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China pierde la guerra tecnológica: su caza J-36 nace obsoleto

China presenta al J-36 como un caza revolucionario, pero sin IA ni motores avanzados, parece más propaganda que una amenaza real para EE.UU.
Los ataques de Israel enfrentan a Estados Unidos y China. Foto: Shutterstock

Los ataques de Israel enfrentan a Estados Unidos y China. Foto: Shutterstock

El J-36, el nuevo caza chino que supuestamente desafía a Estados Unidos, es presentado como una máquina de guerra de última generación, un avión “invisible” capaz de superar a cualquier rival. Pero cuando miramos más de cerca lo que realmente se sabe sobre este sistema de armas, aparecen serias dudas. China tiene un largo historial exagerando sus avances militares, y este parece ser otro caso de mucha propaganda y poca realidad. La clave aquí es la inteligencia artificial (IA), y sin ella, el J-36 no es más que un caza moderno con una buena capa de pintura.

Para empezar, hablemos de la supuesta “furtividad” del J-36, es decir, su capacidad para no ser detectado por radares enemigos. Imagina que estás jugando a las escondidas en un campo abierto y decides cubrirte con una sábana verde esperando que nadie te vea. Eso puede funcionar si el entorno te ayuda, pero si tu “sábana” no es la adecuada, cualquier linterna te delatará. Los aviones furtivos como el F-22 o el F-35 de Estados Unidos usan materiales especiales que absorben las señales de radar, algo que China intentó copiar sin mucho éxito. Sin estos materiales avanzados y sin una correcta gestión del calor de los motores (los radares pueden detectar el calor como si fuera una linterna en la noche), la supuesta invisibilidad del J-36 es más marketing que realidad.

Luego está la velocidad. China dice que el J-36 puede volar a velocidades supersónicas sin necesidad de un consumo excesivo de combustible, algo conocido como “supercrucero”. Pero hay un problema: los motores. Un coche de Fórmula 1 puede ser rápido porque su motor es de primera categoría, pero si pones un motor de taxi en ese coche, no va a correr igual. China lleva décadas intentando desarrollar motores potentes sin éxito. El WS-15, el motor que debió impulsar su caza J-20, aún tiene fallas graves. Si el J-36 usa una versión de esos motores, su “supercrucero” será solo un deseo, no una realidad.

Pero el punto más importante, y donde realmente se define el futuro de la guerra aérea, es la IA. Un caza de sexta generación no es solo una máquina rápida con buenos misiles; es una computadora voladora que toma decisiones en milisegundos. En una batalla aérea moderna, el que tenga la mejor IA gana, así de simple. El F-35 de EE.UU., por ejemplo, no solo detecta amenazas, sino que decide automáticamente cuál es la mejor estrategia para eliminarlas, comunicándose con otros aviones, drones y bases en tierra. Es como si tuvieras un equipo de expertos susurrándote al oído mientras juegas ajedrez. Si el J-36 no tiene una IA avanzada, sus pilotos estarán peleando en una guerra donde los demás ya juegan con ventaja.

Y aquí está el verdadero problema: China no demostró tener una IA capaz de hacer esto. Para que un caza de sexta generación sea realmente avanzado, necesita operar con drones, adaptarse a nuevas amenazas sin intervención humana y decidir en tiempo real cómo atacar o defenderse. Sin IA, el J-36 es simplemente un avión más moderno, pero nada que represente una revolución. Es como comparar un teléfono viejo con botones con un smartphone; ambos pueden hacer llamadas, pero uno está muy por detrás en funcionalidad.

El problema más grave para China no es solo la falta de IA en el J-36, sino que nunca podrá desarrollarla al nivel necesario porque no tiene acceso a los chips avanzados que la hacen posible. Estados Unidos impuso un bloqueo tecnológico que impide a China obtener semiconductores de última generación, esenciales para que un caza de sexta generación pueda procesar información en tiempo real, coordinarse con otras aeronaves y adaptarse a nuevas amenazas. Sin estos chips, la IA del J-36 será rudimentaria en comparación con la de los caza estadounidenses y sus aliados, lo que significa que en un combate real, China pelearía con una gran desventaja. Este no es un problema menor ni temporal: sin acceso a los procesadores más sofisticados, se desmorona el sueño chino de ser una potencia militar. Y el impacto de esto va más allá de la competencia con Estados Unidos: Taiwán, que por años vio a China como una amenaza creciente, ahora tiene menos razones para temer una invasión. Si el J-36 es el futuro de la Fuerza Aérea China, entonces Taiwán puede respirar con más tranquilidad, porque ese futuro está lleno de limitaciones tecnológicas.

Por último, hay que considerar la famosa estrategia china de “anunciar antes de tener”. El J-20 fue declarado listo para el combate cuando en realidad solo había unos pocos en operación con capacidades limitadas. Lo mismo pasa con el J-35. Ahora, con el J-36, es probable que estemos viendo un anuncio prematuro para generar miedo en sus rivales y alimentar el nacionalismo en casa. La realidad es que, sin pruebas concretas, sin IA avanzada y sin motores confiables, este caza está lejos de ser el arma revolucionaria que China quiere vender al mundo.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.