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La crisis por los refugiados no tiene solución a la vista

Este año, 33.000 refugiados deben ser trasladados a otros países desde Grecia, pero hasta ahora solo 3.000 han sido reubicados.

No se vislumbra el fin de la crisis de refugiados en el Egeo 

Calor en las tiendas, escasez de agua y casos de hepatitis y malaria: la mayoría de los campos de refugiados de Grecia se encuentran en un estado lamentable. El país heleno, duramente afectado por la crisis financiera y con un 24 por ciento de desempleo, aún alberga a casi 60.000 refugiados.

Si los países europeos deciden devolver a los refugiados que están en sus territorios a Grecia, las consecuencias podrían ser graves, según los expertos. "Sería una catástrofe", dice Nikitas Kanakis, jefe de la sección griega de la organización humanitaria Médicos del Mundo.

Grecia ha recibido hasta ahora 900 millones de euros para gestionar la crisis de los refugiados, según datos de la Unión Europea (UE). Con esa suma se han construido apenas 50 campos en todo el país en antiguos cuarteles, naves y bodegas industriales y campamentos de tiendas.

La peor situación se vive en las islas del este del Egeo, donde los campos solo están preparados para albergar a 7.450 personas; sin embargo, en los denominados puntos calientes hay más de 12.000 refugiados.

Dentro y en los alrededores de los campos se producen cada vez más protestas y peleas entre los migrantes. Los que están en las islas griegas no tienen permiso para viajar a la Grecia continental y, según el acuerdo sobre refugiados entre Turquía y la UE, la mayoría de ellos deben ser devueltos al país euroasiático.

La UE ha prometido enviar a Grecia personal de apoyo para los registros y las solicitudes de asilo. Sin embargo, el ministro de Migración, Ioannis Mouzalas, cuenta que "de los cientos (de funcionarios) que deberían llegar, hasta ahora solo lo han hecho 29".

Este año, 33.000 refugiados deben ser trasladados a otros países desde Grecia, pero hasta ahora solo 3.000 han sido reubicados. El Gobierno ya ha preparado la lista de otros 7.000, pero nadie quiere acogerlos, dice Mouzalas. Por lo tanto, la propuesta del ministro del Interior alemán, Thomas de Maizière, de devolver a los migrantes a Grecia, no tiene "nada que ver con la realidad aquí".

En Grecia hay muy pocas oportunidades de trabajo, tanto para muchos de los ciudadanos como para los migrantes, aunque en teoría pueden trabajar bajo un reglamento especial. Además, la política de austeridad del Gobierno amenaza el servicio sanitario y solo hay ayudas sociales en forma de alimentos para los más pobres. "Esto es un caldo de cultivo para el crecimiento del extremismo de derechas", advierte un guardacostas.

En la isla de Samos, por ejemplo, un grupo de migrantes enfurecidos que quería ir a la Grecia continental destrozaron esta semana una iglesia. Desde entonces, griegos derechistas amenazan con tomarse la justicia por su mano para poner orden. Sin embargo, por el momento no se han producido en Grecia ataques racistas como en muchos otros países centroeuropeos.

Los que se benefician de la precaria situación son los traficantes de personas, cuyo negocio está en pleno auge. "Siempre van un paso por delante de los planificadores de política migratoria de los centros de decisión europeos", dice el guardacostas.

Quien tiene dinero, intenta entrar en un avión a Centroeuropa con pasaporte falso. Otras bandas de traficantes prometen a los migrantes llegar a su destino europeo a través de rutas secretas por los Balcanes por unos pocos cientos de euros. En las últimas semanas, un gran número de refugiados han sido interceptados en Bulgaria y Macedonia y devueltos a Grecia.

  Por Takis Tsafos (dpa)