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El eje de Teherán: las milicias y aliados que sostienen el poder regional de Irán

Hezbolá, hutíes, milicias iraquíes y Hamás integran la red de aliados que Irán construyó durante décadas para enfrentar a Estados Unidos e Israel.

Irán y su red de aliados más allá de Teherán. 

Irán y su red de aliados más allá de Teherán. 

EFE

Este jueves, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, le envió un dardo venenoso a Donald Trump en una entrevista con la cadena estadounidense NBC News: "No hay manera de que ganen esta guerra. Mientras sea necesario, resistiremos".

El Canciller iraní usó el plural, sin duda, para referirse a la nación. Pero si hacemos zoom out, podemos ver que el país persa no está solo en el conflicto. Si del lado de Estados Unidos e Israel aparece una red de aliados estatales, del lado iraní el poder se organiza de otra manera.

Teherán construyó durante décadas una constelación paraestatal, pero no por eso menos influyente. Una combinación de milicias, partidos armados y socios internacionales que le permitió proyectar poder más allá de sus fronteras sin depender exclusivamente de su ejército regular. Ese entramado es conocido como el “Eje de la Resistencia”.

Mapa del conflicto en Medio Oriente

Fue durante años la principal herramienta de Irán para disputar la influencia de Washington y cercar a Israel desde distintos frentes. La guerra actual, sin embargo, encuentra a ese bloque con varios de sus pilares dañados, fragmentados o en retroceso.

En el centro de ese espacio sigue estando Irán. Para la dirigencia de la república islámica, la construcción de un sistema de aliados armados en la región fue una respuesta tanto defensiva como expansiva: defensiva, porque buscaba evitar un aislamiento estratégico frente a Estados Unidos e Israel; expansiva, porque le permitía intervenir en los conflictos del mundo árabe, y presentarse como un referente regional de la resistencia antioccidental.

Bajo esa doctrina, Teherán financió, entrenó y armó durante años a actores no estatales que, con diferentes agendas locales, compartían la enemistad hacia Washington y Tel Aviv.

Eje de la resistencia

Yemén y Líbano

El caso más importante fue durante mucho tiempo el de Hezbolá en Líbano. El partido-milicia chiita, fundado en los años ochenta, fue la joya de la corona del sistema iraní.

No solo porque contaba con capacidad militar propia, sino porque logró construir poder político, territorial y social dentro del Estado libanés, erosionándolo desde adentro. Durante años, Hezbolá fue la primera línea de disuasión de Teherán contra Israel. Un actor capaz de abrir un frente desde el norte israelí, y sostener una guerra de desgaste.

Sin embargo, el escenario cambió drásticamente después de la guerra de Gaza. La ofensiva israelí contra sus mandos, instalaciones y estructura operativa lo golpeó severamente. Aunque conserva capacidad de fuego y sigue siendo un actor relevante, ya no exhibe el mismo margen de iniciativa que tenía antes de 2024.

Otro componente del eje iraní son los hutíes de Yemen. Se trata de un movimiento chiita zaidí que controla una porción importante del territorio yemení y que ganó centralidad a medida que otros aliados de Irán se debilitaban.

Los hutíes se transformaron en una pieza clave por dos razones: pueden lanzar drones y misiles contra Israel o contra objetivos estadounidenses, y además tienen capacidad para amenazar el estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los pasos marítimos sensibles de la región.

Golpeando buques comerciales y militares en una ruta vital para el comercio global, su peso tiene que ver con el impacto económico, que no es más que otra cara de “lo militar”, al afectar el transporte marítimo internacional.

Rutas comerciales en el Mar Rojo

Irak, Siria y Gaza

En Irak, el vínculo de Irán con las Fuerzas de Movilización Popular y otras milicias chiitas le dio durante años una herramienta de presión sobre la presencia estadounidense. Aunque formalmente algunas de estas estructuras están integradas al aparato iraquí, en la práctica varias responden con fuerte autonomía y algunas mantienen lealtad ideológica directa hacia el liderazgo iraní.

En los últimos tiempos, protagonizaron ataques con drones o amenazas contra intereses norteamericanos e israelíes. Son actores que pueden operar sobre un territorio donde todavía persiste presencia militar de Estados Unidos y porque la debilidad institucional iraquí facilita zonas grises de poder.

La otra pieza fundamental que durante años garantizó operatividad estratégica a Irán fue Siria. El régimen de Bashar al Assad funcionó como un puente terrestre esencial: por ahí circulaban armas, dinero, derivados energéticos y combatientes hacia Líbano, especialmente para sostener a Hezbolá.

Bashar Al Assad

Pero ese corredor perdió continuidad tras el derrumbe del régimen sirio. La caída de Assad y el ascenso de una conducción alejada del eje iraní redujeron drásticamente la capacidad de Teherán para operar en Siria.

En ese mismo eje figura Hamás, que se trata de una organización sunita y no chiita. Aun así, durante años recibió apoyo iraní por una razón estrictamente pragmática: compartía la confrontación abierta con Israel.

La guerra prolongada en Gaza, sin embargo, deterioró su estructura. La pérdida de mandos militares y políticos, junto con la devastación territorial, redujo su capacidad para actuar como brazo ofensivo de Teherán a la escala que tuvo en otros momentos.

Sigue siendo un actor central para entender el conflicto palestino-israelí, pero hoy ya no representa, por sí solo, la amenaza regional que integraba el diseño original del eje iraní.