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El hombre con "el trabajo más peligroso del mundo": el científico que recorre el laberinto radioactivo bajo el reactor de Chernóbil

Cientos de toneladas de material radioactivo permanecen bajo las ruinas de Chernóbil 40 años después del fatal accidente. La labor de un joven investigador es adentrarse en ese laberinto radioactivo y cuidar al mundo de un nuevo desastre nuclear.

Anatolii Doroshenko es investigador en el  Instituto para los Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares, en Ucrania.
Anatolii Doroshenko es investigador en el Instituto para los Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares, en Ucrania. GETTY, NAS

El reactor 4 de la Planta Nuclear de Chernóbil, quedó completamente destruido con la fatal explosión del 26 de abril de 1986. Pero a unos 10 metros de profundidad aún están los centros de control y monitoreo, que sobrevivieron al desastre.

"Es como un gran laberinto bajo el reactor", le dice a la BBC Anatolii Doroshenko, de 38 años e investigador del Instituto para los Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares (ISPNPP).

Su trabajo incluye recorrer ese laberinto al menos una vez al mes, una misión que según la revista New Scientist "puede considerarse el trabajo más peligroso del mundo".

En esa red de salas y corredores subterráneos todo está contaminado de radiación: el piso, los equipos, las paredes y el aire.

Vista aérea del del reactor 4 de la Planta Nuclear de Chernóbil, destruido tras la explosión del del 26 de abril de 1986.
Getty
La explosión del del 26 de abril de 1986 destruyó el reactor 4 de la Planta Nuclear de Chernóbil, en Ucrania.

Ahí, Doroshenko se encarga de revisar los equipos, recolectar datos, instalar medidores, tomar muestras y monitorear el estado del combustible nuclear.

En algunas salas, la radiación es tan alta que debe completar estas tareas en menos de cuatro minutos y salir de inmediato.

En otras, los niveles de radiación no son aptos ni siquiera para detenerse ahí.

Su labor es clave para asegurar de que las condiciones del reactor se mantengan estables.

Doroshenko reconoce que su trabajo produce miedo, pero él lo usa como su aliado.

"El miedo te ayuda a mantener el control y seguir las indicaciones para asegurar bajas dosis de radiación", dice.

"Aquí el mayor riesgo es acostumbrarte a las condiciones del lugar. Si te acostumbras al miedo, comienzas a ignorar que estás rodeado de radiación. Cualquier cosa, un guante, una pieza de metal, puede estar contaminado, aunque no lo notes".

Foto de Doroshenko de pie junto a un compañero de trabajo dentro del domo que protege al reactor 4 de la planta nuclear de Chernóbil.
Archivo personal
Doroshenko (izq.) lleva 12 años trabajando en la planta nuclear de Chernóbil.

Bajo las ruinas

Los laberintos que recorre Doroshenko son las instalaciones desde las que se operaba la planta de Chernóbil.

Es un lugar oscuro. Algunos corredores tienen iluminación, pero Doroshenko y sus colegas siempre llevan linternas.

Algunos pasajes son tan estrechos que deben caminar agachados.

Todas las salas y corredores están señalizados, pero hay que conocer bien el camino para no perderse entre los pasadizos.

También tienen mapas de contaminación que indican cuáles son las áreas con mayor radioactividad.

"Aquí todos los científicos sabemos dónde podemos trabajar y dónde no", dice Doroshenko.

Un visitante de la central nuclear de Chernóbil graba en la sala de control del bloque 4 destruido de la planta.
Getty

El lugar está lleno de tubos con agua radioactiva y peligrosas formaciones de corio, una sustancia que se produjo cuando por las temperaturas de miles de grados Celsius, el combustible nuclear se mezcló con las estructura del núcleo del reactor.

Como si fuera lava, esa sustancia se ha filtrado entre las ruinas, formando figuras peculiares. A una de las más conocidas se le conoce como "la pata de elefante".

Foto de un investigador agachado tomando una foto de la
Getty
La "pata de elefante" es una formación de corio altamente radioactiva.

Rincones inalcanzables

En la unidad 4 quedan unas 200 toneladas de combustible nuclear, según el Organismo Internacional de Energía Atómica.

Se prevé que recuperar este material altamente radioactivo tome unos 40 años.

Todo está cubierto por un sarcófago, y éste, a su vez, rodeado del Nuevo Confinamiento Seguro, un domo de acero más alto que la estatua de la Libertad, diseñado para sellar herméticamente durante 100 años el reactor 4 y proteger al mundo de la radiación de Chernóbil.

Mucho de ese combustible nuclear está en rincones inalcanzables para Doroshenko y sus colegas.

Un pasillo dentro de la central nuclear de Chernóbil.
BBC
Un pasillo dentro de la central nuclear de Chernóbil.

Tras la explosión de 1986, la unidad 4 fue recubierta con grandes cantidades de hormigón para detener la filtración de radiación.

"Si pudiéramos tomar muestras del reactor destruido, podríamos determinar con precisión su nivel de riesgo nuclear", explica Doroshenko.

"Pero está bajo una enorme capa de hormigón y el acceso humano es imposible. Por eso realizamos mediciones, para comprender qué procesos ocurren en el combustible nuclear".

Un corredor al interior de la planta nuclear de Chernóbil.
Getty
Todo en el interior del reactor 4 de Chernóbil está contaminado con radiación.

"Casi eufórico"

Para bajar al laberinto, Doroshenko utiliza varias capas de indumentaria protectora, incluyendo cubremangas, cubrezapatos y un respirador FFP2 con válvula. En algunas zonas más estrechas donde deben abrirse paso entre los escombros añaden un atuendo especial de polietileno.

Al salir, debe pasar por varios puntos de control y una "zona sucia" donde se quita la ropa, que pasa a ser descontaminada o directamente destruida si no se le puede remover la radiación.

Luego, viene una ducha obligatoria y una estación de dosimetría para confirmar que no tenga partículas radioactivas en su cuerpo.

Foto de Doroshenko utilizando indumentaria protectora al interior del domo que protege al reactor 4 de Chernóbil
Archivo personal
Doroshenko dice que la clave para mantenerse seguro en el reactor es no entrar en pánico.

A Doroshenko, le gusta su trabajo.

Dice que visitar la unidad 4 lo lleva a un estado "casi eufórico", una emoción que cree que se puede comparar con la de escalar el Everest.

Pero, aun así, insiste en que la clave es mantener el control.

"Lo principal es no entrar en pánico, el pánico te lleva a cometer errores".

Foto del reactor 4 de la planta nuclear de Chernóbil.
Getty
Cerca de 10 metros bajo el reactor 4 hay una red de salas y pasillos que Doroshenko recorre una vez al mes.

"Este lugar está lleno de mitos y a menudo se le demoniza, pero no es tan aterrador como muchos intentan presentarlo.

"Cuando estás ahí, te das cuenta de que es una estructura creada por el ser humano. Comprendes que este espacio requiere vigilancia y supervisión constantes.

"Si personas como nosotros dejamos de bajar ahí se iniciará un proceso incontrolado, y eso es peligroso", asegura.

Foto que muestra el Nuevo Confinamiento Seguro, un domo de acero  diseñado para cubrir al reactor4 durante 100 años.
GETTY
El reactor 4 está cubierto por el Nuevo Confinamiento Seguro, un domo de acero diseñado para durar 100 años.

Contra el olvido

Una vez al año, Doroshenko se somete a exámenes médicos obligatorios y en sus vacaciones trata de ir siempre al mar.

"Seguiré bajando a los laberintos del reactor mientras pueda", dice.

"No me he puesto un límite. Si viera una generación que pudiera reemplazarme, ya estaría pensando en jubilarme. Pero por ahora, no pienso en eso".

Para él, lo más importante es que la gente tenga presente los retos que enfrenta Chernóbil: contener la radiación de los residuos de combustible nuclear y mantener el control de las instalaciones.

"Es un trabajo duro", dice.

"Chernóbil no debe ser olvidado".

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BBC

Diseño de imagen: Caroline Souza, del Equipo de periodismo visual de BBC Mundo, con fotos de Getty y la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania

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FUENTE: BBC