En primera persona: oración laica de una venezolana indignada
Beatriz Reyes es el nombre de una mujer venezolana que prefiere, por miedo, no dar a conocer su imagen, aunque lo conocemos, lo chequeamos y verificamos: es ella, es aquella que en el foro abierto en las redes sociales de MDZ hace un mes atrás y despertó un fuerte debate con argentinos sobre la situación de su país.
Desde allí, gente de buenas intenciones, ingenuos, militantes, informados y desinformados, personas que leyeron la nota que abrió la discusión y otros que solo vieron el título, todos, se animaron a intercambiar sobre la represión en las calles de Caracas.
A los argentinos nos ineresa lo que está pasando en Venezuela. Por un sinfín de razones, estamos atentos: miedo al contagio regional, solidaridad con el gobierno bolivaiano o con los opositores, impacto de la violencia, amplificación de los medios.
De hecho, el último estudio realizado por la Fundación CiGob sobre conversaciones de los argentinos en internet da cuenta de este notable fenómeno. En marzo "hablamos" en las redes sociales y blogs tanto de Venezuela como de las cuestiones nacionales. Mirá el gráfico:
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La polemista distante
Beatriz escribía desde su casa. Se había involucrado en el debate de MDZ al azar, por esas cosas de internet en donde la localía no existe: el mundo es uno solo. Escribió un post tras haber participado de una manifestación que fue reprimida, luego de haber ido al supermercado y no haber conseguido los insumos necesario para su hogar.
Seguimos sus palabras: eran muy sentidas y, por cierto, aunque con bronca parecían despojadas de partidismo. Se la veía en contra de las medidas de Nicolás Maduro pero, ¿estaría tan enojada como para plantarse, además, furbundamente en contra del mismísimo Maduro y no solo de sus políticas, como lo hace una porción de la oposición organizada?
La buscamos en privado. La encontramos. Le pedimos su testimonio que interpretamos como sincero, como lo hemos hecho con muchos otros protagonistas de la crisis venezolana, a favor y en contra del chavismo. Se queja de la represión y de la gran inseguridad y dice al respecto: "Lástima que no se enfrenten a la delincuencia con el mismo odio y bestialidad con la que lo hacen diariamente a los estudiantes".
Aquí, Beatriz habla de Venezuela en primera persona:
Soy venezolana al "mil por ciento" y madre de dos bebés. Venezuela no está en "total normalidad", como quieren hacer ver al mundo. No es normal cuando no hay alimentos en los anaqueles y si los hay, tengo que hacer colas de hasta más de cuatro horas para comprar alimentos y productos de primera necesidad (leche, azúcar, harina de maíz, papel sanitario, jabón, pañales, toallas húmedas para bebés, etc.).
No se consiguen medicamentos. En mi país cada 20 minutos muere un venezolano a manos del hampa. Da miedo salir a la calle porque no sabés si regresarás. ¿Por qué vivir en tanta miseria siendo uno de los principales países exportadores de petróleo? Tengo que escuchar rumores a ver dónde hay gas, por qué tampoco se consigue, ya ni cocinar se puede, como puede ser posible esta situación teniendo una reserva gasifera suficiente para un abastecimiento completo.
¡Mi país tiene la tasa de inflación más grande del mundo! Me duele! ¡Lo están destruyendo! Desde el 4 de febrero, millones de venezolanos, aguerridos estudiantes y la sociedad civil están protestando pacíficamente en las calles y no son escuchados, al contrario, han sido reprimidos brutalmente por por nuestros organismos de seguridad.
Lástima que no se enfrenten a la delincuencia con el mismo odio y bestialidad con la que lo hacen diariamente a los estudiantes.
Organismos internacionales y gobiernos del mundo nos dan la espalda: vale más un barril de petróleo que los derechos humanos. No es por Leopoldo, no es Capriles, tampoco por María Corina Machado, ellos son políticos, la política es sucia. Es por mis hijos.
No es justo, que ellos tengan que pagar por tanta violencia, tanto odio, tanta corrupción y maldad por parte de un gobierno. También es por mi. Soy joven, tengo 29 años y quiero seguir en mi país, quiero luchar por él, quiero que sea próspero y libre.
No quiero que me impongan qué debo comprar en un supermercado y cuándo debo hacerlo con una tarjeta de racionamiento. Quiero poder estar junto a mi familia después de las 8 de la noche en la calle sin ningún temor. No quiero que se me persiga por el simple echo de levantar mi voz y decir BASTA. No soy ninguna fascista, ni pitiyankei, tampoco terrorista... ¡Soy madre!
No soy millonaria, ni siquiera llega a un status de clase media alta,. Soy una venezolana que día a día lucha y se jode por mi familia. Ellos dicen que van de la mano de Chávez, pues yo voy de la mano de Dios y sé que pronto saldremos de esta situación tan dolorosa donde ya mi hermosa Venezuela está desangrada. Ya no puede más y nos pide a gritos que la liberemos de esta dictadura disfrazada de democracia.


