El mundo en crisis

Inyecciones en nalga ajena no duelen: la Unión Europea no quiere pagar por su seguridad

El futuro de la guerra por la invasión rusa a Ucrania presenta hoy mas dudas que nunca. El financiamiento necesario para repeler la avanzada de Moscú enfrenta a Europa con su cara mas dura.

Mookie Tenembaum domingo, 14 de abril de 2024 · 06:57 hs
Inyecciones en nalga ajena no duelen: la Unión Europea no quiere pagar por su seguridad
Protesta contra la invasión rusa a Ucrania en el centro porteño. Foto: Juan Mateo Aberastain Zubimendi/MDZ

Ante emergencias internacionales, Ucrania solicita a Estados Unidos un paquete de ayuda de 60,000 millones de dólares para defenderse de la invasión rusa. Este pedido enfrenta obstáculos, no por su urgencia o necesidad, sino por la política interna estadounidense.

La cámara baja, en control de la oposición republicana, vincula su aprobación al refuerzo de las políticas de inmigración para reducir el flujo de migrantes ilegales y expulsar a algunos inmigrantes, posición a la que se opone el Presidente Biden. Este tema ocupa un lugar preponderante en las encuestas ante la próxima elección presidencial este noviembre.

Entre tanto, al otro lado del Atlántico, la solidaridad se complica cuando se examinan las finanzas públicas europeas: dada la inmediatez de la amenaza sobre Europa, surge el interrogante de por qué no es la Unión Europea (UE) quien financia este paquete de ayuda.

La respuesta se encuentra en el dilema de redistribuir fondos de áreas críticas como la Política Agrícola Común (PAC) y los Fondos de Desarrollo Regional y Cohesión. Un recorte de 10 a 15 % en la PAC enfrentaría la resistencia de los agricultores europeos, quienes, a pesar de su solidaridad con Ucrania, no están dispuestos a sacrificar los subsidios que sostienen sus operaciones.

Alternativamente, redistribuir 60,000 millones de dólares del presupuesto de la UE implicaría recortes de 5 a 8 % en la financiación del desarrollo regional, afectando proyectos de infraestructura y crecimiento económico, y de 3 a 5 % en Investigación e Innovación, lo que podría obstaculizar el progreso científico y tecnológico en regiones desfavorecidas.

Estos desafíos subrayan una realidad más compleja: las burocracias europeas no aceptan recortes, a pesar de la emergencia. Aunque existe una voluntad de ayuda, la pregunta sobre quién debe asumir el costo revela las tensiones entre la solidaridad internacional y las prioridades domésticas.

Esta situación no solo evidencia la complejidad de la geopolítica y la política interna de la UE sino que también destaca la urgencia de una respuesta unificada ante desafíos globales.

El dilema actual, donde "inyecciones en nalga ajena no duelen", refleja el reto de equilibrar responsabilidades globales con las expectativas y necesidades de los ciudadanos tanto en la UE como en Estados Unidos.

Mientras Europa se debate en preservar su prosperidad, las necesidades de Ucrania se intensifican, poniendo en riesgo la seguridad de la misma Europa.

Las cosas como son.

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