertenecen porque no los estamos definiendo, no estamos tomando el control de las conversaciones sobre ellos y terminamos alejándonos de ellos".

En otras partes del mundo

Thornton exploró otras culturas y encontró que "los senos no son universalmente eróticos".

Según evidencia antropológica, la atracción hacia los senos se da en algunas culturas y en otras no.

"En comunidades indígenas en climas tropicales, donde las mujeres no llevan ropa por encima de la cintura y amamantan abiertamente, los senos les pertenecen a los bebés", escribió en su libro.

Jim Heimann Collection / Getty Images
Una japonesa vestida con un kimono.

En su obra también menciona a una comunidad en Mali que ve como "antinatural" que los adultos se sientan sexualmente atraídos a los pechos femeninos.

"Estudios antropológicos en la década de los 80 muestran que varias comunidades en el sudeste de Asia y en África veían la actitud estadounidense y europea hacia los senos como algo retorcido", le cuenta Thornton a BBC Mundo.

"En Asia, en general, los senos no se han sexualizado al grado que ha sucedido en el mundo occidental. Si ves fotos de bellezas chinas o geishas japonesas verás que tienen los pechos aplanados".

Una lección desde el Edén

Otro aspecto que abordó la autora es cómo la religión ha tenido influencia en la percepción de nuestros cuerpos.

"Incluso si eres ateo, incluso si no has estado en una iglesia en los últimos 20 años", dice, hay una idea que ha influido en nuestra comprensión del cuerpo femenino.

"¿Qué aprendió Eva en el Jardín del Edén?", se pregunta.

"Después de que relees (ese relato), te das cuenta de que lo más importante que aprendió fue cubrirse el cuerpo, tapar su 'cuerpo vergonzoso', y me llama la atención cómo eso se interpretó de distintas maneras".

Jim Heimann Collection / Getty Images
Pintura que refleja la expulsión del Edén en la Catedral de Espira, Alemania.

Plantea que en muchas culturas, se tradujo en que las mujeres debían cubrir no solo la parte de abajo, sino la de arriba también.

"Con frecuencia, cuando doy conferencias les pregunto a los asistentes: '¿Quién es el hombre topless más famoso del mundo, al menos en las Américas y Europa?'. Algunas personas dicen 'el David de Miguel Ángel' o 'Arnold Schwarzenegger', entre otras respuestas".

"Y les digo: '¿No creen que es Jesucristo?' Entramos a tantos lugares, museos, iglesias, librerías, bibliotecas, y ves el torso desnudo de Jesús y es algo hermoso, es una marca de su humanidad, de su universalidad, de su autenticidad, es una imagen sagrada".

"Pero cuando hablamos de las mujeres, nuestras partes superiores son consideradas profanas".

Se trata, según la académica, de una división muy profunda entre hombres y mujeres: si los pechos son representativos de la feminidad, pero se perciben como profanos, "siempre nos van a situar como inferiores a los hombres".

Otra manera de verlos (y vernos)

Thornton quiere ayudar a eliminar la superficialidad con la que se han tratado los senos en diferentes ámbitos.

"Son la fuente de la comunicación humana", señala.

"¿Por qué somos sociables? Porque nuestros infantes nos necesitan y nosotros a ellos. La comunicación que se da entre una madre y un niño es, para mí, la esencia de nuestra humanidad".

"Cualquier madre que esté amamantando sabe que sus senos, sus pezones, están a tono con su bebé, que su pecho sabrá cuándo el bebé tiene hambre antes que su cerebro".

Fredy Builes/Getty Images
Una voluntaria se extraía leche para el banco de leche del Hospital General de Medellín, en 2021. Las donaciones ayudan a bebés cuyas madres no consiguen amamantar, así como a bebés y niños abandonados.

Así como la socióloga busca que su investigación ayude positivamente a las mujeres a "recuperar" el significado que para ellas tienen sus senos y "a sentirnos mejor con nuestra mitad superior", también hace una invitación:

"Ante muchas de estas historias de la humanidad que apuntan a que siempre estamos en guerra, que nos gusta estar en facciones, que somos muy competitivos, yo digo que no, que esa es una visión de los hombres de lo que es la humanidad".

"Si quieres ver una alternativa, mira la maternidad, los pechos y la colaboración cariñosa que se da".

Cierra la entrevista con un ejemplo de esta cooperación.

Ante la muerte, un padecimiento grave o problemas para amamantar de una madre, en las comunidades en las que no había leche de fórmula otra mujer se ofrecía a darle pecho a ese niño.

Y esa práctica "hermosa" ha sido universal y sigue.

En su libro, Thornton nos presenta a Elysia, quien fue víctima de abuso sexual y que decidió, mucho antes de que naciera su hijo, que no amamantaría para evitar activar traumas pasados.

Además de extraerse leche para su hijo, donó cientos de litros a un banco de leche para ayudar a alimentar a bebés prematuros.

"Veo mi leche como un producto del amor", le dijo a la autora. "Ya no puedo odiar a mi cuerpo. Ha hecho algo realmente bueno. Soy mucho más feliz en mi cuerpo ahora, incluso si es menos objetivamente atractivo".

BBC

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FUENTE: BBC