Estamos votando... y esperando
Hoy domingo 4 de septiembre, Chile se enfrenta a una de las decisiones más importantes y trascendentes de su historia republicana. Lo que puede ser una frase cliché, encierra hoy una gran verdad. La nueva propuesta de Constitución quiere recoger la bicentenaria historia de su vida independiente y republicana, pero al mismo tiempo proyectarse hacia el futuro y ser una de las cartas magnas más modernas, integradoras e inclusivas de américa. ¿Pretenciosa? Puede ser, pero esta propuesta quiere responder a los reclamos y demandas que surgen entre los chilenos y que se escucharon con mayor fuerza a partir del estallido social de octubre de 2019. Hay que recordar que este proceso inicia con una adhesión cercana al 80%.
Comienza la redacción de las normas, se arman comisiones y se inicia la votación de los artículos. Desde un primer momento, se impone una mayoría de izquierda, que quiere dejar atrás lo que denominan una Constitución ilegítima en su origen, ya que fue redactada y aprobada bajo una dictadura militar. Por el otro lado, hay quienes no quieren alejarse mucho de una Constitución que le permitió al país crecer económicamente a niveles nunca vistos, y reducir la pobreza hasta prácticamente un 7% de la población.
Sería muy simplista el mirar solo el tema económico que permite o no permite un desarrollo económico. Lo que Chile busca hoy es un mayor desarrollo en el bienestar de las personas. La consigna de educación gratuitas y de calidad, pensiones dignas y salud oportuna para todos están a la base de las demandas. Pero junto a ellas se debaten también los derechos y el cuidado del medio ambiente, el reconocimiento de los pueblos originarios por parte del Estado, incluso se propone un derecho muy particular: el derecho al ocio. Pero para muchos quedan fuera, o por lo menos queda en una especie de nebulosa derechos esenciales como es el derecho a la vida, ya que la nueva propuesta incluye el derecho al aborto libre, y tangencialmente el de la eutanasia. Se propone un modelo de Estado solidario en vez de uno subsidiario como el actual.
Lo que está en juego hoy es la visión de país y de persona, y cuáles son los valores fundamentales para el alma del chileno. Hay muchas preguntas todavía sin respuestas certeras: ¿Quién tendrá más derechos en la nueva propuesta constitucional, el medio ambiente o las personas? ¿Qué significa ser un país plurinacional? ¿Somo todos iguales ante la ley?, porque los pueblos originarios tendrán derecho a veto y justicia propia.
El resultado del plebiscito está abierto, pero algo es cierto, el ganador no obtendrá ese 80% que optó originalmente por una nueva constitución. Por lo que, al parecer, esta propuesta no construirá la casa de todos o de la gran mayoría.
* Cristian Eduardo Calderon DIaz es Liceniado en Teología