Afganistán, la primera gran crisis de política exterior de Joe Biden
Finalmente, y luego de 20 años, los Estados Unidos se retiraron ignominiosamente de Afganistán. Esta es la primera gran crisis de política exterior de la administración Biden y la derrota de política exterior más significativa para los Estados Unidos desde el 11 de septiembre.
En primer lugar, el objetivo inicial que los Estados Unidos se propuso se cumplió. La misión que en su momento se anunció a la ciudadanía y que legitimó la intervención tuvo que ver con desmantelar el aparato terrorista de al-Qaeda. El 6 de octubre de 2001, el presidente Bush emitió un ultimátum a los talibanes: cerrar la base de operaciones de al-Qaeda, cerrar sus instalaciones de entrenamiento y entregar a Osama bin Laden. Los talibanes se negaron. Estados Unidos lanzó la Operación Libertad Duradera en respuesta al 11 de septiembre y a esa negativa, con el objetivo de eliminar un peligro claro para sus intereses y con el objetivo de castigar a los responsables del peor ataque en suelo estadounidense desde el bombardeo japonés a Pearl Harbor. En el apogeo de esa invasión, en 2002, la aventura en Afganistán fue inmensamente popular. Y al poco tiempo fue un éxito rotundo, desmantelando a al-Qaeda, forzando a los talibanes a retirarse y obligado a bin Laden a esconderse.
Sin embargo, luego comenzó una misión mucho más compleja. El objetivo pasó del contraterrorismo a la "construcción de una nación". Pero este objetivo ya era menos claro para la población estadounidense, y la justificación ya no era tan sólida. Sin un mandato claro del pueblo estadounidense, el éxito de la misión y el apoyo público comenzaron a disminuir. La tarea de construir un estado funcional y democrático era simplemente inalcanzable.
Las autoridades estadounidenses se percataron de que los talibanes tomarían el poder apenas Estados Unidos se retirara, ya sea hoy o en cinco años. Quedó en evidencia que si 20 años y miles de millones de dólares no alcanzaban, era difícil que ese objetivo se lograra alguna vez. Y en este contexto, esto entraba en colisión con la agenda de política exterior de Joe Biden. Este último asumió en enero de 2021 con la promesa de “una política exterior para la clase media”. En otras palabras, que dejaría de hacerle caso a los técnicos y académicos de la capital para focalizar en los deseos de la población. Y en este sentido, el mandato popular era claro: la mayoría de los estadounidenses quería salir de Afganistán.
Adicionalmente, la situación actual en Afganistán era insostenible. Desde que Trump redujo los niveles de tropas de alrededor de 13.000 a 2.500, las fuerzas de seguridad afganas habían estado perdiendo rápidamente territorio y vidas ante un talibán envalentonado y más fuerte que nunca. Pero en el momento en que quedó claro que la presencia estadounidense tenía una fecha de vencimiento, que era la preferencia abrumadora del público estadounidense, el resultado fue inevitable. Era cuestión de cuándo. Si Estados Unidos hubiera decidido quedarse, tenía que volver a aumentar la presencia militar para poder controlar a los talibanes. Y esto era inaceptable para la población.
Sin embargo, y por mucho que se pueda justificar la decisión de salir de Afganistán, la ejecución de la decisión fue desastrosa y es una derrota para Biden. Él es el responsable político. Las imágenes dramáticas del abandono recorrieron el mundo, significando un costo político para el Presidente, que vio disminuido sus índices de aprobación. Adicionalmente, todavía quedan civiles por evacuar, lo cual es un motivo de tensión en su país. Si sobreviene más caos y hay una situación de rehenes similar a la de Irán o muertes de soldados estadounidenses en los próximos días, su imagen podría quedar más dañada.
En segundo lugar, hay un daño real hecho a la reputación mundial de Estados Unidos. La demostración de incompetencia da crédito a la creencia de que el poder estadounidense está en declive, lo que es potencialmente desestabilizador. Además, el desprecio mostrado por la cooperación internacional y por la vida de los afganos llevará a que sus aliados duden de que realmente Estados Unidos vuelva al multilateralismo y a un liderazgo con Biden, en oposición al aislacionismo y la agresividad de Trump. China y Rusia se apoyarán en esta narrativa para sembrar dudas sobre la legitimidad de Estados Unidos. En última instancia, si este episodio cambia las percepciones sobre el interés y la capacidad de Estados Unidos para ser una potencia mundial positiva, aumentará la percepción de que el mundo hoy se encuentra sin liderazgos claros y que la hegemonía estadounidense ha llegado a su fin.
*Juan Negri es politólogo y director carreras de Ciencia política y Estudios internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella