Schadenfreude: cómo se explica que nos alegremos ante la desgracia ajena (y por qué no siempre es malo)

Schadenfreude: cómo se explica que nos alegremos ante la desgracia ajena (y por qué no siempre es malo)

Confiésalo: por allá adentro, alguna vez, ver que a alguien no le fue bien te alegró, aunque sea un poquito.

BBC News Mundo

Confiesa, así sea en silencio: ¿honestamente nunca has experimentado un leve hormigueo de placer cuando a uno de esos seres a los que la vida parece haber premiado tienen un pequeño revés?

¿Una involuntaria, confusa explosión de alegría, arremolinada de vergüenza, cuando esa persona tremendamente exitosa a la que quieres profundamente y no le deseas más que el bien, sufre un traspié?

¿Llovió sin cesar en la más reciente de sus múltiples y maravillosas vacaciones? ¿Por primera vez tuvo que trabajar más duro para conseguir algo que quería?

Si estás libre de esas culpas, quizás sí hayas pecado de no poder controlar la risa cuando alguien se cae de bruces o cuando al niño se le cae el helado que le arrebató a su hermana.

¿De verdad no sientes un diabólico deleite cuando ves a ese conductor que se le atravesó a todos para adelantarse, detenido en un semáforo apenas a un par de metros de ti?

Eso es lo que los franceses llaman joie maligne y los holandeses, leedvermaak; en hebreo, disfrutar de las catástrofes ajenas es simcha la-ed, en mandarín xìng-zai-lè-huò y en ruso zloradstvo.

Hace más de 2.000 años, los romanos hablaban de malevolentia. Antes aún, en el siglo V a.C., en su "Ética nicomáquea" -uno de los primeros tratados conservados sobre ética y moral de la filosofía occidental-, Aristóteles lo llamó epikhairekakia, alegrarse por la mala fortuna de otro.

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Los japoneses tienen un dicho: "Las desgracias ajenas saben a miel".

En nuestro idioma, el vocablo que la Real Academia Española acepta es regodearse, que en su tercera acepción define como: "3. Complacerse maliciosamente con un percance, apuro, etc., que le ocurre a otra persona".

Pero sin ánimo de desautorizar a tan respetable institución, a veces muchos recurren a una palabra que adoptaron varias lenguas, para precisar que se refieren a eso y no a: "1. Deleitarse o complacerse en lo que gusta o se goza, deteniéndose en ello".

Se trata de un término que apareció en alemán por primera vez en la década de 1740: Schadenfreude.

Y es que, como ocurre con la palabra "saudade" -esa nostalgia especial que el escritor portugués Manuel de Melo definió en 1660 como "bien que se padece y mal que se disfruta"-, la emoción que denota el schadenfreude es muy específica.

¿Vergonzoso?

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Los angloparlantes usan la palabra alemana.

En alemán schaden significa daño o perjuicio y freude, alegría. Así que, en una palabra, es el placer ante la desgracia ajena.

Y eso, definitivamente, suena mal.

No obstante, es algo que todos en todo el mundo sienten, asegura la doctora Tiffany Watt Smith, historiadora cultural de las emociones.

No sólo eso: cuando se trata de disfrutar de la mala suerte de los demás, lo hacemos en una gran variedad de situaciones diferentes.

"Una es simplemente bufonesca: los accidentes absurdos nos causan gracia. Hay también momentos de placer casi triunfal cuando un rival es derrotado de alguna manera", le dijo a la BBC la experta.

"Por otro lado, está el espacio de justicia, cuando alguien que ha hecho algo mal -ha mentido, o ha sido hipócrita, o ha obtenido alguna ventaja injusta- es descubierto o sufre de alguna manera, y eso nos complace".

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Pocos disfrutamos del dolor de otros, a menos de que nos parezca merecido: un estafador que sea estafado para apresarlo... ¡sí!

"Y, por supuesto, hay un schadenfreude mucho más difícil de admitir: aquel que sentimos cuando envidiamos a alguien.

"A veces puede parecer muy vergonzoso, pero yo no creo que lo sea", declara Watt Smith.

"Para mí, es una respuesta muy natural que nos hace sentir mejor ante la injusticia en la vida".

Pero, ¿por qué disfrutamos hasta de las desgracias de nuestros amigos?

Rivalidades

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La receta de la amistad tiene muchos ingredientes.

El profesor emérito de investigación de psicología en la Universidad de Georgia Abraham Tesser condujo un experimento con pares de personas a las que se les pedía que jugaran un juego en el que uno tenía que darle pistas al otro.

Algunos pares eran de amigos, otras parejas eran de desconocidos.

Encontró que, cuando estaban en riesgo de perder, los amigos daban pistas más difíciles que cuando el otro participante era sólo un conocido.

"¿Por qué? Si examinas de cerca la naturaleza de la amistad, hay una cierto grado de rivalidad involucrado, y la pérdida de uno implica algún tipo de ganancia para el otro", le explicó Tesser a la BBC.

"Con los amigos, es más probable que sientas esa comparación aguda porque la cercanía hace que la competencia sea más relevante y potente".

Para Watt Smith, "schadenfreude, aunque pueda parecer antitética a la amistad, tal vez permita que éstas se mantengan.

"Es completamente posible que sintamos emociones contradictorias, y todos sucumbimos de vez en cuando a algunas negativas.

"Schadenfreude nos permite un pequeño momento en el que podemos apaciguarlas y restablecer nuestra relación".

Políticamente hablando

"Si estás ganando algo de manera concreta o indirecta en términos de autoestima cuando alguien que sufre, sería pedirnos demasiado como seres humanos que no reaccionáramos así", le dijo a la BBC Richard Smith, profesor de psicología en la Universidad de Kentucky.

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Añadió que cuando sentimos schadenfreude, generalmente es porque nos beneficiamos de alguna manera, así no sea inmediatamente obvio cuál es.

"Muchos beneficios giran en torno a las autoevaluaciones. Si te comparas con alguien a quien no le está yendo tan bien como a ti, tu autoestima recibe un impulso".

Si podemos sentir schadenfreude cuando estamos ganando una ventaja sobre otra persona o una inyección de autoestima, quizás no sea tan sorprendente que la política sea una esfera cargada de ello.

Y para Watt Smith, en esa esfera, tal emoción puede ser una herramienta realmente poderosa... en nuestras manos, no las de los políticos.

"George Orwell dijo que cada broma es una pequeña revolución y creo que cuando la usamos particularmente contra los políticos, parte de lo que estamos haciendo es restaurar un poco el equilibrio de poder".

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Para el filósofo Friedrich Nietzsche, uno de los grandes teóricos de esta emoción, Schadenfreude es "la venganza de los impotentes". (Pintado por Edvard Munch 1863-1944)

Aunque esto no es nuevo, hay algo que sí lo es: lo rápido y ampliamente que las noticias de gaffes, escándalos y desgracias no sólo de políticos, sino de otras figuras públicas y de ciudadanos de a pie pueden propagarse ahora.

"Si alguien comete un error o simplemente hace algo que no te gusta, es castigado y eres feliz. Nunca antes habías oído hablar de esta persona, no la reconocerías en la calle y, sin embargo, de alguna manera te alegras de su desgracia", señala Mike Wentling, editor de BBC Trending.

"Hay canales enteros, particularmente en plataformas como Instagram y YouTube, dedicados a compilaciones de personas que fallan. Algunos son muy políticos, otros, muy desagradables, unos son más alegres, pero hay miles de videos que obtienen millones de visitas. Es una parte abrumadora de la cultura de internet".

Y eso no es lo único nuevo.

Castigo público

"Hay algo curioso porque schadenfreude es un placer oportunista, no es el placer por el sufrimiento que uno mismo ha causado. Pero en internet eso cambia ligeramente su carácter, porque parte de la desgracia ajena es lo que ocurre en línea", reflexiona Watts Smith.

Schadenfreude es amplificado por las redes sociales porque le da a las vergüenzas y fracasos una audiencia global con consecuencias a menudo impredecibles en la vida real.

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El lulz (una corrupción de LOL, abreviatura en línea de reírse a carcajadas) tiene un tinte de schadenfreude: es risa con dolor que te obliga a considerar la injusticia y la hipocresía.

Si en la calle ves a alguien haciendo algo incorrecto o molesto y un policía interviene, probablemente te limitarás a sonreír y seguirás tu camino.

"Pero cuando ves un video en línea es muy fácil expresar nuestro schadenfreude con un 'me gusta' o un emoji o lo que sea, y cuanto más se comparte, más intenso es el castigo.

"Así nos convertimos en cómplices del sufrimiento que estamos disfrutando".

¿Quiere decir eso que, como se ha dicho repetidamente...

...estamos en la era de schadenfreude?

"Cuando escucho frases como que vivimos en una era de una emoción u otra, lo que realmente me dicen no es tanto que la gente esté sintiendo más esa emoción, sino que esa emoción se ha convertido en algo preocupante", contesta Watts Smith, quien además es autora de "Schadenfreude: la alegría de las desgracias ajenas".

"Y en los últimos 10 o 15 años ha habido mucha preocupación por schadenfreude".

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La mayoría de las veces es tan inofensivo que la otra persona se ríe contigo.

"Ciertamente, hay una gran cantidad de investigación académica que ahora se publica sobre el tema, y creo que es porque comenzó a interesarnos mucho la empatía, y a menudo encontramos que schadenfreude se define como lo opuesto a ella.

"De hecho, un psicólogo muy conocido -Simon Baron-Cohen- dijo que los psicópatas no sólo no son empáticos con el sufrimiento de otros, sino que pueden disfrutarlo: 'Los alemanes tienen una palabra para esto", escribió, 'Schadenfreude'.

"Eso significaría que sería parte de ser un psicópata.

"Para mí, es una forma problemática de pensar sobre esa emoción pues la tacha de siempre ser algo muy negativo y antisocial.

"Creo que es realmente importante que veamos schadenfreude como lo que es: una emoción mucho más compleja e interesante que simplemente la contraparte de la empatía.

"Es cierto que a veces puede ser peligrosa cuando nos metemos en grupos polarizados, cuando la usamos como una forma de cimentar una identidad y expulsar a otros pueblos. Por eso vale la pena tratar de entenderla bien, para poder saber cuándo y por qué se nos ha ido de las manos.

"Pero en la mayoría de los casos, es una emoción completamente inofensiva, es divertida y es solo parte de ser humano.

"Tenemos derecho a disfrutar de nuestra schadenfreude pues puede hacernos sentir, por un momento fugaz al menos, que las reglas de juego no son del todo desiguales".

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