Tensión en Bolivia: ¿intento de cambio de rumbo o purga interna en el socialismo?
El levantamiento militar en Bolivia está siendo noticia en todo el mundo pero, a diferencia de otros fenómenos similares en la región, no está claro -aún- el trasfondo de la maniobra dirigida por el ahora excomandante del Ejército, Juan José Zúñiga. ¿Se trata de un golpe de Estado para cambiar el rumbo del país o más bien responde a una lucha interna del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS)? En todo caso, ¿qué es lo que está en juego?
Mientras se escribían estas columnas, Zuñiga confirmaba el alzamiento en armas contra el gobierno del socialista Luis Arce: "Evo Morales no puede ser más presidente de este país", apuntaba y agregaba: "Vamos a recuperar esta Patria". Luego fue detenido.
Zuñiga había sido echado el martes por Arce porque se negaba a permitir que Evo Morales, quien gobernó el país durante tres períodos consecutivos (2006-2019), se presente en las elecciones presidenciales de 2025. Pero este no era un mero capricho del comandante: el líder del MAS había sido inhabilitado en 2023 para participar en tales comicios por el Tribunal Constitucional Plurinacional.
Hasta allí pareciera que el levantamiento militar respondía a un golpe convencional de sectores de "derecha" frente a un gobierno de izquierda que quiere "atornillarse" a la silla presidencial del Palacio Quemado. Pero hay otros elementos clave a tener en cuenta. El primero y fundamental: la disputa de poder existente entre Luis Arce y el expresidente Evo Morales.
La lucha entre ambos dirigentes socialistas es abierta y feroz. De hecho, producto de esta interna, que viene desde 2019, es que el gobierno boliviano prácticamente ha funcionado paralizado, con una crisis económica creciente caracterizada por la falta de combustibles y divisas.
Luego de tres gobiernos consecutivos, Morales forzó una tercera reelección en 2019 que fue rechazada por un referendo popular. Finalmente, el dirigente cocalero renunció en medio de un estallido social que terminó con 36 muertos y se asiló en México y Argentina. Posteriormente vino el gobierno interino de Jeanine Áñez -una férrea crítica de Morales- que duró un año (desde noviembre de 2019 hasta el mismo mes de 2020). El MAS consideró al gobierno de Áñez ilegal y retomó el poder con Arce a la cabeza en 2020.
Para ese entonces, la economía boliviana ya no gozaba de las bonanzas producto de las reformas liberales de los ‘90 ni los altos precios de las materias primas. A esa altura, Evo Morales tampoco era el líder indiscutido del MAS de años atrás. En este marco, la interna socialista no tardó en explotar, sobre todo cuando Morales anunció en 2023 su intención de postularse en las elecciones de 2025 (Arce tiene el mismo objetivo y, a diferencia de Morales, cuenta con el aval de la Constitución).
Pero en realidad hay un trasfondo mucho más oscuro y que mueve millones y millones de recursos: el narcotráfico. En base a la cantidad de droga que maneja, el sindicato de cocaleros del Trópico de Cochabamba se ha convertido en el cártel unitario más grande del mundo (a diferencia, por ejemplo, de la droga en Colombia que es manejada por unas 50 organizaciones). Según el especialista boliviano Hugo Acha, el manejo de esta “megaempresa” es lo que está en disputa entre Arce y Morales.
Cuando la pelea entre ambos líderes del MAS se agudizaba, las instituciones estaban paralizadas -con ministros renunciando y el MAS dividido en el Congreso- y la economía sufriendo, apareció el levantamiento militar de Zuñiga.
Evo Morales convocó a la ciudadanía a “defender la democracia” (valga la ironía) y lo propio hizo Luis Arce. Pero también Jeanine Añez repudió la movilización militar argumentando que "el MAS con Arce y Evo deben irse a través del voto el año 2025". Para sumar aún más confusión, horas antes Evo Morales había denunciado que se estaba gestando un “autogolpe” por parte de Arce y éste, a su vez, había señalado que estaba en marcha un “golpe blando” por parte de su exaliado -aunque sin mencionarlo- para acortar su mandato.
Como se ve, el escenario -por estas horas- es confuso y, por ende, el futuro inmediato es incierto. Para colmo, no hay muchos más "jugadores”" políticos que puedan intentar "armonizar" la situación. A pesar de que evidentemente el modelo del MAS -que lleva prácticamente dos décadas- parece haber llegado a su fin, la oposición está dividida y uno de sus principales referentes, Luis Fernando Camacho, está preso. Al igual que otras experiencias del denominado "socialismo del siglo XXI" en la región, Bolivia se encuentra en una profunda crisis política, con una economía en declive y sin instituciones fuertes que sean capaces de comandar la situación. El tiempo dirá.
