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Crisis de solteros, "mujeres sobrantes" e impuesto al condón: por qué la apuesta de China para que nazcan más bebés salió mal

Las autoridades en China asumieron que la tasa de natalidad se recuperaría rápidamente cuando eliminaran la política del hijo único. Pero se equivocaron y ahora la gran preocupación es el envejecimiento de la población.

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Millones de personas en toda China celebraron último receso del Año Nuevo Lunar con comida, festividades y oraciones.

Pero para algunos adultos solteros fue un momento difícil, ya que sus padres los reprendieron durante días por no haberse casado ni tener hijos.

La falta de niños ha sido durante mucho tiempo un tema candente en China (y en otras partes del este de Asia) y ahora es una gran preocupación para las autoridades.

En enero, el tema volvió a los titulares cuando el gobierno publicó cifras que mostraban que la tasa de natalidad del país había caído a un nuevo mínimo.

Fue un récord indeseado (5,63 nacimientos por cada 1.000 personas es el nivel más bajo desde la creación de la República Popular en 1949) y uno que las autoridades chinas no vieron venir.

Un niño pequeño vestido de rojo comiendo dulces acaramelados.
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La tasa de natalidad de China cayeron a un mínimo histórico en 2025, a pesar de que el gobierno implementó una serie de incentivos para impulsarla.

Los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de enero muestran que China registró tan solo 7,92 millones de nacimientos en 2025. Y que hubo más muertes que nacimientos por cuarto año consecutivo, lo que significa que la población total se redujo en casi 3,4 millones.

Expertos de Naciones Unidas creen que la población de China seguirá disminuyendo y estiman que el país perderá más de la mitad de su población actual para fines de siglo.

Sin embargo, hace dos décadas el panorama se veía muy diferente. Las autoridades chinas habían pronosticado que la población seguiría creciendo hasta 2033 y alcanzaría los 1.500 millones de personas. Pero el pico se produjo 12 años antes, con casi 100 millones de personas menos que esas proyecciones.

¿Cómo se equivocaron tanto los planificadores chinos en sus previsiones para la nación más poblada del mundo?

Apostando por un "boom de bebés"

A fines de la década de 1970, a medida que la población de China se acercaba a los mil millones, el gobierno comenzó a preocuparse por el efecto que esto tendría en sus ambiciosos planes de crecimiento económico.

En 1979, el gobierno de Deng Xiaoping estableció un límite de un solo hijo por familia.

Esta política se implementó generalmente mediante incentivos financieros y laborales para quienes la cumplieran, acceso amplio a anticonceptivos y multas a quienes infringieran las normas.

En ocasiones, también se emplearon medidas más coercitivas, como abortos forzados y esterilizaciones masivas.

La política ciertamente logró sus objetivos iniciales -el gobierno chino estima que evitó unos 400 millones de nacimientos en total (aunque esta cifra es disputada)- pero también afectó profundamente el equilibrio intergeneracional.

Otra preocupación ganó peso gradualmente: que el envejecimiento de la población ralentizaría la economía a medida que la población joven disminuía y la proporción entre adultos que trabajan y contribuyen al sistema de pensión, por un lado, y jubilados, por otro, seguía cayendo.

Durante años los planificadores de población de China asumieron que la baja tasa de natalidad era temporal y que, una vez que se levantaran los límites, las parejas rápidamente decidirían tener más hijos.

Un importante informe de estrategia de población de 2007, elaborado por más de 300 expertos, argumentó que la baja tasa de fertilidad podría dispararse una vez que se eliminaran los límites y advirtió contra la relajación demasiado rápida de las políticas de control de la natalidad, incluso cuando las tasas de nacimientos estaban en descenso.

Sin embargo, cuando se introdujo la política de dos hijos en 2016 no se observó un aumento sostenido de la natalidad. La política de tres hijos anunciada en 2021 tampoco tuvo un gran impacto.

"Declive constante"

Un niño pequeño sonriendo sostiene una pelota de básquetbol.
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Las previsiones oficiales de China sobre el crecimiento de su población no fueron correctas.

En opinión de Kerry Brown, profesor de Estudios Chinos y director del Instituto Lao-China de King's College de Londres, China ya venía experimentando un descenso sostenido de la fertilidad mucho antes de la introducción de la política del hijo único.

"La tasa de natalidad en China disminuyó por causas naturales desde principios de la década de 1970; el pico de crecimiento poblacional en términos de hijos por familia se produjo en las décadas de 1950 y 1960", le explica a la BBC.

Brown cree que, a partir de la década de 1980, cada vez más familias decidieron tener solo uno o dos hijos por diversas razones económicas y de otra índole, independientemente de la política del hijo único.

"No creo que el partido haya comprendido realmente lo difícil que es para las familias mantener económicamente a sus hijos y la prioridad que le dan a hacerlo bien o a no hacerlo en absoluto".

"Hemos visto cambios similares en otras partes del mundo, pero en China esto ha ocurrido muy rápidamente", agrega.

El profesor Brown cree que el gobierno chino se vio "sorprendido" por la velocidad del cambio social y económico, ya que los efectos de las políticas para abordar la demografía suelen desarrollarse a lo largo de décadas, pero una economía puede cambiar radicalmente en tan solo meses o años.

Desequilibrio de género

Un hombre vestido de blanco y sentado en la rama de un árbol, mira pensativamente hacia el suelo.
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En China hay más millones de hombres que de mujeres, lo que crea los llamados "hombres en una rama desnuda" que luchan por encontrar esposa.

La política del hijo único también ha tenido un profundo impacto en la población china en términos de género.

En algunos casos los padres, al saber que solo podían contar con un hijo para sustentarlos en su vejez, abortaron fetos femeninos.

Eso distorsionó la proporción de hombres y mujeres, y condujo a una "crisis de solteros", ya que decenas de millones de hombres "excedentes" se vieron incapaces de encontrar esposa.

Especialmente los hombres sin educación universitaria tuvieron serias dificultades, ya que la expansión del acceso a la educación superior transformó el mercado matrimonial y muchas más mujeres que hombres fueron a la universidad.

"Esto condujo a un fenómeno llamado 'hombres de rama desnuda', una metáfora para los hombres que no lograban encontrar pareja", explica el profesor Brown, añadiendo que el término proviene de la idea de que sus ramas no darían frutos (hijos) y es comparable con el movimiento "incel" en Occidente.

Por otro lado, las mujeres con un alto nivel educativo optaron cada vez más por contraer matrimonio más tarde o no hacerlo en absoluto.

En un intento por animar a estas mujeres a casarse, los medios de comunicación estatales chinos comenzaron a referirse a ellas despectivamente como "sheng nu" o "mujeres sobrantes".

"Es un término muy despectivo: se refiere a las mujeres que sufren discriminación por su edad por no haberse casado y por priorizar su carrera profesional sobre el matrimonio y la formación de una familia", afirma Brown.

Para 2023, la proporción de mujeres solteras de entre 25 y 29 años había ascendido al 43%, lo que redujo la ventana de años fértiles y las tasas de natalidad.

Bonos por bebés

El gobierno de Pekín introdujo diversas medidas para frenar la caída de la natalidad, incluyendo incentivos económicos de 3.600 yuanes (US$500) por cada niño menor de tres años.

Algunas decisiones han generado controversia. Por ejemplo, el impuesto del 13% de este año a los anticonceptivos -incluyendo preservativos, píldoras anticonceptivas y otros dispositivos- suscita preocupación por posibles embarazos no deseados y un aumento en los casos de VIH.

Los incentivos han sido poco efectivos en cambiar comportamientos, ya que muchos jóvenes chinos citan el costo de criar hijos como motivo para no tenerlos.

Una médica con una mascarilla sostiene un muñeco de bebé durante una clase para padres de recién nacidos mientras una mujer y un hombre observan.
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El gobierno chino introdujo numerosos incentivos para aumentar la natalidad.

Millie (nombre ficticio), de Pekín, es controladora aérea. Ella y su marido tuvieron su primer hijo hace 10 años.

La joven le contó a la BBC que antes quería tener un segundo hijo, pero cambió de opinión.

"Durante la pandemia, ni mi madre ni mi suegra pudieron venir a ayudarme. Mi marido viajaba con frecuencia por negocios y yo me encargaba de llevar y traer a mi hijo a la escuela y de monitorear los deberes".

Millie dice que su jefe fue comprensivo y le permitió ajustar sus turnos, pero duda en pedir otra vez ese tratamiento preferencial.

"Soy una empleada a tiempo completo y me pagan por trabajar estas horas. Hay una regla tácita: la vida familiar no debe interferir con las obligaciones laborales", señaló.

"Definitivamente no tendré otro hijo. No es bueno para mi cuerpo, será difícil ocuparme del cuidado de dos niños y nadie me ayudará a sobrellevar la carga".

Li Hongfei (nombre ficticio) dirige una productora de video en Chongqing, en el suroeste de China.

Él recuerda cómo su familia solía ocultar a su hermano menor de las autoridades en la década de 1980.

Li ya tiene más de 40 años. Lleva diez años casado y tuvo una hija durante la pandemia.

La pareja ha pensado en tener un segundo hijo, pero siente la presión financiera.

"Mis ganancias han ido disminuyendo, pero el costo de administrar la oficina no ha bajado. La matrícula escolar de mi hija está subiendo. Mis ahorros se están agotando".

"Queremos que nuestra hija tenga un hermano o hermana, pero cada vez esto parece más improbable".

Al profesor Brown no le sorprende que los esfuerzos de China por cambiar la tendencia demográfica aún no hayan tenido éxito. "El gobierno ha emprendido campañas sobre la importancia patriótica de tener hijos, pero no creo que la gente realmente las escuche", dice.

"Al final, lo que el gobierno puede hacer es muy limitado; no puede obligar a la gente a tener hijos".

¿Qué significa esto para China y el mundo?

Con alrededor de un nacimiento por mujer, China tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, muy por debajo de la tasa de reemplazo de 2,1 que mantendría estable el tamaño de su población.

La caída de la población tiene implicaciones económicas y sociales para la segunda economía más grande del mundo, ya que reduce la fuerza laboral y debilita la demanda de los consumidores.

Y el declive de la población china podría tener un efecto dominó en la economía mundial, al provocar un aumento de precios en otros países del mundo.

Otras economías de la región y más allá tienen tasas de natalidad igualmente bajas, pero son mucho más ricas per cápita, lo que da a sus gobiernos un mayor margen para gestionar el desequilibrio del envejecimiento de la población.

El peligro para China es que está envejeciendo antes de enriquecerse.

"En casi toda la región la población está disminuyendo y envejeciendo. Esto es más crítico en lugares como Japón y Taiwán, pero la escala del cambio en China es definitivamente la mayor", afirma el profesor Brown.

"En términos de bienestar social y otras maneras de mitigar el envejecimiento de la población y cuidar a las personas mayores, China aún no cuenta con los niveles de riqueza necesarios", advierte.

Si, como cree la Academia China de Ciencias Sociales -una institución oficial-, el fondo de pensiones se está agotando, el país podría estar quedándose sin tiempo para generar fondos suficientes para cuidar a su creciente población de ancianos.

Sin embargo, el profesor Brown se muestra cautelosamente optimista respecto a que China resolverá sus problemas de población a tiempo.

"Probablemente intentarán usar la tecnología y cuentan con todo tipo de herramientas políticas para aliviar estos problemas", señala.

"Creo que la gente suele ser pesimista respecto a la capacidad de China para hacer cosas, pero luego China encuentra la manera".

Este texto fue publicado originalmente por el Servicio Chino de la BBC, con información adicional de Kelly Ng, Silvia Chang y Britt Yip, y edición de Mark Shea y Su-min Hwang.

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FUENTE: BBC