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Un suavizante corrosivo en América Latina

El término "suave", "soft" en inglés, es utilizado desde una disputa que tiene que ver muy poco con la ternura que la palabra denota.
Foto: Guerra. Ilustración de Miguel Tanco.
Foto: "Guerra". Ilustración de Miguel Tanco.

Es imposible despegar la imagen que se desprende del adjetivo calificativo “suave” (o "soft", en inglés) de cierta sensación de ternura. De hecho, al guglear el término, la lista de resultados se llena de direcciones de empresas de jabón en polvo, suavizantes para ropa, shampús e infusiones.

Pero el término se está generalizando en la política internacional y no tiene nada que ver con todo eso.

En Venezuela se habla de un intento de “golpe de Estado suave” de parte de una oposición financiada por organismos internacionales, básicamente vinculados con los Estados Unidos. Un golpe, se dice, del estilo del brindado a Fernando Lugo en Venezuela o a Manuel Zelaya en Honduras. Se trata de lo que permite la simplista lectura de que se trató de una “sustitución de mandatarios” sin mayor ruido.

Si bien ambos casos en los que la “suavidad” destituyó a los presidentes fueron bastante diferentes y, en el caso de Honduras, la crisis de persecución, asesinato y desaparición de personas sigue siendo bastante más brutal que aquella definición, en Venezuela el término es utilizado para responsabilizar fundamentalmente a los medios de comunicación y a las redes sociales de la generación de un clima de disconformidad con el Gobierno que pondría en riesgo su legitimidad electoral, a un año de haber sido elegido.

El término ya ha sido acuñado

Primero, la “suavidad” de los golpes de Estado fue un asunto restringido a comentaristas osados y calificadores privilegiados de la prensa y la política. Pero ya es usado genéricamente, aunque no solamente de un lado de la pelea semántica, sino de ambos.

Una de las instituciones acusadas de “suavizar” la brutalidad de un cambio de timón en lo decidido por la voluntad popular es la National Endowment for Democracy (NED), la Fundación Nacional para la Democracia. Desde Cuba, se la acusa de promover la “suavidad” en los países que son sus amigos y en la mismísima isla de los hermanos Castro. Sostienen que “junto a la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) se encuentran bastante activas en su tarea de socavar política y moralmente a los gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina”.

Su acusación contra NED indica, básicamente, que:

- “La plataforma desde la que actúa esta estrategia de injerencia y subversión ideológica es algo con lo que nadie podría estar en desacuerdo si no descubre el fondo de sus objetivos: derechos humanos y libertad de expresión. Ahí está muchas veces su relativo éxito, sobre todo en sectores sociales reticentes a una alternativa al capitalismo”.

- “El libreto es el mismo, lo que se modifica son sus operadores y los lugares geográfico-políticos de su implementación. Los blancos del ataque, vaya paradoja, son los líderes de los procesos políticos en los cuales, más bien, se están registrando procesos de ampliación de la democracia y la igualación social a niveles nunca antes vistos”.

- “Pero para estos sectores nada vale la condición de posibilidad de superación de la igualdad y libertad formales hacia la igualdad y libertad sustantivas. Esa es una democracia a la que le tienen miedo”.

“Suavidad” de ida y vuelta

Pero la cuestión no se queda allí. La NED también ha definido su propio campo de utilización del término “suave” cuando se trata de cuestionar, con dureza, la censura que se ejerce desde gobiernos que considera “no democráticos” y “autoritarios”.

Esa definición la plantea no desde su sello más conocido a nivel internacional (realiza unos 1.000 aportes económicos para acciones dentro de unos 90 países). Su conocido “Reporte sobre censura suave” o “Soft censorship report” también popularizó el término y lo hace uno de los órganos vinculados a NED: Center for International Media Assistance (CIMA).

Pero, en su caso, los acusados son los que están del otro lado del mostrador político ideológico: acusa a las naciones afines al bolivarianismo con eje en Venezuela, aunque no solo está enfocada en América Latina, sino en el mundo entero.

En definitiva, lo que CIMA hace es identificar un índice de países que “usan el dinero para manipular a los medios de comunicación”: esa es la definición de “soft censorship”.

La entidad financia un sinnúmero de proyectos en Venezuela, Bolivia y Ecuador, principalmente. En la Argentina, solo registra aportes al Foro de Periodismo Argentino (Fopea) y a Cippec.