China y sus fantasmas: entre maniobras, purgas y desapariciones
Xi Jinping, mandatario de China, potencia que se planta ante Estados Unidos. Foto Efe
EFEEn China, las cosas no siempre son lo que parecen, pero últimamente ni siquiera lo que desaparece puede explicarse. La reciente ola de desapariciones de altos mandos militares —incluyendo generales cercanos al presidente Xi Jinping — desconcertaron tanto dentro como fuera del país. Ya no se trata de un general aislado, sino de una lista cada vez más extensa de figuras clave que se esfuman del mapa. Lo llamativo es la magnitud: como si en lugar de hacer desaparecer una paloma, ahora se hiciera invisible a la Estatua de la Libertad.
Una de las hipótesis más remotas, pero no imposibles, es que dentro del sistema haya existido un intento —o al menos un temor— de golpe de Estado. Suena ilógico, pero en regímenes donde el silencio es norma, el ruido surge de lo inexplicable. Una alternativa más plausible es que Xi Jinping haya comprendido que tomar Taiwán por la fuerza es inviable.
Los juegos de guerra alrededor de la isla, la presencia del portaaviones Shandong en la zona y la tensión creciente no ocultan una verdad incómoda: el Ejército Popular de Liberación no está preparado para una operación de esa escala. No por falta de armamento, sino porque su entrenamiento, su estructura y su razón de ser responden a otra lógica: no combatir amenazas externas, sino garantizar la supervivencia del régimen frente a su propia población.
En ese contexto, la purga de generales puede leerse como un intento desesperado de Xi Jinping por reconfigurar una maquinaria que fue diseñada para otra guerra. Si se suma a esto la posibilidad de corrupción —el ejército más caro del mundo que no sabe usar sus juguetes nuevos, la frustración desde arriba se vuelve comprensible.
No es descabellado pensar que las desapariciones sirvan también para diluir cualquier foco de poder que no esté directamente subordinado a Xi Jinping. Cada vez que alguien acumula demasiada influencia, se desvanece. Como si el verdadero diseño desde arriba (ding ceng she ji) fuera la capacidad de Xi Jinping para mantenerse como el único punto fijo en un sistema donde todo lo demás es reemplazable o prescindible.
Pero esta estrategia, aunque funcional en el corto plazo, es peligrosa. El miedo no fideliza: solo posterga la rebelión. Incluso los más leales obedecen con la boca y conspiran con el silencio. Y si la élite militar empieza a ver en su líder no una garantía sino una amenaza, las grietas pueden multiplicarse. China, que durante décadas cultivó la opacidad como virtud, hoy muestra una cara que ni sus propios dirigentes parecen controlar del todo. No hay certezas, solo conjeturas, pero en todas flota la misma pregunta: ¿cuánto tiempo puede un sistema funcionar cuando sus piezas desaparecen sin aviso y sus engranajes no saben para qué fueron construidos?
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

