La alianza occidental de Estados Unidos e Israel: quiénes integran el bloque contra Irán
Bases militares, aliados árabes y apoyo occidental: el mapa de países que respaldan a Estados Unidos e Israel en la guerra contra Irán.
Estados Unidos e Israel lanzaron la operación "Furia Épica" contra Irán. Foto Dpa
DPADonald Trump declaró este viernes que “no habrá acuerdo con Irán, salvo una rendición incondicional”. El conflicto abierto tras la operación "Furia Épica", conjunta con Israel, parece distanciarse cada vez más de aquella maniobra ejecutada por Washington en Caracas. Lejos de un golpe rápido, Irán arrastra a Estados Unidos a una guerra, hasta el momento, más extensa de lo esperado.
Ahora bien, el conflicto entre Washington, Tel Aviv y Teherán no involucra solamente a estas tres capitales. Detrás de los bombardeos, los lanzamientos de misiles y las amenazas cruzadas, lo que que podemos ver es un mapa de alianzas.
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Del lado de Washington y Tel Aviv aparece un entramado de países, bases militares, acuerdos de seguridad y apoyos logísticos que convierten a buena parte de Medio Oriente en un tablero de guerra más amplio.
Como sabemos el punto de partida (en términos cronológicos) fue el ataque lanzado el 28 de febrero de 2026 por Estados Unidos e Israel contra Irán. La respuesta iraní y la activación de sus redes aliadas empujaron la guerra hacia otros países del Golfo, hacia el Mediterráneo oriental y, en algunos episodios, incluso hasta territorios vinculados directamente con la OTAN.
La arquitectura militar estadounidense en la región —con bases, destacamentos y acuerdos de defensa— hizo que varios socios de Washington quedaran inmediatamente expuestos.
Eje Estados Unidos-Israel
En Medio Oriente, Israel ocupa el centro político y militar de este bloque. Para el gobierno israelí, Irán es el principal enemigo estratégico de la región: no solo por su programa nuclear, sino también por el respaldo financiero, militar y político que Teherán dio a una constelación de grupos armados hostiles a Tel Aviv.
La dirigencia israelí viene describiendo a la república islámica como la cabeza de una amenaza de múltiples frentes, una suerte de dirección política y operativa detrás de Hamás, Hezbolá y otras milicias que durante años hostigaron a Israel desde Gaza, Líbano, Irak o Yemen.
No obstante, Israel no libra esta guerra en soledad. Alrededor opera una red de países árabes que, sin integrar formalmente una coalición militar, comparten con Washington acuerdos de seguridad y albergan presencia militar estadounidense.
Entre ellos: Bahréin, Qatar, Kuwait, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Irak, Omán y Egipto, quienes integran con distintos grados de compromiso, ese cinturón estratégico en el que Estados Unidos sostiene instalaciones navales, aéreas y terrestres decisivas para su despliegue regional.
Esa red explica por qué la respuesta iraní se extendió mucho más allá de Israel. Los países del Golfo que mantienen cooperación militar con Estados Unidos quedaron expuestos por una razón simple: sus territorios alojan activos norteamericanos y, en algunos casos, son utilizados como plataformas logísticas o aéreas.
La consecuencia fue inmediata. Bases, embajadas, instalaciones vinculadas a seguridad e incluso infraestructura civil quedaron bajo riesgo. Aeropuertos, refinerías, hoteles y zonas residenciales en algunos de esos países entraron en la ecuación de la guerra.
En paralelo, la extensión del conflicto obligó a potencias europeas a reforzar su presencia. El impacto de un dron sobre una base británica en Chipre, territorio particularmente sensible por su vínculo con el Reino Unido y por su ubicación en el Mediterráneo oriental, empujó a Londres, París y Atenas a enviar medios navales y aéreos.
Esa reacción muestra hasta qué punto la guerra amenaza con arrastrar a aliados occidentales más allá del eje Washington-Tel Aviv. La presencia de la OTAN también se vio obligada luego de que sistemas de defensa derribaran un misil sobre territorio turco. Así, la línea de fuego se corre más allá de Medio Oriente.
El bloque encabezado por Estados Unidos e Israel, sin embargo, no es homogéneo. Algunos gobiernos árabes cooperan con Washington por intereses estratégicos, por necesidad de protección o por rivalidad con Irán, pero buscan evitar una identificación total con la ofensiva.
Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Kuwait y Omán comparten además otra preocupación: la guerra amenaza el corazón de sus economías. Todos ellos están atravesados por la lógica del Consejo de Cooperación del Golfo, un espacio de coordinación económica y de seguridad cuya prioridad es resguardar el flujo de petróleo, gas, comercio marítimo y transporte aéreo.
Cada nueva escalada en la región no solo plantea un problema militar; también pone en riesgo el negocio energético que sostiene a buena parte de esas monarquías.
Por eso, el frente alineado con Washington e Israel no se puede leer únicamente como una suma de aliados militares. Es, también, una constelación de Estados que dependen de la estabilidad del Golfo para garantizar sus intereses económicos.



