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Señales del norte: Estados Unidos define su futuro entre Harris y Trump

Una contienda presidencial extremadamente reñida llega a su último día, con los dos candidatos ofreciendo visiones marcadamente diferentes de los Estados Unidos.

El decir que la contienda electoral entre Donald Trump y Kamala Harris es la más reñida y/o determinante de los últimos tiempos se convirtió en un lugar común hace ya tiempo atrás. Sin dudas, es de las batallas más relevantes, y las consecuencias que tendrá para la geopolítica y la economía mundial son inimaginables aún. Pero su importancia no está dada solo por sus consecuencias, sino por los fenómenos que expresa.

En otras palabras, el solo hecho de que Donald Trump y Kamala Harris se encuentren frente a frente implica que se han comprometido varias de las premisas culturales e institucionales que han hecho de Estados Unidos la única democracia presidencialista plenamente funcional del mundo.

Foto: EFE

Esa cualidad (que bien podría ser la verdadera "excepcionalidad" de la superpotencia) está basada en dos premisas básicas, ambas en tensión en esta elección. La primera de ellas es el particular conjunto de normas que rigen las elecciones y, la segunda, un respeto reverencial a los resultados del proceso electoral.

La particularidad de la elección presidencial de los Estados Unidos no es solo su cualidad de indirecta (por medio de Colegio Electoral) sino que, en la práctica, es un conjunto de elecciones subnacionales que, en casi todos los estados, eligen a un grupo de representantes con un sistema "de suma cero", en el que el partido ganador se lleva todos los electores. 

Este tipo de elecciones en las que prima la opción mayoritaria (y que en Estados Unidos se extiende también a las elecciones legislativas) tienden a crear sistemas de partidos muy férreos y, normalmente, dicotómicos. La prueba de la fortaleza de ese sistema es que los movimientos populistas como el propio "MAGA" de Trump o el Tea Party antes que él, debieron construir su carrera dentro de uno de los partidos.

Foto: EFE

Dejando de lado las diversas opiniones que versan sobre el sistema en sí, las reglas de elecciones indirectas con sistema mayoritario, que podrán haber sido muy lógicas y útiles en los albores de la Edad Moderna en los que se redactó la Constitución norteamericana, presentan un verdadero peligro en la actualidad.

El sistema electoral norteamericano fue diseñado en una época en la que se creía y confiaba en que una razón única y unívoca guiaba los pensamientos y las elecciones humanas. Eso conlleva a una praxis política en la que, más allá de las obvias divergencias ideológicas que puedan existir entre las personas y las fuerzas políticas, se tiende a un centro. Pero ello no ocurre en la actualidad en la que priman los sentimientos, la desconfianza hacia los demás y la intensidad de las creencias.

Todo esto conlleva a una polarización en la política, que se profundiza aún más en un sistema bipartidista como el que han creado las reglas de Estados Unidos. La expresión de la oferta electoral es clara: Trump y Harris son los dos candidatos ideológicamente más distantes de todos los que se han enfrentado en una contienda presidencial en Estados Unidos.

El sistema electoral norteamericano fue diseñado en una época en la que se creía y confiaba en una razón única.

En cuanto el respeto a las reglas, está claro que la toma del Capitolio por parte de los militantes "trumpistas" implicó un quiebre en la historia política de los Estados Unidos (y probablemente, del mundo). Hasta antes del 6 de enero de 2021, era impensable que se pusieran en duda los resultados electorales. Y, menos aún, que el Presidente derrotado convalidara y motivara esa creencia. Y, todavía más inconcebible, que esa misma persona (que, además, está condenada por la Justicia) se encamine a ser electo nuevamente para el cargo.

Y es que el punto central que demuestra la elección norteamericana es que la falta de creencia en las reglas y el consecuente deseo a que sean rotas parece ser lo que exigen las sociedades. Al ser Trump el que mejor encarna ese sentir (al punto de afirmar, sin sonrojarse, que buscará ser un dictador), es de esperar que sea el próximo presidente

De todas formas, esto vale poco en el sistema norteamericano, donde se puede perder la elección aún siendo el candidato con más votos (lo sufrió Hillary Clinton frente al propio Trump en 2016). Pero aún si Harris lograra "dar el batacazo" y retener la Casa Blanca para el Partido Demócrata, es de esperar que lleve adelante una presidencia y un liderazgo que, aunque sea en menor medida que la de Trump, tengan cierto aire "populista" (por lo menos en lo que a la tradición norteamericana se refiere).

El punto radica en que, ocurra lo que ocurra, los pilares institucionales que hasta ahora han determinado el éxito de la principal potencia mundial están en duda. Y, siguiendo lo que indican los ganadores del Premio Nóbel de Economía, eso sin dudas tendrá fuertes consecuencias, tanto en el país como en el resto del mundo.

El principal mensaje que deja la elección norteamericana es, en definitiva, una pregunta: Si un país de tan profunda tradición democrática y republicana está inmerso en ese torbellino, ¿qué le queda al resto?

Ignacio Gallelli.

* Ignacio Gallelli. Politólogo y Periodista