El chavismo sin Maduro: qué futuro enfrenta el régimen venezolano tras la caída del dictador
Sin Maduro, el régimen busca sobrevivir bajo presión de EE.UU., con el petróleo como moneda de cambio central.
Nicolás Maduro y su gabinete
El chavismo entra este lunes en una etapa inédita: por primera vez en más de una década deberá gobernar sin Nicolás Maduro. La conducción del poder quedará en manos de Delcy Rodríguez y de su hermano Jorge Rodríguez, quienes encarnarán un oficialismo debilitado, vigilado desde Washington y condicionado por la amenaza permanente de sanciones y represalias militares.
La actual vicepresidenta asumirá formalmente la presidencia por decisión del Tribunal Supremo de Justicia, en un proceso que tanto la oposición venezolana como Estados Unidos consideran carente de legitimidad democrática. Aun así, la administración estadounidense dejó abierta la puerta a un vínculo pragmático. El secretario de Estado Marco Rubio afirmó que Washington evaluará al nuevo liderazgo por sus acciones concretas y no por su origen político, aunque advirtió que existen “múltiples palancas de presión” listas para activarse.
Tras la captura de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, el margen de maniobra del chavismo quedó drásticamente reducido. El presidente Donald Trump dejó en claro que una nueva escalada está sobre la mesa si el nuevo gobierno no se alinea con los intereses estratégicos de Estados Unidos, entre ellos el control político y económico del sector energético.
Venzuela sin Maduro, pero con el chavismo al frente
En ese contexto, la supervivencia de la llamada revolución bolivariana pasa a depender menos de la épica ideológica y más de una negociación fría con Washington. Las señales recientes sugieren que el petróleo será el verdadero eje del diálogo, muy por encima de cualquier discusión sobre reformas institucionales o apertura democrática. El nuevo chavismo nace, así, bajo tutela externa y con prioridades impuestas desde el norte.
Aunque la detención de Maduro fue celebrada por el exilio venezolano en distintas capitales del mundo, el poder en Caracas no cambió de manos. El chavismo conserva el control del Estado, pero pierde a su figura central y se ve obligado a redefinirse. Se cierra la etapa del “madurismo”, marcada por la combinación de represión, populismo y un estilo personalista que terminó expulsando a millones de venezolanos del país.
Delcy Rodríguez representa un perfil distinto. Más técnica y menos estridente, su desafío no será construir liderazgo propio sino administrar la continuidad del régimen en condiciones extremas. El lunes no solo asumirá la presidencia: también se renovarán las autoridades de la Asamblea Nacional, dominada por el oficialismo. Todo indica que Jorge Rodríguez será ratificado como presidente del Parlamento, consolidando a los hermanos como el nuevo eje del poder.
Esa eventual ratificación enviará un mensaje claro hacia adentro y hacia afuera: el chavismo se replegará sobre una conducción más cerrada, concentrada y negociadora. Serán Delcy y Jorge Rodríguez quienes deban gestionar la relación con Rubio y con una Casa Blanca que ya no oculta su voluntad de condicionar cada decisión clave del gobierno venezolano.
Los sucesores de Nicolás Maduro
En la nueva interna oficialista, los perdedores aparecen definidos. Nicolás Maduro Guerra, el hijo del exmandatario, queda políticamente desdibujado sin el respaldo familiar. También quedan fuera de cualquier esquema de diálogo figuras centrales del aparato represivo y militar, como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, sobre quienes pesan recompensas millonarias ofrecidas por Estados Unidos.
Así, como hace más de una década nació un chavismo sin Hugo Chávez, ahora emerge un chavismo sin Maduro. Pero a diferencia de aquel momento, este nuevo ciclo no se apoya en un liderazgo carismático ni en un proyecto expansivo, sino en una lógica de supervivencia. El futuro del régimen dependerá de cuánto esté dispuesto a ceder a cambio de seguir en pie, con Washington empuñando el garrote y administrando, con cuentagotas, la zanahoria.



