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El camino a la independencia: qué necesitan Escocia, Gales e Irlanda del Norte para separarse de Londres

Escocia y Gales necesitan el aval de Londres e Irlanda del Norte un referéndum ya previsto por ley: cómo funciona cada vía hacia la independencia.

Cuáles son los mecanismos legales que debería atravesar cada país para lograr la independencia. Hasta qué punto depende de sus propios parlamentos.

Cuáles son los mecanismos legales que debería atravesar cada país para lograr la independencia. Hasta qué punto depende de sus propios parlamentos.

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La posibilidad de que Escocia, Gales o Irlanda del Norte abandonen el Reino Unido volvió al centro del debate político tras la firma del Memorandum de entendimiento entre los tres líderes de estos países, pero una eventual independencia no depende solamente de que exista una mayoría social a favor. Cada territorio tiene mecanismos legales diferentes y, en los tres casos, el camino está condicionado por el marco constitucional británico.

El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Oxford Ezequiel Ocantos explicó que, en Escocia y Gales, el punto central es la autorización de Londres. “Es algo que tiene que autorizar el Parlamento británico”, señaló, y recordó como antecedente el referéndum escocés de 2014.

El pacto por la independencia reúne a los principales movimientos nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

El pacto por la independencia reúne a los principales movimientos nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

Escocia y la llave que todavía conserva Londres

Escocia es el territorio que cuenta con el antecedente más claro. La Scotland Act de 1998 establece que la unión entre Escocia e Inglaterra es una materia reservada al Parlamento británico, por lo que esta cláusula impide que Holyrood, el Parlamento escocés, convoque unilateralmente un referéndum de independencia.

Para hacerlo, necesita que Londres le transfiera temporalmente esa competencia, principalmente mediante una orden bajo la Sección 30, el mecanismo utilizado antes del referéndum de 2014: el acuerdo entre los gobiernos británico y escocés permitió que Holyrood legislara la consulta, en la que el “No” se impuso con el 55,3% de los votos frente al 44,7% obtenido por el “Sí”, en una elección que alcanzó una participación del 84,6%.

La posibilidad de buscar un atajo también quedó cerrada. En 2022, la Corte Suprema británica resolvió que Escocia tampoco puede organizar por sí sola un referéndum meramente consultivo, alegando que una consulta sobre la independencia afecta directamente a materias reservadas.

Por lo tanto, para que haya una nueva votación legal sería necesario otro acuerdo con Westminster o una legislación británica que habilite el proceso. Para Ocantos, hoy eso parece difícil ya que haría falta un nivel de presión política mucho mayor sobre el Gobierno central del que existe actualmente.

Gales: un mecanismo parecido, pero sin el antecedente escocés

En Gales, el problema legal de base es parecido al escocés: el Senedd, el Parlamento galés, no tiene entre sus competencias decidir sobre la continuidad de Gales dentro del Reino Unido. La Government of Wales Act establece que la unión entre Gales e Inglaterra es una materia reservada a Westminster, por lo tanto el Parlamento galés no podría aprobar por sí solo una ley para organizar un referéndum de independencia con respaldo legal. Antes debería producirse un cambio en las competencias que Londres le delegó.

Una posible vía sería una solicitar una "Order in Council" bajo la Sección 109 de la Government of Wales Act, que permite modificar las materias sobre las que puede legislar el Parlamento galés. Para que una modificación de ese tipo avance necesita la aprobación del Parlamento galés, la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores, es decir doble aprobación de Londres.

En la teoría, ese mecanismo podría utilizarse para otorgarle temporalmente a Gales la competencia necesaria para organizar una consulta. La diferencia es que Gales nunca atravesó un proceso equivalente al de Escocia en 2014. Por eso no existe un procedimiento político ya probado para organizar una consulta independentista ni existe un acuerdo previo que establezca cómo debería hacerse.

Ocantos suma además un obstáculo político: considera que el escenario galés está todavía más lejos porque el apoyo social a la independencia es menor que en Escocia. Los datos lo respaldan, ya que en una medición de la consultora YouGov, de enero de 2026, ubicó el apoyo a la independencia en 26%, contra 54% en contra. La encuesta midió a su vez el apoyo a la independencia desde junio de 2020, con un apoyo que no superó jamás la barrera del 26%.

Una encuesta más reciente de Survation encargada por YesCymru, realizada en agosto de 2026, arrojó un resultado similar: 32% a favor y 68% en contra entre los votantes decididos.

Irlanda del Norte: el referéndum previsto directamente por la ley

Irlanda del Norte tiene un régimen completamente distinto. El Acuerdo de Viernes Santo de 1998 y la Northern Ireland Act establecen el llamado border poll, un referéndum para decidir si continúa dentro del Reino Unido o se integra a una Irlanda unificada.

El secretario de Estado británico para Irlanda del Norte puede convocarlo y, además, está legalmente obligado a hacerlo si considera probable que una mayoría apoyaría la reunificación. La ley no establece, sin embargo, una cifra concreta de encuestas o resultados electorales que active automáticamente la consulta.

Si ganara la reunificación, tampoco bastaría únicamente con el voto norirlandés. El principio establecido por el Acuerdo de Viernes Santo requiere el consentimiento democrático tanto del norte como del sur de la isla, por lo que también debería existir aprobación en la República de Irlanda.

En definitiva, los tres territorios cuentan con caminos distintos, pero ninguno puede avanzar hacia la independencia de manera automática. Escocia necesita que Westminster vuelva a cederle temporalmente la competencia para convocar un referéndum; Gales depende de una modificación de sus facultades que todavía no tiene un precedente específico; e Irlanda del Norte es el único caso en el que la posibilidad de abandonar el Reino Unido está expresamente contemplada en un acuerdo de paz y en la legislación vigente. En todos los casos, sin embargo, la voluntad política y el aval institucional de Londres siguen siendo factores decisivos para que cualquier proceso pueda avanzar.