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Nueve datos duros y un peligro para Colombia

Algunas claves del proceso electoral colombiano, en donde 20 de los 33 millones de votantes habilitados, no votaron. ¿El fin del proceso de paz?
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 Colombia se mostró indecisa entre dos “hijos” de Álvaro Uribe que se encuentran enfrentados por cuestiones cruciales. Juan Manuel Santos, el actual presidente, perdió en la primera ronda electoral frente al nuevo delfín del exmandatario, Óscar Zuluaga. Pero él mismo no sería tal sin la influencia de quien este domingo se consagró como un gran decisor en la política colombiana. Dos “productos” de Uribe son los que definirán el futuro de Colombia: Santos, evolucionado hasta el punto de independizarse de su influencia y ponerse en la vereda contraria, ejerciendo un posuribismo más liberal. Zuluaga, un conservador por el que pocos hubiesen dado un voto (y mucho menos un tercio de los emitidos) si Uribe no estuviera detrás.

1- La paz imposible. Pero hay otras cifras y otros elementos en juego en un país siempre complejo en el que las élites continúan repartiéndose el poder, en un esquema institucional muy parecido a uno de “castas” y en el que el mar de fondo es nada menos que decidir si se le pone fin a la guerra interna que desde hace 60 años los azota, o no. Dicho de otro modo, en “colombiano”, sería “de qué forma se le pone fin al conflicto” que tiene como principal protagonista a las Farc, pero no solo a ellas. Los seguidores de Santos defienden un diálogo iniciado en La Habana y que les da protagonismo y privilegios a los guerrilleros, con tal de acabar con la tragedia. Uribe “su” Zuluaga y los seguidores que adscriben a lo que ellos llaman como “el centro democrático” de la política colombiana, no aceptan este tipo de negociación y reivindican el aplastamiento de los insurgentes, cosa que el expresidente no consiguió, aunque recoge el reconocimiento de haberlo llevado a niveles de control suficientes como para poder circular por el territorio de su país sin ser secuestrado o asesinado.

2- El nuevo escenario del diálogo. Hoy, un día después de la elección, lo que reina es la incertidumbre y toda instancia de diálogo con las Farc quedan suspendidas hasta mediados de junio en que se realizará la segunda vuelta electoral, por cierto, en medio de un Mundial de Fútbol que, como en toda Latinoamérica, resulta un evento que despolitiza. Pero desde la izquierda que promueve un voto por Santos se moviliza un temor extra: que el candidato que defienden, ante las circunstancias, se vea obligado a endurecer su postura ante las Farc y que, con uno o con otro, todo lo construido hasta aquí se vaya al demonio.

Pero además, algunos datos que resultan clave para comprender la dimensión del problema colombiano:

3- La abstención. A los colombianos no les interesó votar. Solo 40 por ciento del electorado concurrió a las urnas y quienes disputarán la primera magistratura suman caso el 60 por ciento de ese mínimo porcentaje de la población. Los que no votaron son, entonces, los verdaderos ganadores en Colombia y de ellos no se habla, porque nadie capitaliza la abstención. Puesto en números, el zamarrón es más fuerte: estaban habilitadas para votar 33 millones de personas y 20 millones no lo hicieron.

4- El factor Venezuela. El futuro presidente de Colombia deberá lidiar no solo con sus asuntos internos, sino con el equilibrio continental. Si bien Santos no está alineado con los gobiernos bolivarianos, defiende su posición de “vínculos diplomáticos abiertos” con Venezuela, cosa que Zuluaga pone en dudas y ni hablar su mentor Uribe. Santos dijo durante la campaña que, de ser por Uribe, hubieran ido a la guerra no solo contra Venezuela sino también contra Ecuador, país con el que hubo un principio de conflicto armado. Y lo dice Santos, que fue ministro de Defensa de Uribe.

5- La izquierda. Los partidos de izquierda duplicaron su caudal electoral y, de hecho, serán quienes terminen por definir una elección en la que ya están convocando, por lo bajo, a votar por Santos. Lo harán, más por sostener la política de diálogo con las Farc que por otra cosa. La máxima crítica que le formularon al actual mandatario en torno al tema está en que lo usó de propaganda electoral. Pero las vueltas de la política harán que la izquierda converja con Santos aglutinados por el principal punto de disputa. Ambos quieren que el diálogo siga. En cambio, Zuluaga, no bien se anunció su triunfo en primera vuelta, dijo que dará de baja el proceso iniciado en Cuba, en un gesto de dureza definitorio.

6- Las dos mujeres. Una por derecha y otra por izquierda, dos mujeres mostraron credenciales de “buen desempeño” en el marco de las elecciones presidenciales colombianas. Se trata de la conservadora Marta Lucía Ramírez y la izquierdista Clara López, del Polo Democrático. Ambas sacaron alrededor de 1.900.000 votos y se transformaron en fieles de la balanza. Cada una obtuvo un 15% de los sufragios. La primera irá en auxilio de Zuluaga, según los transparentó el expresidente Andrés Pastrana (de su mismo partido) quien se manifestó en contra de las reelecciones. Al Polo Democrático no le queda otra opción más que apoyar, con asco, a Santos.

7- La desilusión. El candidato Enrique Peñalosa terminó de dilapidar el capital que había construido como alcalde de Bogotá y en la construcción de una alternativa que nadie interpretó como tal. Primero, como parte de un trío con Mockus y Garzón. Luego, respaldado por el mismísimo Uribe. Peñalosa siempre pareció ser “el candidato de moda”, el más actualizado y el más cercano a la gente. Pero la gente, esta vez, no estuvo con él y lo borró del mapa político, como alguna vez lo hizo con el osado Antanas Mockus.

8- Las cifras en juego. En lo que respecta a los votos obtenidos por cada uno de los candidatos, Álvaro Uribe hace cuatro años sacó 6.758.539 votos en primera vuelta mientras que el domingo su candidato, Óscar Zuluaga, obtuvo 3.756.000. Esto indica que si bien hay un triunfo en manos del uribismo, el soporte en el que se asienta es frágil y de ganar en segunda vuelta, debe hacerlo con contundencia para legitimar su gestión, sobre todo, cuando Zuluaga pretende empezar de nuevo con muchos de los proyectos en marcha.

9- La paradoja de los aliados. Un asunto que no pasó inadvertido es que todos los impulsores de la Alianza del Pacífico están perdiendo las elecciones. Le pasó al partido del creador del núcleo que busca articular con EEUU el dominio de la costa del Pacífico en el intercambio comercial con Asia. Perdió el partido de Sebastián Piñera en Chile como lo hizo el del presidente Ricardo Martinelli en Panamá. Costa Rica, que miraba con cariño el proceso de integración, le entregó la presidencia al socialdemócrata Luis Guillermo Solís, a quien “no le gusta”, simplemente, la idea. Santos perdió en primera vuelta y, de quedar en pie el 15 de junio, deberá barajar y dar de nuevo para ver quién queda de su lado en el contexto latinoamericano y mundial.