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El límite del ajuste: la inflación no perfora el 2% mensual y dilata el objetivo del Gobierno

El IPC de diciembre fue de 2,8%. Aunque la inflación anual bajó fuerte, el Gobierno no logra anclar los precios en torno al 2% mensual.

El programa económico del Gobierno encuentra sus limitaciones. 

El programa económico del Gobierno encuentra sus limitaciones. 

Juan Mateo Aberastain/MDZ

La inflación volvió a mostrar en diciembre que el proceso de desaceleración enfrenta límites más resistentes de lo previsto. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un aumento mensual de 2,8%, por encima del umbral del 2% que el Gobierno aspira a consolidar como nueva normalidad.

El dato confirma que, aun con un ajuste fiscal feroz y una política monetaria contractiva, la dinámica inflacionaria argentina se resiste a una convergencia rápida.

En el acumulado de 2025, los precios subieron 31,5%, el registro anual más bajo en ocho años. La comparación de la serie le da alivio al Gobierno, pero no necesariamente tranquilidad. La desaceleración es real, aunque el “piso” inflacionario sigue claramente por encima del objetivo oficial. La economía parece haber dejado atrás la inflación de tres dígitos, pero aún no logra despegarse de una inercia que ronda el 3% mensual.

Un piso que se resiste a ceder

El detalle del índice revela dónde se concentran las presiones. Transporte encabezó los aumentos con un 4%, impulsado por combustibles y costos operativos, mientras que Vivienda, agua, electricidad y gas avanzó 3,4%, reflejando el impacto de las tarifas, alquileres y servicios regulados.

En contraste, los segmentos más flexibles mostraron variaciones menores. Prendas de vestir y calzado apenas subieron 1,1%, y Educación registró un alza marginal de 0,4%, ayudadas por factores estacionales y por una demanda contenida. La foto mensual, sin embargo, es engañosa: la inflación núcleo, que excluye regulados y estacionales, volvió a ubicarse cerca del 3%, señal de que las presiones no ceden con la velocidad esperada.

El costo social de una inflación que sigue por encima del promedio

El contraste más inquietante aparece al observar el costo de vida básico. La canasta básica total, utilizada para medir la pobreza, aumentó 4,1% en diciembre, muy por encima del IPC general, y acumuló 27,75% en 2025. La canasta alimentaria, que define la línea de indigencia, también subió 4,1% en el mes y cerró el año con un alza del 31%.

¿Qué quiere decir esto? Que, para los sectores de menores ingresos, la inflación es sensiblemente más alta que el promedio estadístico. Este desfasaje plantea un dilema central para el programa económico.

Mientras el Gobierno celebra la desaceleración interanual como un éxito de estabilización, la persistencia de aumentos mensuales cercanos al 3% erosiona el poder adquisitivo y limita la recuperación del consumo. La inflación sigue siendo corrosiva.

El desafío, hacia adelante, ya no es frenar una dinámica descontrolada sino romper la inercia. Con tarifas, transporte y servicios empujando el índice, y con alimentos corriendo por encima del promedio, el objetivo de estabilizar la inflación en torno al 2% mensual aparece más como una aspiración que como una realidad inmediata. La batalla contra la inflación, en su fase final, suele ser la más difícil.