Presenta:

El nuevo mapa que Donald Trump tiene en mente para Medio Oriente

Donald Trump sorprendió al mundo al anunciar que su país tomará el control de la Franja de Gaza, y deja una puerta abierta a un acuerdo nuclear con Irán. ¿Qué implica su estrategia para la región?

Donald Trump, en su flamante segundo mandato, ha vuelto a sacudir el tablero global con una decisión inesperada: Estados Unidos tomará el control de la Franja de Gaza y se hará cargo de su reconstrucción. Su anuncio generó sorpresa y un inmediato interrogante: ¿cuál es el nuevo mapa de Medio Oriente que el dirigente republicano tiene en su mente?

"Estados Unidos se hará cargo de la Franja de Gaza y haremos un trabajo en ella", declaró el mandatario el 4 de febrero. "Seremos dueños de ella y seremos responsables de desmantelar todas las bombas peligrosas sin explotar y otras armas que se encuentren en el lugar", indicó.

El plan de Trump, según los escasos detalles revelados, incluye la reubicación de los palestinos de Gaza en otros países árabes y un proceso de reconstrucción que, según el presidente, generaría "miles y miles de empleos" en esa franja costera de 45 kilómetros de "largo" y 10 kilómetros de "ancho" -como máximo-.

“Será algo de lo que todo Medio Oriente podrá estar muy orgulloso”, sostuvo el líder del movimiento MAGA. “Veo que será una posición de propiedad a largo plazo y creo que aportará una gran estabilidad a esa parte de Medio Oriente”, añadió.

Un detalle no menor es que horas después la Casa Blanca aseguró que, por lo pronto, no se enviarán tropas a Gaza y que Estados Unidos no financiará directamente esta operación. "Donald Trump, que es el mejor negociador del planeta, va a llegar a un acuerdo con nuestros socios en la región", afirmó Karoline Leavitt, vocera de la Casa Blanca.

“Al presidente le ha quedado muy claro que Estados Unidos debe participar en este esfuerzo de reconstrucción para garantizar la estabilidad en la región para todos. Pero eso no significa que haya tropas sobre el terreno en Gaza. No significa que los contribuyentes estadounidenses vayan a financiar este esfuerzo”, dijo Leavitt.

Si bien es cierto que la propuesta disruptiva de Trump encontró muchas críticas en el ámbito internacional, la mayoría de ellas provinieron de los líderes que justamente permitieron, por acción u omisión, que Gaza se convierta -en palabras del mandatario- “en un infierno en este momento” y que lo haya sido “por mucho tiempo". 

Es por ello que el veterano dirigente aseguró que no se puede repetir el mismo error una y otra vez. Trump argumentó que los palestinos allí no tenían otra alternativa que abandonar la franja costera, que debe ser reconstruida después de casi 16 meses de una guerra devastadora entre Israel y Hamas. De hecho, indicó que había hablado con muchos dirigentes sobre este plan y que se mostraron de acuerdo porque quieren paz y estabilidad en la región.

La costa de la Franja de Gaza. Foto: Shutterstock.

Ahora bien, el movimiento de Trump encaja con una visión más amplia que proyecta en Medio Oriente en la que Israel es el aliado estratégico indiscutido de Washington. No es casual que la medida llegue durante la visita de Benjamín Netanyahu a la Casa Blanca. La alianza entre ambos países sigue fortaleciéndose, especialmente ante la creciente tensión con Irán, que en el último año ha atacado Israel con misiles y drones.

Durante su primer mandato, Trump demostró no solo que es un pacifista -durante su gestión no se inició ningún conflicto bélico en el mundo- sino también sus habilidades para mediar entre enemigos históricos, alcanzando acuerdos significativos como los Acuerdos de Abraham, celebrados entre Israel y varios países árabes en 2020.

Bajo su primer mandato Trump doblegó al régimen iraní, a través de duras sanciones económicas, liquidando al general Qasem Soleimani y retirando a Estados Unidos del Pacto Nuclear con Teherán (acordado en la Administración Obama-Biden en 2015). Sin embargo, con la salida de Trump de la Casa Blanca, Joe Biden retiró sanciones a Irán y, desde entonces, el régimen teocrático ha acelerado drásticamente el enriquecimiento de uranio hasta alcanzar un 60% de pureza, cercano al nivel de grado armamentístico de aproximadamente el 90%.

Como si todo esto fuera poco, en noviembre del año pasado, el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló que Farhad Shakeri, de 51 años, presuntamente actuando bajo órdenes de las autoridades iraníes, había sido instruido en septiembre para vigilar y, en última instancia, asesinar a Trump.

En este marco, en sus primeras semanas en la Casa Blanca, Trump ha optado por una postura de "máxima presión" sobre Teherán, reactivando sanciones económicas y restringiendo las exportaciones de petróleo. 

"Irán no puede tener un arma nuclear", afirmó. Asimismo, sostuvo que en caso de que lo asesinen, ya ha dado indicaciones para aniquilar a todo Irán. “Si lo hicieran, serían aniquilados. He dejado instrucciones: si lo hacen, serán aniquilados, no quedará nada”, declaró el 4 de febrero durante una conferencia de prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca.

Pero, en un aparente giro inesperado, también dejó la puerta abierta a un "acuerdo nuclear de paz verificado". "Quiero que Irán sea un país grande y tenga éxito, pero no puede tener un arma nuclear", sostuvo el presidente el miércoles horas después de aplicar fuertes sanciones al régimen de los ayatolás. 

En este sentido, aseguró que las informaciones que apuntan a una posible conspiración entre Estados Unidos e Israel para "hacer trizas" a la República Islámica son "muy exageradas" y abrió la puerta a un acuerdo "que permita a Irán crecer y prosperar de manera pacífica". ¿Se trata entonces de un guiño diplomático real o más bien una estrategia de presión para negociar desde una posición de fuerza?

"Deberíamos comenzar a trabajar en él inmediatamente y habrá una gran celebración en Medio Oriente cuando esté firmado y completado. ¡Dios bendiga a Medio Oriente!",  proclamó, desconcertando a propios y ajenos, el actual inquilino de la Casa Blanca sobre un acuerdo nuclear con Teherán.

El contexto también es clave. Trump ordenó la salida de Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y la suspensión del financiamiento a la agencia de ayuda palestina de la ONU (UNRWA), argumentando que la organización fomentaba el terrorismo. Israel siguió sus pasos. 

Al mismo tiempo, Arabia Saudita y Jordania podrían jugar un rol crucial en la reubicación de los palestinos de Gaza, aunque Riad ya ha manifestado su rechazo a cualquier desplazamiento forzado.

El dilema también pasa por las consecuencias prácticas. La ONU estima que la remoción de los escombros en Gaza podría llevar 21 años y costar hasta 1.200 millones de dólares. Si Estados Unidos no financiará la reconstrucción, ¿quién lo hará? ¿Será Israel? ¿Los países árabes?

Otro elemento clave es el evidente cambio de postura de actores históricamente hostiles a Estados Unidos, que parecen estar viendo esta nueva realidad y están tratando de tender puentes con Washington.

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, aseguró el miércoles -tras las sanciones anunciadas desde la Casa Blanca- que su país no busca armas nucleares: "Si la principal preocupación es que Irán no busque armas nucleares, esto es posible y no es una cuestión complicada". 

Por otro lado, Hamás, pese a la inminente ocupación de Gaza por parte de Estados Unidos, ha manifestado su voluntad de dialogar con Washington. "Estamos listos para contactar y conversar con la administración Trump", afirmó Mousa Abu Marzouk, alto funcionario del grupo terrorista. “Aplaudimos las conversaciones con los estadounidenses y no tenemos ninguna objeción al respecto", añadió.

En otras palabras, Trump -y aparentemente sus adversarios en Medio Oriente también lo están viendo de esa forma- quiere que Irán se desarrolle económicamente pero sin tener una bomba atómica y, a su vez, suprimiendo a sus proxys terroristas que incluyen a Hamás (que tenía su guarida en la Franja de Gaza -que pasará a estar controlada por Estados Unidos), Hezbolá (que se está replegando hacia el norte del Líbano, donde tiene presencia el ejército libanés -todo ello acorde a la tregua acordada con Israel-) y los hutíes de Yemén (que son los que tienen menos poder bélico y de alguna manera siguen las líneas de Hamás y Hezbolá).

Por lo pronto, rige una tregua de alto el fuego entre Israel y Hezbolá, y entre Israel y Hamás. En ambas tuvo un rol protagónico Trump y su equipo para llegar a un acuerdo -hecho destacado por el propio Netanyahu en su reciente visita a Washington-. La primera fase ha llevado a la liberación de 18 rehenes por parte de Hamás y a la liberación de cientos de palestinos encarcelados por parte de Israel. Según el equipo republicano, ya se ha entrado en la “Fase 2” con Hamás. Veremos cómo avanza en los próximos días.

Por supuesto, el nuevo mapa de Medio Oriente que vislumbra Trump también incluye a Siria, país que cuenta con un nuevo liderazgo que si bien tiene un antecedente vinculado a Al Qaeda, aparentemente se quiere acercar a Occidente (y desde ya no quiere saber nada con Moscú). El dirigente republicano ha dicho que en este caso, Estados Unidos no tiene nada que hacer allí y probablemente nunca tuvo algo que hacer. Por ende, puede que en los próximos meses la Casa Blanca retire sus tropas del país, dejando que el nuevo liderazgo local defina su propio rumbo. Ahí aparece la Turquía de Erdogán, que quiere sacar tajada del territorio sirio post Al Assad, pero que en este nuevo esquema quedaría considerablemente debilitada.

En este complejo rompecabezas también aparecen los impredecibles talibanes de Afganistán -con quienes Trump había avanzado en un acuerdo para retirar las tropas estadounidenses que la Administración Biden lo terminó ejecutando de una forma bochornosa-.

Tropas americana se retiran de Afganistán tras la acuerdos firmados por Donald Trump. Foto: EFE.

Evidentemente, los desafíos son enormes. Además de los obstáculos étnicos, económicos y militares de la Franja de Gaza aparece, por ejemplo, el caso de Arabia Saudita, la potencia económica de Medio Oriente que -como se dijo más arriba- ya ha rechazado cualquier intento de desplazar a los palestinos de sus tierras y reiteró que no establecerá relaciones con Israel sin la conformación de un Estado palestino.

A pesar de todo lo expuesto, Trump, que el 14 de junio próximo cumplirá 79 años, parece decidido a hacer historia como el líder que trajo estabilidad a Medio Oriente. Con una estrategia que combina presión extrema y apertura negociadora, busca redefinir el tablero geopolítico y llevar paz a una región históricamente convulsionada.

Israel será su aliado infalible. Irán su férreo adversario pero con posibilidad de llegar a un acuerdo. Los países árabes, en el ideario de Trump, deberán hacerse cargo de los palestinos. Siria transitará su propio camino. ¿Será este el mapa que traerá la verdadera paz a Medio Oriente? El tiempo dirá, pero Trump ya está ejecutando su plan para lograrlo.