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Aranceles, inteligencia artificial y tributación: la estrategia de Donald Trump para redefinir la economía

Donald Trump diseñó una estrategia que busca volver a ubicar a Estados Unidos en el centro del mundo a través de aranceles y nuevas tecnologías.
Donald Trump mantiene la estrategia de amenazar con aranceles a los países que lo desafíen Foto: EFE
Donald Trump mantiene la estrategia de amenazar con aranceles a los países que lo desafíen Foto: EFE

El debate sobre la transición de un sistema basado en impuestos a la renta hacia uno en impuestos al consumo cobra relevancia con la propuesta de Donald Trump. En términos simples, el impuesto sobre la renta grava los ingresos de las personas y las empresas, mientras que un sistema basado en el consumo implica un impuesto al valor agregado (IVA) o similar. La premisa central es que el IVA es más fácil de recaudar, más difícil de evadir y podría simplificar enormemente la administración fiscal mediante inteligencia artificial.

El IVA existe en muchos países y, de hecho, en muchos de ellos es la principal fuente de recaudación. Su eficacia radica en su diseño: cada transacción económica genera un impuesto automático que se rastrea fácilmente. La evasión de este impuesto es más difícil porque está integrada en la cadena productiva y comercial, y cualquier omisión genera inconsistencias de fácil detección. Además, en términos de control y fiscalización, perseguir a quienes evaden el IVA no se basa en interpretaciones subjetivas de ingresos o deducciones, sino en operaciones verificables. La inteligencia artificial simplifica este control reduciendo la evasión.

El argumento en contra de este modelo es que un impuesto al consumo es regresivo, ya que afecta más a quienes gastan una mayor proporción de sus ingresos en bienes de primera necesidad. Sin embargo, esto ignora que el sistema actual de impuestos a la renta también está lleno de distorsiones, deducciones y beneficios que favorecen a ciertos grupos sobre otros. Un IVA uniforme, en cambio, distribuye la carga de manera más homogénea, ya que todos pagan en proporción a su consumo.

Esta propuesta de cambio impositivo no puede analizarse de manera aislada, sino en el contexto más amplio de la política comercial de Trump, en particular sus aranceles. La narrativa convencional sostiene que los aranceles elevan los costos de los bienes importados y generan inflación en el país que los impone. Sin embargo, este argumento no se sostiene en el caso de Estados Unidos. A diferencia de países más pequeños y dependientes de importaciones específicas, Estados Unidos tiene un peso económico tan grande que los exportadores extranjeros no pueden simplemente trasladar el costo de los aranceles a los consumidores estadounidenses. Si lo intentan, los importadores pueden sustituir proveedores o reducir la compra de esos productos, dejando a los exportadores sin mercado. La consecuencia es que los productores extranjeros absorben una parte del costo, lo que los obliga a reducir márgenes, despedir trabajadores o automatizar procesos para mantener su competitividad.

Este fenómeno lleva a un efecto deflacionario en los países exportadores, donde el desempleo y la reducción de costos se convierten en mecanismos de ajuste. En Europa, China y otros mercados que dependen de la exportación a Estados Unidos, el impacto se reflejaría en menor actividad económica y, potencialmente, una aceleración de la automatización. En lugar de inflación en Estados Unidos, lo que se vería es un reacomodamiento global de precios y estructuras de producción, donde la deflación en los países exportadores contrarresta el impacto de los aranceles.

En este contexto, un sistema basado en impuestos al consumo complementaría la política de aranceles, permitiendo que el gobierno estadounidense genere ingresos de manera más eficiente sin afectar directamente la producción interna. En términos de eficiencia fiscal, un IVA simplificado, junto con inteligencia artificial aplicada a su recaudación y fiscalización, reduciría costos administrativos y aumentaría el cumplimiento tributario. De hecho, el control del IVA se vuelve mucho más efectivo con herramientas tecnológicas avanzadas, en contraste con la evasión masiva y la manipulación que se observa en los sistemas de impuesto a la renta.

La combinación de aranceles estratégicos con un sistema de tributación basado en el consumo representa un cambio estructural en la forma en que Estados Unidos financia su gobierno, alejándose de un modelo basado en la tributación sobre ingresos para adoptar uno más simple, automático y difícil de evadir. La pregunta no es si este cambio es viable, sino cuánto tiempo tomará para que un país del tamaño y la influencia de Estados Unidos termine adoptándolo de manera definitiva.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.