La ciudad que se ha convertido en el inesperado centro de decisiones globales
En un giro inesperado en la geopolítica mundial, Riad, la capital de Arabia Saudita, ha emergido como el escenario principal para las conversaciones entre Estados Unidos y Rusia, destinadas a abordar la prolongada guerra en Ucrania.
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El 18 de febrero, delegaciones de Washington y Moscú, encabezadas por el secretario de Estado Marco Rubio y el ministro de Exteriores Serguéi Lavrov, respectivamente, se reunieron en Riad para explorar vías hacia la normalización de relaciones diplomáticas y la resolución del conflicto en Ucrania.
Este acontecimiento, facilitado por el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, marca la primera reunión de alto nivel entre ambas potencias en más de tres años, desde que en 2021 los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Joe Biden y Vladimir Putin, respectivamente, se reunieron en Ginebra para discutir temas de seguridad y estabilidad estratégica.
En tanto, todo parece indicar que será cuestión de días para presenciar un hecho histórico: la cumbre entre Putin y el actual mandatario estadounidense Donald Trump en la capital saudita. ¿Se ha convertido Riad en el centro de decisiones críticas a nivel mundial?
Una posición peculiar
La elección de Riad como sede de estas conversaciones no es casualidad: el reino ha mantenido históricamente relaciones cordiales tanto con Washington como con Moscú, lo que le permite actuar como un puente neutral entre ambas naciones.
La relación de Arabia Saudita con Estados Unidos se ha caracterizado por una cooperación estratégica en áreas como la energía y la seguridad. A pesar de desafíos en el pasado, como las tensiones derivadas del asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018, ambos países han trabajado para mantener una alianza sólida, sobre todo bajo la primera presidencia de Trump.
Por otro lado, Riad ha cultivado una relación pragmática con Rusia, especialmente en el marco de la cooperación energética a través de la OPEP+, donde ambos países coordinan políticas petroleras para estabilizar los mercados globales. El reino tampoco se ha unido a las sanciones occidentales contra Moscú luego de la invasión rusa.
Esta dualidad en las relaciones internacionales de Arabia Saudita le ha otorgado una posición única para facilitar diálogos entre potencias con intereses contrapuestos.
No es solo Ucrania
En lo que pareció ser una auténtica jugada de ajedrez, poco antes de conversar con Putin, el presidente Trump lanzó su disruptivo plan para resolver el conflicto en Gaza y señaló implícitamente a Riad como un actor clave en la acogida de los casi dos millones de palestinos que serían desplazados hacia países árabes.
Esto añade otra capa de complejidad a la posición del reino en los asuntos globales. Sobre todo teniendo en cuenta que Riad -al igual que el resto de las naciones árabes- rechazó categóricamente esta propuesta. En un comunicado oficial el 5 de febrero, el gobierno saudí declaró que “no normalizará relaciones con Israel sin la existencia de un Estado palestino”, dejando clara su postura frente al plan de Trump.
Sin embargo, a pesar de las reticencias saudíes, Trump ha intensificado la presión sobre Riad para que asuma un papel más activo en la resolución de conflictos regionales. La estrategia del dirigente republicano parece orientada a consolidar alianzas a través de acuerdos bilaterales con Arabia Saudita y otros países clave en la región, con el objetivo de facilitar acuerdos de paz tanto en Ucrania como en Medio Oriente.
Trump apunta a que Arabia Saudita siga los pasos de países como Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, que firmaron los Acuerdos de Abraham en 2020 y normalizaron sus lazos con Israel. Al hacerlo, se convirtieron en las primeras naciones árabes en 25 años en romper un antiguo tabú. ¿Podría ser Arabia Saudita la próxima?
Si Riad estableciera relaciones diplomáticas con Tel Aviv sería simplemente histórico para Medio Oriente: el reino tiene una enorme influencia en la región y en el mundo musulmán (además de ser el mayor exportador de petróleo del mundo).
El as bajo la manga de Trump
Luego de lanzar su plan en Gaza y de recibir el rechazo unánime del mundo árabe, Trump redobló la apuesta días después planteando abiertamente que les pediría a Egipto y a Jordania la posibilidad de que reciban a un millón y medio de desplazados de la Franja para su “alojamiento” a medio o largo plazo.
Como era de esperarse, Egipto y Jordania rechazaron la propuesta de inmediato. Sin embargo, Trump ya tenía pactadas las visitas de las autoridades de ambos países a la Casa Blanca. Mientras El Cairo declinó, Amán decidió que no sería conveniente “dejar plantado” al presidente del país más poderoso del mundo. El rey Abdalá II fue recibido en Washington el 11 de febrero y, en el marco de una jugada magistral de Trump ante los medios, se comprometió a que su país acoja en fechas próximas a 2.000 menores gazatíes enfermos.
Ahora, los ojos del mundo están puestos en Riad, donde se están definiendo movimientos clave en la geopolítica actual. La capacidad de Arabia Saudita para equilibrar sus relaciones con Estados Unidos y Rusia, mientras mantiene su compromiso con la causa palestina, y eventualmente restablece relaciones con Israel, será determinante en su papel como mediador en estos conflictos y como un actor predominante del concierto de las naciones.
Arabia Saudita es consciente del rol que le están dando, por eso ha encabezado -de manera urgente e importante- esfuerzos con otras naciones árabes para desarrollar un plan alternativo para el futuro de Gaza para presentarle a la Casa Blanca.
La pregunta que surge es si Arabia Saudita podrá capitalizar esta oportunidad para consolidarse como un verdadero centro de decisiones globales, o si las complejidades inherentes a estos conflictos superarán su capacidad de mediación. Mientras tanto, Trump ya ha puesto sus fichas en Riad.

