Así fueron las últimas horas con vida de "El Mencho"
Entre mudanzas constantes y problemas de salud, "El Mencho" quedó expuesto cuando redujo su custodia y el operativo se activó en Tapalpa.
Nemesio Oseguera, "El Mencho", es esposo de Rosalinda González y uno de los fugitivos más buscados por la DEA estadounidense.
En el mes previo al golpe federal, Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, vivía con la idea fija de que lo seguían. No era solo paranoia. Se movía con tensión, enfermo y con el temor de que sus desplazamientos estuvieran bajo monitoreo de agencias de seguridad de Estados Unidos en contacto permanente con el gobierno de México.
En ese tramo final, su rutina se achicó: menos margen, menos descanso, más nervios.
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La ubicación clave y el miedo a ser cercado
La DEA lo tenía localizado en las cercanías de la Laguna de Sayula, un espejo de agua rodeado por montañas que alcanzan unos 1.350 metros. Para su círculo de seguridad, el terreno jugaba a favor: altura, precipicios y accesos difíciles. Pero él no se sentía protegido. Cambiaba de residencia cada dos días, rotaba escoltas y usaba disfraces para bajar el perfil, incluso el de un anciano en silla de ruedas.
La presión, además, no se quedaba en el paisaje: la agencia antidrogas había intervenido teléfonos de operadores relevantes, y por esa vía conocía el estado de alerta que dominaba al entorno.
Así fue el operativo para capturar a "El Mencho"
Enfermedad, desgaste y noches partidas
A los 59 años, su salud estaba deteriorada. El nerviosismo empeoraba problemas de riñón e hígado, y se hablaba de intervenciones realizadas en sitios improvisados, lejos de un hospital en forma. Comía mal, dormía poco y se trasladaba de madrugada, con descansos cortados y un cansancio que se acumulaba. Quien lo hubiera visto en ese momento, sostienen fuentes citadas en el texto original, difícilmente lo habría asociado con una fortuna estimada en más de mil millones de dólares.
Ese contraste era brutal. Según el agente de la DEA Kyle Mori, encargado de su persecución, Estados Unidos lo señalaba como dueño de cientos de viviendas repartidas por el mundo, con varias residencias lujosas frente al Pacífico mexicano. También se le atribuían inversiones en marcas de tequila, hoteles, restaurantes, criptomonedas, lingotes de oro, relojes de alta gama y una colección de tigres de Bengala.
Un “CEO” criminal con alcance global
Como jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación, operaba como si dirigiera una megaestructura: prestanombres, voceros y “gerentes” desplegados en más de 60 países, presencia en los 50 estados de Estados Unidos y control en las 32 entidades federativas de México. La comparación que aparece en el material es contundente: si el CJNG fuese una industria legal, sus ganancias competirían con gigantes como Apple o Amazon. Sin embargo, su vida cotidiana no se parecía a la de un magnate. No podía viajar en avión, sentarse en un restaurante, ir a un concierto o caminar por la playa.
En lugar de eso, terminó en un circuito de chozas y veredas rurales, entre mosquitos, barro hasta las espinillas y la obligación de dormir en alerta. La insuficiencia renal lo castigaba sin acceso a un centro médico privado; dependía de clínicas levantadas por su propia organización, sin equipamiento suficiente. Ese escenario lo devolvió, de forma irónica, a su origen: nacido en Aguililla el 17 de junio de 1966, de adolescente supervisaba cultivos de marihuana en Tierra Caliente y soñaba con la ciudad y el lujo. Con poder y dinero, acabó otra vez atrapado en zonas empobrecidas y rurales, escapando de fuerzas federales.
En sus cálculos, nadie lo tocaría antes de la Copa del Mundo. Creía que habría margen para evitar un conflicto en Guadalajara, sede mundialista, y reforzar su estrategia de cuidados. Pero el final llegó antes. En Tapalpa redujo su aparato de seguridad para “bajar el perfil”. Esa decisión abrió la puerta a un operativo alimentado por información de la DEA y el Departamento de Justicia estadounidense.
Hubo enfrentamiento. Él y sus escoltas resistieron, pero se toparon con fuerzas federales de élite que lo tenían ubicado desde hacía meses. Herido de bala, fue evacuado por aire hacia un hospital en Ciudad de México. No alcanzó a llegar: su organismo, ya frágil, no soportó el trayecto. Murió en el aire, en el cierre abrupto de una carrera criminal que acumuló riqueza sin darle una vida posible.

