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Por qué Marina le complica la reelección a Dilma

¿Quién es la candidata que surge en la mitad de la campaña electoral y complica la reelección brasileña? Datos de la compañera del fallecido Eduardo Campos.
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 Antes de que su candidato presidencial Eduardo Campos se estrellara en un avión, la socialdemocracia brasileña aparecía como una opción “correcta”, pero con remotas posibilidades. Nunca, en toda la campaña electoral que concluirá en octubre, demostraron que podían modificar una previsión electoral que los ubicó terceros, con dignidad, pero sin chances de aspirar a complicar la reelección de Dilma Rousseff.

Es ahora una “astilla del mismo palo” la que hiere e infecta la campaña. 

Marina Silva, que acompañaba al fallecido Campos como aspirante a la vicepresidencia, pasó al frente y si bien ese solo hecho no la coloca expectante para triunfar, sí representa una fuerte patada en el tablero electoral brasileño.

Su aparición en escena en medio de la tragedia rompe una posible polarización entre la heredera de Luiz Inacio Da Silva y Aécio Neves, el segundo en todos los sondeos y quien ha logrado aglutinar, solo hasta ahora, las preferencias de quienes se oponen a la continuidad del PT en el poder.

Marina es ecologista y fue compañera de lucha de un mito: Chico Mendes, quien fundó un sindicato de recolectores de caucho y conductores de camiones en un intento por preservar sus trabajos y la selva tropical al mismo tiempo. Con Mendes creó la Central Única de Trabajadores y en su homenaje asumió como ministra de Ambiente de Brasil, cargo que ejerció entre 2003 y 2008.

Fue Lula quien la apadrinó, como a Dilma. Pero tras pegar un portazo al gobierno del que fue parte creó el Partido Verde.

Algunos datos que la hicieron popular, además de su lucha contra la extracción de madera de la Amazonía y por la agremiación de los trabajadores, además de su gestión:

- Compartió el gabinete de ministros de Lula con Dilma Rousseff: mientras ella ejercía en Ambiente, la actual mandataria que pelea su reelección era ministra de Energía y Minas, antes de pasar a ser la Jefa de Gabinete.

- Marina Silva fue, en 2010, la primera candidata que combinó una serie de características personales que impactaron en el electorado: es de religión pentecostal y pertenece a una minoría étnica (zambo).

- Los analistas brasileños dan cuenta de una jugada de ajedrez su elección en la fórmula de la socialdemocracia, acompañando a Campos: en el último minuto se inscribió como candidata alterna a la presidencia por el PSB.

- Ya burló una vez a las encuestadoras: en 2010 le adjudicaron un techo de 14 por ciento y por ello, se la evaluó como un “fenómeno”. Pero obtuvo el 19,3 por ciento de los votos. Más que un fenómeno.

A estos cuatro datos hay que sumarle el condimento mundialista: ¿la mala performance de Brasil en su "Mundial de mundiales" no fue acaso una "tragedia" nacional no esperada, también? Desánimo y shock son, en nuestros países, los elementos perfectos para apalancar un cambio de época.

Un dato que estremece a los columnistas y abre el juego a todo tipo de especulaciones, es que tras la sorpresa de 2010 con casi el 20 por ciento de los votos obtenidos, Marina Silva fue sondeada en abril por la empresa Datafolha con 27 por ciento de intención de voto, bastante más que el que tenía la cabeza de lista, Campos, con 14 por ciento. Por ello, aparecieron discusiones y discrepancias en aquel momento. Pero la personalidad de Campos, alegre, divertido, familiero, jovial junto a la de la luchadora social como compañera, consolidaron el trabajo de los socialdemócratas.

Hoy, apuran a las encuestadoras en medio del luto y mientras velan y trasladan los restos del candidato que de un día para el otro, en el zénit de la campaña proselitista, desapareció.

Y un dato no menor para un país latino: Silva quiere como candidata a vicepresidenta a la viuda, Renata Campos. De este modo, el resultado del 5 de octubre deja cada vez más abierto el camino a una segunda vuelta electoral y a que lo que se creía un triunfo forzado, el de Dilma, se torne un tema a rediscutir. 

Todo indica que en Brasil, la campaña empieza de nuevo y desde cero.