Preparan vuelos de repatrio para argentinos varados en el norte de Perú

Preparan vuelos de repatrio para argentinos varados en el norte de Perú

Lo anunció hoy la Embajada argentina, tras un llamado de Alberto Fernández a una turista. Sin embargo, todavía no hay fechas precisas. Tampoco llega asistencia para unas 40 personas que pidieron comida y remedios.

Juan Carlos Albornoz

Juan Carlos Albornoz

*Por Juan Carlos Albornoz desde Perú

Tras el llamado del presidente Alberto Fernández a una turista varada en el norte de Perú, la Embajada Argentina en este país anunció que está organizando vuelos de repatrio para esa zona.

Sin embargo, muchos argentinos aislados aquí todavía no han recibido asistencia para cubrir necesidades básicas. Es para ellos una espera complicada, que no se sabe cuánto va a durar.

Hay dos decretos recientes del Poder Ejecutivo Nacional que ordenan asistir a los varados en el exterior (313 y 331) a través de un mecanismo especial que se llama "Programa de argentinos en el exterior en el marco de la pandemia del coronavirus".

Y por si fuera poco, el sábado pasado, el propio presidente Fernández habló con una turista varada en Perú y solicitó el detalle de las necesidades de las personas aisladas.

Fernández se comunicó el sábado con Anabella Suárez, una argentina de la localidad de Campana que está varada en un hostel de El Ñuro. Siguiendo sus instrucciones, Anabella recogió los pedidos de los argentinos aislados en el norte peruano que tienen problemas para subsistir.

Anabel Suárez, la argentina varada en Perú quien se comunicó con el presidente.

Sumó las solicitudes de casi 40 personas en total y se las envió a Fernández. "Me pidieron medicamentos para hipertensos y diabéticos. También hay un chico con tratamiento oncológico que necesita una medicación urgente", explicó.

La mayoría solicitó además alojamiento y alimentos. "Ninguno tuvo novedades hasta el momento", lamentó Anabella, quien el sábado iluminó el grupo de WhatsApp que reúne a los varados del norte de Perú (más de 200 personas) al anunciar que la había llamado nada menos que el presidente de la Nación para ofrecerle ayuda.

La mujer hizo hincapié en el caso de un grupo de chicos que está aislado en un hostel "sin acceso a agua y comida hace unos cuantos días".

"La gente de allí se solidariza con ellos y les da algo, pero ayer, día en que no podían salir a la calle ni hombres ni mujeres, creo que esos chicos no comieron, ya que los militares invaden el lugar donde están alojados y no los dejan salir ni siquiera para eso", soltó Anabella crudamente.

La cuarentena en Perú tiene está particularidad. Se puede salir en forma intercalada en la semana según el sexo, pero el domingo todos tienen que quedarse adentro. Además, rige el toque de queda desde las cuatro de la tarde en el norte y la medida es controlada rigurosamente por la Policía y la milicia.

Los argentinos varados en el norte están afectados además por la escasa infraestructura sanitaria y la cercanía con Ecuador, el país donde el coronavirus azota con un alto índice de letalidad y en el que, en ciudades como Guayaquil, los cadáveres se amontonan en la calle.

Este lunes, la Embajada argentina en Perú anunció a través de su página en Facebook que ya ha censado a la población de argentinos de esta zona y afirmó que está trabajando en un operativo de repatrio que abarcaría a ciudadanos ubicados en Piura, Tumbes y Chiclayo.

Se encendió así la esperanza en una parte de Perú que hasta ahora no había sido puesta en foco. Sí hubo, en cambio, vuelos de repatrio desde ciudades muy distantes, como Lima y Cusco.

Quedan cerca de 1.000 argentinos en Perú y no hay ninguna sede consular fuera de Lima para atenderlos. Esto hace muy difícil que llegue la asistencia a lugares alejados y Anabella, la chica que habló con el Presidente, lo acaba de comprobar.

Ella se quedó sin Levotiroxina, un medicamento que toma por extirpación de la glándula tiroidea. Había comenzado a sufrir malestares y temía terminar en "una salita".

La comunicación con el presidente Fernández puso en movimiento a la Embajada y, a través de la Policía local, le consiguieron a Anabella la medicación, un par de días después.

La sorpresa fue que la tuvo que pagar. 

 

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