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Entender al régimen de Nicolás Maduro: no es un gobierno, es un cartel

La detención del gendarme argentino en Venezuela dejó expuesta la naturaleza criminal de la dictadura. Si no se comprende eso, difícilmente se pueda encontrar una respuesta adecuada.
El dictador venezolano Nicolás Maduro. Foto: Telam
El dictador venezolano Nicolás Maduro. Foto: Telam

El secuestro del gendarme Nahuel Gallo impacta tanto porque nos hace recorrer algunas de las emociones a las que se acostumbraron los venezolanos desde hace años: estupefacción, incredulidad, incertidumbre y, sobre todo, miedo. Mucho miedo. Es lo que produce un régimen dispuesto a hacer literalmente lo que desea con las personas, sean sus propios ciudadanos o extranjeros. Poco importa si están en el país por motivos laborales o, como en el caso de Nahuel, para visitar a su esposa y a su hijo de dos años, a quienes no veía desde hacía siete meses.

María, la pareja del gendarme, se enteró de que se lo estaban llevando el domingo 8 a las 10:57 de la mañana, cuando el taxista que lo había cruzado desde Colombia le informó que agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar lo habían subido a una camioneta negra. Es uno de los cuerpos represivos que responden a Diosdado Cabello, ministro del Interior, Justicia y Paz. Sí, y Paz.

En las entrevistas que dio en estos días, María transmitió su angustia. Explicó que Nahuel había hecho todo de manera correcta. Ingresó por un paso legal, presentó todos los permisos y autorizaciones necesarios para justificar la visita a su hijo y, cuando le preguntaron a qué se dedicaba, no ocultó que era miembro de una fuerza de seguridad, aclarando que estaba de licencia por vacaciones.

Sin embargo, sería un error centrarse en algún detalle menor de la documentación presentada o en lo que Nahuel dijo o dejó de decir durante los interrogatorios. Pensar que esa fue la razón de su detención carece de sentido. Así actúan los estados normales, que solo detendrían a un extranjero si cuentan con razones creíbles para considerarlo un potencial peligro. Pero el gobierno venezolano no tiene nada de normal.

Nahuel Agustín Gallo, el Gendarme retenido

Es por esta razón que, aunque necesarias, las gestiones diplomáticas resultan bastante inútiles en este contexto. Ya lo demostró Brasil, que hizo una consulta formal a través de la Cancillería, siempre muy cuidadosa para no molestar a Maduro, y no recibió respuesta. Lo mismo ocurriría con oficios de Francia, Estados Unidos o el Vaticano. Son acciones que podrían tener algún éxito si estuviéramos frente a una dictadura convencional, con incentivos para respetar algunas reglas de la diplomacia.

Lo más parecido al régimen venezolano es un cartel criminal que controla un territorio y busca imponer su dominio sobre las personas que viven allí, combinando el terror con algunas dádivas. Se dedica a explotar diversas economías ilegales, como el narcotráfico, la extorsión y el contrabando. Es un cartel y no una organización porque no se trata de una banda unificada, sino de un conjunto de grupos delictivos. Algunos están compuestos íntegramente por civiles, otros combinan elementos militares y civiles, y algunos incluyen a altos funcionarios del Estado. En general, cooperan entre sí para mantener el control, aunque también compiten.

Entonces, un gendarme de un país hostil es percibido como miembro de una banda rival, lo cual lo convierte en un botín. Es un activo valioso, y esa es la única regla que importa.

El Cartel de los Soles

La muestra más clara de que comparar al régimen venezolano con una estructura criminal va más allá de una simple analogía es la existencia, desde hace años, de una red de altos funcionarios militares dedicados al narcotráfico. Se la conoce como el Cartel de los Soles.

El nombre surgió en la década de 1990, cuando dos generales de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) fueron descubiertos en una trama narco. Los soles son una alusión a las estrellas doradas que lucen los generales en sus uniformes. No es casual que los primeros implicados hayan sido de la GNB, que tiene entre sus principales funciones el control fronterizo.

Lo que era un fenómeno limitado a algunos miembros de la fuerza comprados por distintas bandas se volvió algo generalizado y estructural tras la consolidación de Chávez en el poder. De un lado de la frontera había en Colombia, el mayor productor mundial de cocaína, un gobierno como el de Álvaro Uribe, que le declaró la guerra al narcotráfico y con la ayuda de Estados Unidos multiplicó operativos y controles. Del otro estaba Chávez, aliado de las FARC, que controlaban buena parte del negocio. Así que la droga que antes salía de puertos colombianos empezó a salir desde Venezuela.

El Cartel de los Soles terminó de tomar forma con la aprobación en 2005 de la Ley Orgánica contra el Tráfico Ilícito y el Consumo de Sustancias, que permitió la participación de todas las ramas de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en operaciones antinarcóticos. Mildred Camero, que había renunciado en 2003 a su cargo al frente de la Comisión Nacional Contra el Uso Ilícito de las Drogas por las complicidades que veía, sostuvo que la ley marcó un antes y un después. "Los militares pasaron de ser facilitadores a participantes activos en el narcotráfico", sostuvo al ser consultada en una investigación realizada por la organización InSight Crime.

Estos investigadores, que son de los que han estudiado con mayor profundidad el crimen organizado en América Latina, mencionan otro hito: las confesiones de Walid Makled. Conocido como "El Turco", fue uno de los narcotraficantes más importantes de Venezuela, hasta que fue desplazado por los propios militares. Durante muchos años, contó con el aval oficial para convertir a Puerto Cabello, en el norte de Venezuela, en uno de los mayores puntos de salida de cocaína desde Sudamérica hacia Estados Unidos.

Makled fue detenido en Colombia en 2010 y extraditado a Venezuela en 2011. Durante el proceso reveló que pagaba sobornos a más de 40 generales venezolanos, entre otros altos funcionarios del régimen. "El Turco" cayó en desgracia y fue usado como chivo expiatorio en el marco de una de las tantas internas entre las distintas facciones del chavismo. Pero su caída profundizó el control del negocio en manos de miembros encumbrados del poder político y militar.

Uno de los más mencionados por muchos de los funcionarios arrepentidos y arrestados en otros países es Diosdado Cabello. Una investigación de The Wall Street Journal publicada en 2015 lo ubicaba en el centro del Cartel de los Soles. Cinco años después, la DEA lo puso en la lista de narcotraficantes más buscados, ofreciendo una recompensa de USD 10 millones a cambio de información que ayude a su detención.

El secuestro extorsivo como arma

Como toda red de organizaciones criminales, el régimen no se limita al narcotráfico. La gama de actividades ilícitas en la que participa toda la estructura militar y política es muy extensa. Abarca distintos rubros y atraviesa a todos los estamentos de la fuerza. Es una forma de asegurar la lealtad de mandos medios y bajos en un contexto de crisis económica y descontento social creciente. Es una de las principales explicaciones por las que Maduro ha demostrado tanta capacidad de supervivencia.

Entre esas actividades ilícitas se destaca el secuestro extorsivo. Lo practican militares de bajo rango, que secuestran para pedir rescates. Y lo practican también las más altas esferas, como parte de una estrategia para obtener beneficios políticos en negociaciones con países hostiles. Diosdado es el principal promotor de este tipo de secuestros, que tiene a Nahuel Gallo como última víctima.

Hay dos casos paradigmáticos que ilustran lo efectiva que ha sido esta herramienta para el régimen. El primero es el de los "narcosobrinos". El 10 de noviembre de 2015, Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, sobrinos de Cilia Flores, esposa de Maduro, fueron arrestados en Haití por agentes de la DEA. Estaban coordinando el envío de 800 kilos de cocaína a Estados Unidos. El 18 de noviembre de 2016, un tribunal federal en Nueva York los declaró culpables de conspirar para traficar drogas y el 14 de diciembre de 2017 fueron condenados a 18 años de prisión.

Difícil encontrar una evidencia más acabada de lo cerca que llegan al Palacio de Miraflores las redes narco. El régimen activó el método Cabello el 21 de noviembre de 2017, con el arresto de seis ejecutivos estadounidenses de Citgo, filial de la petrolera estatal venezolana PDVSA. En noviembre de 2020, tras una pantomima judicial clásica de las dictaduras caribeñas, los "Citgo Six" fueron condenados a entre 8 y 13 años de cárcel por todo tipo de delitos.

Dos años más tarde, Venezuela llegaba a un acuerdo con el gobierno de Joe Biden para liberar a los seis ejecutivos a cambio de la entre de los sobrinos políticos de Maduro. Una decisión de Washington que empoderó a Cabello y llevó al régimen a confiar cada vez más en el secuestro de extranjeros.

El otro caso comenzó el 12 de junio de 2020, con el arresto de Alex Saab en Cabo Verde, durante una escala técnica en un vuelo que tenía a Irán como destino final. Saab es el hombre que maneja las finanzas negras del régimen. Para muchos, el testaferro de Maduro. Saab fue extraditado a Estados Unidos el 16 de octubre de 2021 por lavado de dinero.

En ese lapso, Venezuela fue capturando a varios ciudadanos estadounidenses por distintas causas. Un ejemplo es el de Luke Denman y Airan Berry, dos ex boinas verdes detenidos en 2020, acusados de formar parte de una fallida incursión armada en territorio venezolano conocida como Operación Gedeón. Otros, como Joseph Cristella, Eyvin Hernández y Jerrel Kenemore, fueron arrestados en marzo de 2022 por ingresar ilegalmente desde Colombia.

Para sorpresa de todos, la administración Biden resolvió en diciembre de 2023 liberar a Saab a cambio de que Venezuela deje ir a 10 prisioneros estadounidenses. Parte de una estrategia fallida para lidiar con un régimen que los asesores demócratas del presidente no terminaron de entender. Saab es hoy ministro de Industria y Producción Nacional de Maduro.

La suerte de Maduro y Diosdado Cabello, y también la de Nahuel Gallo y los más de 20 extranjeros presos en Venezuela, podría cambiar el 20 de enero. Trump llega a la Casa Blanca con un equipo de secretarios y asesores en política exterior copado por halcones republicanos que conocen a la perfección cómo opera el régimen. Puede que sus intentos de hacer caer a Maduro fracasen como fracasaron los de quienes trataron de tumbar a Fidel Castro durante décadas. O puede que tenga una suerte más parecida a la de Manuel Noriega, el narcodictador panameño depuesto en 1989. Habrá que estar atentos.