¿Cambio de régimen o déjà vu? Las protestas que pusieron en jaque al poder en Irán desde 1999
Desde las protestas estudiantiles de 1999 hasta el movimiento “Mujer, vida, libertad”, Irán respondió con represión a cada manifestación social.
Protestas en Irán.
X¿Estamos ante un cambio de régimen o un déjà vu? La pregunta se impone ante la ola de protestas que sacuden a Irán desde el 28 de diciembre del 2025. El punta pie fue la caída de la Rial. No obstante, una corriente social crítica atraviesa al régimen iraní desde 1979, cuando se impuso la revolución islámica de la mano del ayatolá Ruhollah Jomeiní.
Antes de la Revolución Islámica de 1979, Irán mantuvo una relación fluida con Estados Unidos. Tras el golpe de 1953 que derrocó al primer ministro Mohammad Mosaddeq, que contó con la coordinación y la complicidad de EE.UU y el Reino Unido, el sha Mohammad Reza Pahlaví consolidó un poder fuertemente respaldado por Washington.
Te Podría Interesar
Durante más de dos décadas, Irán se convirtió en un aliado clave de Occidente en Medio Oriente, donde recibió apoyo militar, financiero y logístico, a cambio de garantizar estabilidad energética y oficiar de barrera de contención frente a la influencia soviética en la región.
Ese vínculo se quebró con la revolución que puso fin a la monarquía y dio origen a la República Islámica. El movimiento liderado por el ayatolá Ruhollah Jomeini combinó un rechazo al autoritarismo del sha con una fuerte oposición a la injerencia extranjera, especialmente estadounidense.
El nuevo régimen se organizó como un sistema híbrido, complejo, con instituciones republicanas subordinadas a una estructura teocrática basada en el islam chiita, donde la autoridad religiosa pasó a ocupar el centro del poder político y social. Desde 1989, quien ocupa el lugar de Líder Supremo es Alí Jamenei, actualmente en jaque por una nueva marea de manifestaciones.
Para entender la situación económica de Irán
La economía iraní atraviesa un deterioro fenomenal en un contexto de guerra y sanciones. Dependiente de las exportaciones de petróleo, el país persa sufrió una doble presión: por un lado, la caída de la producción como resultado de las restricciones externas y los daños bélicos; por otro, un desplome del 19% en el precio del crudo iraní entre enero de 2025 y enero de 2026, lo que recortó de manera significativa los ingresos fiscales del Estado y redujo el margen del régimen para sostener la actividad económica y contener el malestar social.
Según la agencia Tasnim, que citó datos del Banco Central de Irán, entre el 21 de marzo y el 21 de agosto de 2025 el Producto Interno Bruto cayó 0,6%, una contracción que se amplía al 0,8% si se excluye la producción petrolera. Asimismo, hay retrocesos marcados en sectores clave.
La agricultura se contrajo 2,9%, mientras que la industria y la minería descendieron 3,4%, afectadas por restricciones energéticas, mayores costos operativos y el estancamiento manufacturero. El golpe más fuerte, informó el medio, se registró en la construcción, con una caída del 12,9%.
Asimismo, el deterioro macroeconómico se ve agravado por una inflación que no merma, acompañada de una fuerte depreciación de la moneda. De acuerdo con el Centro de Estadísticas de Irán, la inflación interanual de noviembre-diciembre de 2025 alcanzó el 52,6%.
En paralelo, la moneda iraní, el rial, acumuló una devaluación del 39% durante 2025, en un escenario marcado por las sanciones de Estados Unidos, las medidas punitivas de la ONU por el programa nuclear y el impacto de la guerra de 12 días con Israel en junio, que incluyó bombardeos sobre instalaciones nucleares, militares y civiles, y la eliminación de la plana mayor militar.
Cuatro estallidos sociales que marcaron el pulso del país
La historia reciente de Irán está atravesada por ciclos de protesta que vuelven a poner en tensión la relación entre la sociedad y el régimen. Desde finales de los años noventa hasta la actualidad, proliferaron distintos estallidos impulsadas por demandas diversas: desde la libertad de expresión, la transparencia electoral, hasta las condiciones económicas o derechos de las mujeres. Todas y cada una de ellas chocaron con una misma respuesta: la represión del régimen iraní.
1999: el cierre del Salam
El primer gran sacudón ocurrió en 1999, cuando el Tribunal Especial del Clero condenó al clérigo Mohammed Khoeiniha, director del diario Salam, por supuesta difusión de información falsa e incitación al desorden. La sentencia, dictada por un tribunal dominado por religiosos conservadores, fue leída por los sectores reformistas como un mensaje disciplinador.
El cierre del periódico, vinculado al entonces presidente reformista Mohammad Khatami, fue la chispa de una revuelta estudiantil que se expandió desde Teherán a otras ciudades y que, durante casi una semana, hizo temblar al país persa.
Lo que comenzó como protestas pacíficas en campus universitarios derivó en una escalada represiva. En la noche del 8 de julio, fuerzas de seguridad irrumpieron en residencias estudiantiles y provocaron al menos una muerte. A partir de allí, la violencia se generalizó: las milicias Basij tomaron protagonismo, hubo nuevos fallecidos, cientos de estudiantes fueron detenidos y otros desaparecieron sin registros oficiales.
2009: la llegada de una marea verde
Diez años más tarde, en 2009, Irán volvió a vivir una movilización masiva tras las elecciones presidenciales que confirmaron la reelección de Mahmud Ahmadineyad. Millones de personas cuestionaron la legitimidad del resultado y denunciaron fraude, dando origen al llamado Movimiento Verde, identificado con el color de campaña del opositor Mir-Hossein Mousavi. Las manifestaciones pusieron en jaque al régimen y pusieron en boca de la opinión pública un tema sensible: la sospecha de ilegitimidad electoral.
Una vez más, la represión fue letal. La muerte de Neda Agha-Soltan, registrada en video y difundida globalmente, desnudé la mecánica represiva del régimen. Según Amnistía International, decenas de personas murieron, miles fueron detenidas y el Estado recurrió al bloqueo de internet y de las comunicaciones móviles para sofocar la movilización, un nuevo modus operandi que había llegado para quedarse en Irán.
En 2019, el detonante fue económico. Un aumento abrupto en el precio de la gasolina encendió protestas en más de veinte ciudades, que pronto desbordaron el reclamo inicial y derivaron en consignas abiertamente políticas. Por primera vez en años, se escucharon llamados directos contra el líder supremo, Alí Jamenei. La respuesta estatal fue particularmente brutal y esos días quedaron grabados como el “noviembre sangriento”: uso masivo de la fuerza, centenares de muertos y un apagón informativo casi total.
2022: "Mujer, vida y libertad"
El ciclo más reciente comenzó en septiembre de 2022, tras la muerte de Jina Mahsa Amini, una joven kurda detenida por la policía de la moral por no cumplir con las normas del hiyab. Su asesinato bajo custodia estatal desató una ola de protestas que trascendió el reclamo puntual y se transformó en un emblema de la lucha feminista. Bajo la consigna “Mujer, vida, libertad”, mujeres sin velo y jóvenes de todo el país ocuparon el espacio público durante meses. La reacción del régimen volvió a ser implacable.
Dos años y medio después del inicio de las protestas, el cuadro que enfrentan mujeres y niñas en Irán no muestra mejoras. Un informe reciente de Naciones Unidas, elaborado por una misión internacional independiente, señala que el Estado iraní no solo preservó el andamiaje restrictivo que limita derechos básicos, sino que lo profundizó.
La represión contra quienes impulsaron o acompañaron el movimiento “Mujer, Vida y Libertad” aparece así como una política sostenida, con nuevas herramientas y un mismo objetivo, el disciplinamiento.
Presentado en el 58° período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra, el documento describe un sistema de control estatal que articula vigilancia tecnológica y castigos ejemplificadores. La investigación registró prácticas equiparables a tortura, como ejecuciones simuladas durante detenciones, y casos en los que mujeres fueron amenazadas con armas o sometidas a simulacros de fusilamiento. A eso se suma un esquema de vigilancia digital calificado como “paramilitar”, que trasladó al sector privado y a particulares la obligación de hacer cumplir las normas del hiyab, bajo la retórica de una responsabilidad cívica.
El informe también revisó muertes de manifestantes que fueron presentadas oficialmente como suicidios, además de episodios de violencia física y psicológica durante arrestos y detenciones. El trabajo se apoya en dos años de investigación, con alrededor de 300 testimonios y más de 38.000 elementos probatorios verificados entre informes médicos, peritajes forenses y documentación oficial.
¿En qué situación estamos hoy?
El nuevo ciclo de protestas abierto a fines de diciembre pone sobre la mesa nuevamente a Irán en la agenda internacional. La pregunta sobre un cambio de régimen cobra cada vez más relevancia con el precedente fresco de la intervención de Estados Unidos en Venezuela. ¿Ocurrirá lo mismo en Irán? La espectacular entrada de Donald Trump en Caracas para llevarse a Nicolás Maduro en plena oscuridad caribeña le da verosimilitud a esa hipótesis.
En lo que respecta a Irán, más que episodios aislados, las protestas nos advierten una constante: cada generación iraní vuelve a poner en discusión los límites del poder, y el régimen responde reafirmando los suyos.






